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La Ciudad de Dios

AfloXXXVUI.-Núm. 1.107.

LA

Ciudad de Dios

REVISTA QUINCENAL RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA

DEDICADA

AL GRAN PADRE SAN AGUSTÍN

PUBLICADA POR LOS PP. AfiUSTIÍÍOS DE BL ESCORIAL

6011 aprobación eclesiástica. ^

VOLUMEN eXYIlI

REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (mADRID)

1919

AV

Cs

V118

Imprenta Helénica.— Pasaje de la Alhambra, 3. Madrid.

n EL VEROIIDERO ADTOR DEL lÜM DE LAS LEIIGOAr

(i)

(CONTESTACIÓN AL ACADÉMICO SR. COTARELO)

SEGUNDA PARTE Semblanza de López de Velasco.

(CONTINUACIÓN)

López de Velasco, hacendista.— Siendo ya Velasco Secretario del Consejo de Hacienda, surgió en toda España y nuestro reino de Ña- póles un magno conflicto sobre la carestía y falta de subsistencias, más grave aún que el de los tiempos actuales. Hubo alborotos y mo- tines hasta en varios puntos, tratando de impedir que viniesen trigos a España. Felipe II, hondamente preocupado y queriendo remediar las necesidades apremiantes de los pueblos, mandó reunir en Madrid el año 15Q3 una Junta de hacendistas para estudiar el asunto y poner algunos aunque tardíos y débiles puntales al ruinoso edificio de la hacienda española.

Fueron esos hacendistas Francisco de Salablanca, Pedro Luis de Torregrosa, Pedro Ortiz del Río, Mateo Ferro y Gaspar de Pons. López de Velasco fungía de Secretario. Suya es la letra de los seten- ta folios en que se discute ese negocio, y de otros varios del mismo Códice (2), confrontados con autógrafos que llevan su firma de casi idénticas fechas.

Esa junta examinó las causas y remedios de la carestía de las sub-

(1) Véase la página 441 del volumen CXVII.

(2) Cf. B. Esc, L-M2. folios 4-70. Faltan las primeras hojas. Se analiza ex- tensamente ese Códice en el tomo 2.^ de los Códices españoles del Escorial,

6 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

sistencias, la mendicidad pública, los latifundios, los derroches de los nobles y hacendados en el vestir y comer, la falta de cultivo de las tierras, las pragmáticas anteriores sobre la agricultura, la econo- mía que debía introducirse en los gastos de guerra, la falta de equi- dad en las contribuciones de algunas provincias y reinos, la emigra- ción y... ¡lo que cada año ingresaba de América en España, así para el Rey como para los particulares! Cuando este último punto sea co- nocido de la Historia, acabará de ser derribada la leyenda del mí- tico becerro de oro americano. Con decir que sólo del reino de Ña- póles había mayores ingresos que de todas las Américas juntas, está dicho bastante.

El cómputo se hizo año por año y por quinquenios, desde 1574 a 1594. Felipe II, con una alteza de miras y una probidad que le honran, mandó a su tesorero que presentase a la Junta los libros de ingresos y gastos de su Real Casa, para cercenar lo que fuese preci- so. Por ellos sabemos hasta las limosnas que daba el Rey, y las can- tidades mensuales remitidas para la obra del Escorial.

En el mismo Códice se hallan unas advertencias de Velasco a cierta pragmática de Felipe II sobre la agricultura, de las cuales me- rece copiarse este párrafo por la valentía que revela en decir la ver- dad al Rey:

«... La pragmática es injusta y desigual respecto de años y de tierras diferentes, en que se coge más o menos; y más respecto de los labradores que no pueden hacer de sus haciendas y trabajo lo que los otros. Y así parece que conviene luego quitar la premática y dejar en su libertad la labranza de la tierra para que crezca y se en- riquezca, y que los labradores crezcan y multipliquen; que cuando llegasen a ser muchos, entonces será el reino poderoso y abundado de todo; y ellos de suyo, sin leyes ni premios, se aplicarán a la ocu- pación y trabajo que más sea menester para el reino. Y para hacer que los mantenimientos y mercaderías sean baratas, el medio y re- medio más eficaz es dar orden que haya muchas, y sobre todo que haya mucha gente y rica, que es lo que enriquecen los reinos y los reyes; porque el reino sin gente no es reino; y si los hombres faltan^ todo ha de faltar forzosamente. >

Como Velasco murió siendo Secretario de Hacienda de Felipe II, antes de considerarle desde otros puntos de vista, convendrá hacer

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 7

un extracto de su testamento que aclara notablemente la autentici- dad del Diálogo de las lenguas. No lo publicamos ahora íntegro por no alargar demasiado este estudio.

Su testamento.— AniQ todo es preciso fijarse en dos personajes que figuran en él, y cuyos apellidos son los mismos que intervienen en el Diálogo de las lenguas: Torres y Valdés. ¿Quiénes eran estos dos personajes, tras de los cuales se escondió el autor del Diálogo? Las fantasías inventadas acerca de ellos, quedarán desvanecidas ante la siguiente realidad: Torres y Valdés fueron dos amigos de Juan Ló- pez de Velasco. El primero, llamado Francisco de Torres, fué el es- cribano ante quien otorgó testamento; y el segundo, Juan de Valdés (muy distinto del heresiarca) es uno de los albaceas; era licenciado en Derecho y vivía en la calle de Atocha, cerca de la iglesia de San Sebastián, de Madrid.

Velasco otorgó testamento cerrado el de Mayo de 1598 ante Francisco de Torres. Murió el 3 de Mayo del mismo año en la Corte. Se abrió su testamento el día 13 ante Gonzalo Fernández, entre cuyos protocolos se halla el referido testamento con la firma autógrafa de Velasco. Nombró albaceas y testamentarios al Rvdo. P. Juan García, su confesor y rector del Colegio de los Padres Jesuítas de la calle de Toledo (hoy San Isidro); al doctor Miguel de Mena, al licenciado Juan de Valdés, abogado de Madrid, y a Francisco de Tébar, para que dos de ellos, o los tres, o los cuatro lo hagan cumplir.

Fué célibe, y no teniendo herederos forzosos, dejó por principal heredera a su propia alma, con algunos sufragios y memorias pías que luego se indicarán. Establece un memorial de la hacienda y deudas que tenía, y sobre la forma de cumplir las mandas. Con ha- ber muerto siendo Secretario de Hacienda de Felipe II, puede decirse que murió pobre. Dice que 300 ducados aproximadamente le pertenecían de una procuración de que se le había hecho merced en Lima a él y al contador Alonso Juárez, casado con D.a Juana de Torres, que parece ser hermana del escribano Francisco de To- rres. Añade que tiene 3.500 ducados en poder de Juan Pascual, parte de los cuales son quinientos ducados de juro de por vida, «cuyo privilegio se despachó a disposición de Bobadilla, y me lo renunció, y el privilegio y renunciación está en mi escritorio pe-

8 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

queño; y este dinero procedió: los mili y quatrocientos ducados, de lo que su Magestad me ha pagado de mi salario, y de los mili de que me hizo recompensa por haber servido todo el oficio, con salario de uno, de los dos Secretarios (1); y los dos mili ducados, de lo que vino de las Indias procedido del oficio del sello y registro del nuevo reino de Granada; y vino ocho meses antes que me qui- tasen el de la hacienda, proveyéndolo Dios assi, porque sino quedara sin un real para com2r y cargado de deudas. Y sabe esto el Sr. Luis Gaitán de Ayala que me lo cobró en Sevilla y me lo invió. Háse de hacer la quenta con Juan Pascual, y acabarle de pagar el pre- cio de este juro, con los réditos corridos dello, con otros mili duca- dos de que agora su Magestad me ha hecho merced, o como a mis testamentarios pareciere». (2).

Deja e! importe nominal de «lo que valieren las Escribanías de los Guardas Mayores de los montes de Madrid, Escalona y Guada- lajara, de que se trata pleito ante el Sr. León en el Consejo Real.»

ídem: < unas casas y dos huertos que tengo en Vinuesa, que val- drán como 300 ducados. Mis libros, alhajas y aderezo de caza y el caballo, que será mucho si todo vale quatrocientos ducados, que querría se vendiese sin hacer almoneda dello, porque no es para visto en casa ni en la plaza.»

Felipe II le había nombrado administrador de los bienes de don Diego de Mendoza que éste había dejado al morir (1575) para el Rey. López de Velasco, cuya conciencia debía de ser delicadísima, con haber servido sin sueldo tal administración durante catorce años, todavía señala entre sus deudas «450 ducados, poco más o me- nos, en que soy alcanzado en la dicha administración de los bienes de Don Diego de Mendoza, y tiene la cuenta y finiquito el Sr. An- tonio Boto (3), y su Magestad debe mandármelo soltar por haber servido aquella administración 14 o 15 años sin salario ni recom- pensa^.

(1) Se refiere, naturalmente, a los dos oficios de Secretario del Consejo de Indias y del Consejo de Hacienda. Y esto confirma el documento antes inserto.

(2) Sumadas las cifras de su haber, son 5.300 ducados, y no se sabe qué significa la frase de «antes que me quitasen el de la hacienda», pues murió siendo Secretario como se dice en la partida de defunción.

(3) Era Guarda joyas del Rey.

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 9

Entre sus deudas enumera las siguentes: «Al Sr. Horatio Doria, lo que él dixere que le debo en conformidad de una carta suya que tengO; que son sesenta y tantos mili maravedís».

«Al Sr. Agustin de Cetina debo cien ducados, los cinquenta por un mal caballo que compró para mi, y los otros cinquenta por cuen- tas entre los dos; y si quisiere, que sean 50 más...

«Al descargo del alma de Francisco López de Velasco, mi herma- no, que murió en el nuevo reino de Granada, 100 ducados y más lo que allí me deben de la renta o derechos del Sello, que serán como otros setenta ducados que debe Juan Párraga, del tiempo que lo sirvió»...

Mandas. «Viva y posea Catalina López, mi hermana, las casas y huertos que yo tengo en Vinussa, por su vida; y después della sean del Beneficiado de la Iglesia de Vinuesa, si se quisiere encargar de decir cada año doce misas por mi y por mis defunctos...; y si el Be- neficiado no se quisiere encargar, las misas al Cura, y si éste no aceptare, al sacristán con el mismo encargo».

«De lo que quedare de mi hacienda... se den a mi hermana Ca- talina López por su vida 100 ducados cada año para su sustento... y 50 ducados cada año a Juan Fernandez, su hijo, para vestirse mien- tras no se fuere a las Indias... y 50 ducados a P.o Fernandez, su her- mano, por una vez para amarre a las Indias, si ya no fuere ido (1)»..*

«Lo que más quedare de la renta del juro, y lo que vacare des- tas mandas, se reparta cada año entre los más pobres de Vinuesa, por la orden y forma que tengo tratado con los tres testamentarios pri- meros».

(Siguen otras mandas para dote de las hijas de su hermana Ca- talina, y otras para los criados del testador).

Restituciones de libros (al margen).

«Los libros que se han traído para la corrección de las obras de San Isidoro, que estuvieren en mi poder, y los que

(1) Estos dos sobrinos de Velasco nacieron también en Vinuesa; Pedro, el 18 de Agosto de 1577; y Juan ei 24 de Enero de 1581. Cf. Arch. Parroquial de Vinuesa, lib. 2.», fol. 29.

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hubiere el Sr. Qrial (1) que se han de cobrar de él, y un Fue- ro Juzgo del Secretario Zurita, que tiene el señor licenciado Ramirez, se han de restituir a sus dueños» (2).

«Al Guardajoyas de su Magestad [Antonio Boto] se han de restituir los libros de Juan Paez (3) y otros tocantes a In- dias que se me dieron prestados».

«Hánse de entregar [¿también al Guardajoyas?] los pape- les de don Diego de Mendoza todos, salvo las obras de poe- sía que son mias y la Historia de la guerra de Granada que está en unos cuadernos de letra de Juan Vázquez» (4).

«Los libros de mathematicas que pareciere haber sido del buen Antonio Gracian, se vuelvan a su hermano Thomas Gracian»...

«Hase de suplicar a su Magestad que por lo que serví en los officios de Indias, en que hice dos libros de mucha im- portancia, y la Recopilación de las cosas proveídas hasta

(1) Ya se ha visto anteriormente que /uan Grial fué el impresor y prolo- guista de las obras de S. Isidoro, y que hace un gran elogio de López de Ve- lasco.

(2) Esto prueba que López de Velasco había sido amigo de Jerónimo Zuri- ta fallecido el año 1580; y no sería extraño que el ejemplar del Diálogo de las lenguas que se halló entre los papeles de Zurita le hubiera sido enviado por Juan López de Velasco, pues entre aquellos eruditos solía haber préstamos frecuentes y consultas de libros.

(3) Esos libros de Páez de Castro se hallan en el Escorial. Véase mi Catá- logo de los Códices españoles del Escorial. Madrid, 1917.

(4) Ese Códice de la Guerra de Granada, de letra de Juan Vázquez del Mar- mol, se halla en el Escorial (h-IIl-7); coincide exactamente con la letra de otro Códice autógrafo del mismo Vázquez del Mármol (L-III-24), con las observacio- nes al libro de Velasco Ortographia y pronunciación castellana existentes en el Códice k-III-8, donde se halla el ms. del Diálogo de las lenguas y también con la letra de algunos pliegos del ejemplar del Diálogo del Museo de Londres. Prueba evidente de que Juan López de Velasco se sirvió con frecuencia de la letra primorosa de su amigo Vázquez del Mármol.

La Guerra de Granada fué impresa en Madrid el año 1610, y en Lisboa el año 1617 por Luis Tribaldos de Toledo. Algunos han dudado que fuese escri- ta por D. Diego de Mendoza. Hay motivos para dudar.

El ms. de las Poesías no se halla en el Escorial. Hay un ejemplar ms. en la Librería de Florencia. Clase 8, n.» 354. También exite otro ejemplar ms. en París, según dice Ochoa en sus Manuscritos españoles de la B. Real de París; pág. 532. Se publicaron el 1610 en Madrid por Díaz Hidalgo con muchos de- fectos, según testimonio de los colectores del Parnaso Español; Madrid, 1770; T. IV, pág. XIX.

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGÜAS> 1 1

el fin de la visita de Juan de Ovando, de lo qual todo no es- toy gratificado, que su Majestad se sirva de liacerme merced de mandar proveer a estos dos sobrinos en algunos offícios de Indias, o como fuere servido, en especial al mayor, para que vivan y sirvan, ya que yo, por hacer el deber, no adquirí qué poderles dexar; y assi mismo se le suplique haga mer- ced a los demás mis deudos, representándole mis servicios, y que dexo una hermana muy pobre con muchos hijos y so- brinos de otra hermana defuncta, y la merced que S. M. hi- ciere se reparta entre todos» (1).

«Doscientos ducados a la Compañía de Jesús de esta Villa de Madrid, a que suplico me den sepultura en su Iglesia; y si no me la quisieren dar, sea mi cuerpo sepultado en el mo- nasterio de la Concepción Francisca de esta Villa, quedando en qualquier suceso los doscientos ducados para la Compa- ñía de Jesús»...

«A un hermano que tengo en Quito, se le envíen los dos- cientos ducados que tengo en poder de Pedro Villamor, que son suyos, de que hay escritura en mi poder».

«Restituyase un Vocabulario Latino-Aragonés a D. Miguel Gort, hijo del Secretario Gort>...

«Dése la Biblia de Vatablo pequeña al P. Juan Qarcia, mi confesor y testamentario» (2).

«Los Señores Doctor Mena y Licenciado ytíarz de Valdes, mis testamentarios, escoxan entre mis libros cada dos los que les pareciere».

(1) De todas las cláusulas del testamento, quizás sea ésta la más importan- te para la Historia; porque confirma y ratifica lo que anteriormente se ha ex- puesto: que Juan López de Velasco fué quien hizo la recopilación de las fa- mosas Leyes de Indias, y acompañó a Ovando en la visita que por orden del Rey hizo a América.

En efecto, entre los papeles de Velasco existentes en el Escorial y aun en el mismo Códice donde está el Diálogo de las lenguas, hay algunas Relaciones sobre América que llevan este título de López de Velasco: Papeles del tiempo de la Visita. Y ya queda demostrado que Velasco fué el encargado de Felipe II de recoger las Relaciones sobre Indias, lo mismo que las de España.

(2) Este Padre jesuíta fué Rector del Colegio de Madrid, Provincial de la de Toledo, y murió en Alcalá el año 1607. Siendo Rector del Colegio, desem- peñó el cargo de Consultor del Consejo Supremo de la Inquisición, según tes- timonio del P. Cristóbal de Castro en su Historia ms. del Colegio de Alcalá. «Nota que me remite el ilustre jesuíta P. Federico Cervós».

12 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

«Hágase Memoria de mis papeles de curiosidad, y mués- trese a SU Magestad para que se sirva de los que quisiere...» [Firma autógrafa de Juan López de Velasco.]

Tal es el breve extracto del testamento de este insigne y casi desconocido escritor clásico. La cláusula última, presta no pequeña luz para nuevas investigaciones. Porque, si bien es cierto que hasta el presente no se ha podido hallar ese Memorial o Catálogo de los papeles que dejó al morir, y que debieron inventariar sus albaceas y testamentarios para entregarlo a Felipe II y que éste «se sirviese de los que quisiere», no es menos cierto que la inmensa mayoría de esos papeles de curiosidad, donde indudablemente se incluiría el Diálogo de las lenguas, se hallan en esta Biblioteca Escurialense. En varios Códices, y con letra suya, se lee con frecuencia esa misma frase de su testamento: <papeles de curiosidad* (1).

Partida de defunción.— Es tan breve como interesante. El día l.o de Mayo de 1598 habla hecho testamento cerrado ante el escribano real llamado Francisco de Torres. El 3 de Mayo del mismo año, des- pués de recibir los Sacramentos de la Iglesia, falleció en la calle de Toledo en casa de Simón López. Fué enterrado en la Iglesia de los Padres Jesuítas de la misma calle de Toledo, hoy San Isidro. Se abrió su testamento el 13 de Mayo ante el Escribano Gonzalo Fer- nández. Como no tenía herederos forzosos, dejó por heredera a su propia alma, y la disposición de su entierro, sacrificios y sufragios a voluntad de sus testamentarios. Eran éstos, según el orden que se establece en la partida de los libros parroquiales de San Justo y Pas- tor, los siguientes: el Doctor Miguel de Mena que vivía en la calle de la Paja en casa propia; el Licenciado Juan de Valdés que vivía en la calle de Atocha junto a la Iglesia de San Sebastián en casa del al-

(1) Véanse los Códices L-I-12, L-I-13, L-I-14, L-I-15. Con estos Códices y con el K-in-8, donde se halla el Diálogo de las lenguas, debieron venir también los escritos del Dr. Páez de Castro que Velasco utilizó y mandó que se entre- garan al Guardajoyas del Rey. La encuademación de varios Códices es en per- gamino de aquel tiempo. Quizá en alguno de los incendios que ha sufrido la Biblioteca de El Escorial, se habrán perdido otros, juntamente con el registro de las entradas. Por eso, en muchos casos, se hace imposible constatar las procedencias.

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 13

calde Otaola; el P. Juan García, de la Compañía de Jesús; y Francis- co de Tebar que vivía en la calle del Prado en casa propia (1). Que a la hora de su muerte seguía siendo Secretario del Consejo de Hacienda, se deduce del encabezamiento de la misma partida de defunción, que dice: «En 3 de Mayo de 1598 años murió el Secre- tario Juan López de Velasco. Recibió los S.*°s Sacramentos. Enterró- se en la Compañía de Jhs....>

Según el tenor de esta partida y del testamento, se ve que el no- tario o escribano de López de Velasco se llamaba Francisco de To- rres, y uno de sus testamentarios Juan de Valdés, que aún vivían cuando murió Velasco. Como los dos principales personajes espa- ñoles que figuran en el Diálogo de las lenguas se apellidan Valdés y Torres... se deja al discreto lector que deduzca las consecuencias que estime convenientes. Por de pronto, parece que caen por tierra todas las fantasías inventadas por algunos críticos, para hacer coinci- dir y encajar los apellidos Valdés y Torres en personajes del primer tercio del siglo XVI, en que suponían haberse escrito el Diálogo. ¡Cuánto tiempo se ha gastado, y cuánta tinta se ha vertido con tales suposiciones, que han pasado por eruditas e ingeniosas!

Pero no es esto solo, sino que ahora empiezan otras pruebas más directas en demostración de la tesis afirmativa.

Pedagogo.— Qul^n haya leído, o siquiera hojeado, el libro que Juan López de Velasco publicó en Burgos el año 1582 sobre la Or- tografía y pronunciación castellana, habrá notado desde el prólogo y dedicatoria a Felipe II, que el fin principal de él fué dar unidad al lenguaje español con las reglas que establece para escribirlo y pro- nunciarlo. El mismo objeto se nota, aunque en forma distinta, en la parte que a la ortografía se dedica en el Diálogo de las lenguas. Am-

(1) Véase Libro de difuntos de la Parroquia de San Justo y Pastor; desde el año 1597 a 1608. No está foliado; pero corresponde al fol. 25 v. En la hoja si- guiente se halla la breve Memoria pía de que trata en su testamento, y consis- te en que las casas y huertos que tenia en Vinuesa pasasen a poder de su her- mana Catalina, viuda de Fernández, y a la muerte de ésta a la Parroquia de Vinuesa, con la obligación de celebrar doce misas al año por los difuntos del testador. La Parroquia de los Santos Justo y Pastor se hallaba entonces en la que es hoy Iglesia Pontificia de San Miguel, contigua al Palacio Episcopal.

14 ¡SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

bos libros son completamente didácticos, y ambos suponen una gran preparación y vanados conocimientos etimológicos sobre los orígenes y desarrollos de la lengua española; porque obras de esa índole no se improvisan.

Parecía natural que su autor tuviese apuntes previos sobre esas materias; y que se confirmase lo que en el Diálogo de las len- guas (fol. 10 V.) se dice de su autor: «le tengo por tal, que ninguna cosa escribe sin fundamento, y apostaría que tiene en sus papeles notadas algunas cosillas sobre esta materia de que le queremos hablar. Esto creo assi, porque no vi en mi vida hombre más amigo de escribir; siempre en su casa está hecho un scriptor de poyo, la péñola en la mano; tanto, que creo escribe de noche lo que hace de día. y de día lo que sueña de noche.»

Así resulta, efectivamente, registrando uno de los Códices de esta Biblioteca que le pertenecieron, y donde se ve varias veces con su letra, su firma (1). En este Códice, no sólo se leen algunas cosillas sobre las mismas materias de que trata en la Ortografía y en el Diá- logo, sino apuntes importantísimos de cuestiones pedagógicas y filo- lógicas del mismo autor.

Cuando éste fué encargado de ordenar y recoger las Relaciones histórico -geográficas de los pueblos de España y América, debió de quedar sorprendido y como avergonzado de la incultura popular, ante los detestables caracteres de letras que hoy mismo cuesta ím- probo trabajo descifrar a los más peritos paleógrafos. Los mismos hombres doctos, en su inmensa mayoría, tampoco se preocupaban mucho de dar fíjaza al modo de escribir y pronunciar el español, cosa que, con razón, nos reprochaban los extranjeros. López de Ve- lasco se lamenta de ello en el prólogo de su Ortografía y pronun- ciación castellana, libro aprobado para los reinos de Castilla, Aragón y Portugal. Pero la rutina y el capricho de seguir escribiendo cada cual según su talante, hizo comprender a Velasco que la reforma pe- dagógica resultaría estéril si no se empezaba por someter a examen previo a los maestros de escuela. El abandono de éstos era imper- donable. Los niños salían de las escuelas tan ignorantes como sus improvisados maestros de pane lucrando. La enseñanza era dema-

(1) Cf. B. Esc, L.-I-13.— Folio may. 289 hojas.

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 15

siado libre, tan libre que bien podía asegurarse que no existía tal en- señanza elemental. Cualquier remendón, como dice Velasco con cier- ta gracia, podía abrir escuela donde quisiera, para cobrar sin ense- ñar. El Estado no se inmiscuía en esos menesteres. Los padres de familia pagaban a los maestros cuando querían pagarles. Y los maes- tros se vengaban, enseñando poco y mal a los que poco y mal pagaban.

Ante ese estado de cosas, Velasco propuso en 1587 a Felipe II, por conducto de García de Loaisa, maestro del Príncipe, un proyec- to o memorial de reformación para someter a examen a los maestros de escuela, principalmente en Madrid, donde, según el informe, ape- nas podrían hallarse doce muchachos que supieran escribir y leer co- rrectamente. Es tan grave ese documento, que merece se copien al- gunas cláusulas para la triste historia de nuestra pedagogía:

«Si para enseñar un caballo, con ser un animal, se busca el me- jor picador que se halla, justo es que se considere cuánto más im- porta la enseñanza y crianza de los niños en su tierna edad... Res- pecto de lo dicho, y de no haber tenido las Justicias destos Reynos, a cuyo cargo ha sido el poder poner remedio en esto, el cuidado que convenía, hay en Madrid las peores escuelas de España. Lo uno, por- que cualquier remendón pone escuela cuando y como le parece, sin tener letras, ni habilidad, ni examen, ni licencia: Y lo otro porque como aquí hay tanta variedad de gentes y tanta suma de muchachos, no ha habido nadie que haya reparado en esto, ni se atiende a más de que cada uno embía sus hijos a la escuela más cercana, sea buen maestro o malo. De que ha resultado salir todos remendones... Y en tanto es esto verdad, que no se hallará en todas las escuelas de Ma- drid una docena de muchachos que se pueda decir que escriban bien, ni que puedan sus padres sacarles dellas y ponerlos en un offi- cio de papeles honrrado, donde puedan pasar adelante.»

«Y menos se hallará que ningún muchacho sepa leer perfecta- mente romance ni tirado; aunque ande muchos años a la escuela, respeto de que no les toman liciones los maestros, no les enseñan con la puntualidad y curiosidad que debían, ni asisten en sus oficios las horas y tiempo que se requiere. Antes, por descargarse y relevarse de trabajo, los someten a unos mozos que tienen, que llaman ayu- dantes, los cuales vienen asimismo a deprender a sus escuelas y sa- ben tan poco como los demás... etc., etc., etc.»

16 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

Felipe II; después de reflexionar sobre tan grave y magna cues- tión que afectaba a las entrañas vivas del reino, mandó reunir el Con- sejo de Estado en Agosto de 1587, acordando que López de Velas- co, que había señalado la llaga, propusiese los remedios para cu- rarla.

Ni corto ni perezoso, como en todos los asuntos en que intervi- no, escribió una * Instrucción para examinar los Maestros de escuela de la lengna castellana y enseñar a leer y escrevir los niños>. Los ar- tículos principales de esa instrucción, están tomados casi al pie de la letra de su libro sobre la Ortografía y pronunciación castellana, según he podido comprobar por un minucioso cotejo. Pero, además, por orden del Consejo, extendió la minuta de la Pragmática que acerca del particular había de suscribir el Rey para reforma tan ne- cesaria.

En esa minuta proponía Velasco que todos los aspirantes a maes- tros viniesen a Madrid para ser examinados por el Tribunal que se nombrase. Pero tal centralismo pedagógico no satisfizo al Consejo ni al Rey, y se acordó el término medio de que fueran examinados en cada diócesis y vinieran a la corte los que quisieran ser en ella examinados. Tal resolución fué comunicada a López de Velasco el 29 de Agosto de 1587 por conducto del Secretario Mateo Váz- quez y por Juan Vázquez del Mármol, añadiendo que aquél se en- tendiese para tal fin con D. Pedro Portocarrero, Presidente del Consejo.

En el borrador que López de Velasco dejó sobre este asunto, añade él mismo esta nota: «Remitióse el 2Q de Agosto 1587 al Conde de Barajas, de mano del Secretario Matheo Vázquez. Su Ma- gestad dice que esto es de consideración para mirar lo que conven- drá proveer. | Y habiéndome llamado el Presidente, se vio el me- morial en el Consejo y se decretó: «Juan López de Velasco acuda al Sr. Don Pedro Portocarrero con este memorial | . Mármol | .> Habiéndole hablado y conferido el negocio, le di el parecer desta otra hoja en limpio de letra de Gaspar, criado del Licenciado Lagu- na, y el memorial juntamente... de Junio 1588.> (1).

(1) Cf. B. Esc, L-I-13, fols. 249-267. En la cubierta de guarda de este cua- derno, pone López de Velasco este título de su mano: ^Papeles de curiosidad,

SOBRE BL YBRDADEBO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAB LENGUAS» 17

Filólogo. Si López de Velasco trabajó tanto por la reforma de los fundamentos de la lengua castellana, mucho más hizo todavía por su desarrollo y perfección como filólogo. Es este un punto que merecería mayor amplitud de exposición y análisis.

En el Diálogo de las lenguas se observa el empeño del autor en buscar el origen de muchos vocablos castellanos. Puede decirse que es el primer libro que tenemos de filología comparada, donde se trata (con mayor o menor fortuna) de palabras procedentes del grie- go, hebreo, árabe, latín, italiano y francés. Pues en ese mismo Có- dice que perteneció a Velasco, existe variedad de apuntes sobre la misma materia, y además una lista de libros italianos que versan acerca del origen de la lengua vulgar, entre ellos el Cortesano de Castiglione, y la Prosa del Cardenal Rembo, en las cuales sin duda se inspiró Velasco.

Un ejemplo, de los muchos que pudieran citarse. En el Diálo- go (pág. 92, edic. de 1873) se dice: <Sayon por verdugo se usa mu- cho; pero es mejor vocablo verdugo.* En el Códice de que venimos hablando hay un cuaderno que tiene este título: *Etimologie verbo- rum hispanorum. Empiezan esos apuntes por la palabra sayón, y dice: «Deste nombre se usa en España por ministro de justicia, aun- que vil y bajo. Parece que su deducción viene desde tiempo de los Godos, porque según parece por las Varias de Casiodoro, era offi- cio... etc., etc. Salo o saius parece que es vocablo de los francos, porque en la lengua dellos saisir quiere decir echar las manos; y nosotros decimos asir. V assi, saisir en la lengua de los franceses quiere decir aciio vindicandi. El saisir y el asir nuestro viene de ansa, latino. > (1). Siguen las Etimologías comparadas, en número considerable.

En el mismo Códice (fol. 182 al 186) hay un Catálogo de *Libros de romance para la Librería de San Lorenzo.* Firma ese Catálogo Juan López de Velasco. Y entre esos libros que había adquirido por

con lo de los maestros de escuela.» Por la nota anteriormente copiada, se ve que otro de los amanuenses de López de Velasco era un tal Gaspar, criado del Licenciado Laguna. La misma clase de letra abunda en otros Códices que per- tenecieron a Velasco, incluso en el K-III-8, donde se halla el Diálogo, (1) Cf. B. Esc, L-I-13, fol. 230 al 243.

18 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

orden del Rey para El Escorial, suele dar preferencia a los italianos. Cosa rara. Entre esos libros se hallan:

« El Cortesano, traduzido por Boscan, año 1549. En 4.o y perg.»

« Prose, di monsignor Bembo. Venecia, 1540. 8.o y perg.»

<—Fondamenti del parlar Thoscano, di Rinaldo Corso (s. a.). 8.0 y perg.»

€—Oservatione, di Lodovico Dolce, a la Lingua volgare. Vene- cia, 1560. 8.° y perg.>

<—UOsetvatione de la Lingua Volgare, di diversi homini. Vene- (jia, 1565, 8.®, perg.»

* —La richesse della Lingua Volgare, di Fran.co alumno en Vene- cia, 1555. Folio, perg.»

€'—Ortographía della Lingua Volgare.,. Venecia, 1568, 8.°, perg.»

Entre esos libros hay también varios diálogos en italiano, como el de Gabriel Simeone, florentino, Guillermo Bobillo, y el médico León Hebreo. Sólo falta el de Benedicto Varchi, Dialogo delle Lin- gue, donde más directamente ya se ha visto que se inspiró López de Velasco. Pero ya se cuidaría éste de reservarse para ese libro, cuya sinonimia podría delatar el suyo.

Cuándo y dónde adquirió Velasco esos libros que tratan de filo- logía comparada para remitirlos a El Escorial, no es fácil averiguar- lo, porque el Catálogo no tiene fecha. El libro más moderno es del año 1576.

Si Velasco trajo en varias ocasiones libros para esta Biblioteca, también sacaba algunos cuando los necesitaba, con permiso del Rey. Al final de la anterior lista mencionada hay ocho libros fran- ceses, que Velasco dice haber tomado prestados de El Escorial. V es curioso que el primer libro de esa lista es <El Cortesano, traducido al francés, impreso en París el año 1540, en 16.^, cartones y cuero bayo>.

Merece llamarse la atención sobre que en el mismo Códice (fols. 189 a 213) existe un Vocabulario trilingüe (español, árabe, lati- no), y que en el margen derecho y transversal de la primera hoja vuelta se lee: « Yo Juan López de Velasco.^ Siguen dos rúbricas del mismo y estas palabras: «Puerto de mar.» El Vocabulario no está completo. Son algunos centenares de palabras curiosas y raras, con sus correspondientes arábigas y. latinas. No parece formado con la

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» IQ

idea de un Diccionario, sino para esclarecimiento de algún libro, a guisa de apuntes. A veces, tras las palabras españolas suprime las arábigas o latinas, y pone su equivalencia griega. Otras veces, des- pués de la significación árabe y griega, explica la palabra castellana y hace historia de ella, como en el caso siguiente:

^Estoraque líquido,.. Estas maneras de estoraque nazen en cierta parte de las Indias, en la ciudad Balachsa, en especial lo que dicen calamita; y es tan fino antes que lo falseen, que si lo ponen a las na- rizes, o si echan cantidad de una lenteja dello en el fuego, es un olor tan penetrativo, que no ay quien lo pueda sufrir, a estar en la pieza donde se quema; y tura por muchos días alli aquel olor, que nunca se pierde de aquel lugar donde lo enzendieron.» (Fol. 192.) Con la particularidad de que, siempre que tiene ocasión de lo que ha visto en las indias, lo introduce explicando esas palabras, como al tratar de los ^Clavos de giroflé que nazen en las Indias»; y añade que los mejores son los de las Malucas y otras islas que van alrede- dor de ellas. «El árbol en que el dicho clavo naze es propio como el árbol de boj, y son las hojas como las del árbol de la canela. Cuando los dichos clavos comienzan a madurar, tienden aquellos indios unas mantas debaxo del árbol, y varean con cañas el dicho árbol, y alli lo coxen...» Ese Vocabulario llega hasta la letra n inclu- sive. Siguen varios folios en blanco, y hasta el final de Códice se hallan diversidad de apuntes sobre etimologías castellanas proce- dentes del griego, hebreo, árabe, latín, italiano, etc. En la portada de guarda hay este título: Etimológico castellano.

Debe notarse que en esas etimologías existen también muchas palabras de las que se citan y comentan en el Diálogo, como equívo- cas o de doble sentido. Entre ellas la palabra lonja, que sirvió al autor para escribir una anécdota sobre cierto caballero y otro que parecía judío. «Lonja— dice (1) llama el español a algún cierto lu- gar diputado para pasear, y dice también lonja de tocino. Marcio. Pues se hace mención de tocino, no puede ser malo el dicho. Val- dés. Estábase una vez un mancebo paseándose delante de la casa de una señora adonde un caballero, por estar enamorado de la se-

(1) Cf. Diálogo f págs. 98 y 99. Por cierto que los impresos citan mal ese pasaje, como tantos otros. Hacemos la cita por el Ms., fol. 82.

20 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DB LAS LENGUAS»

ñora, se solía continuamente pasear; el cual, viendo allí al mancebo, le dijo: «—Gentil-hombre, ¿no dejareis estar mi lonja?* El otro, queriendo hacer del palaciano, le respondió: «—¿Cómo lonja? Se que no es de tocino.* El otro a la hora le replicó: «—Si de tocino fuera, segura estaría por vuestra parte.» Marcio. Eso fué jugar muy a la descubierta.»

Pues en el Etimológico castellano, que empieza con la palabra Aleve, explica López de Velasco las diferentes significaciones del vocablo lonja, incluso el de «lonja de tocino y otras cosas», etc. La mismo puede decirse de la palabra guisa, tan usada en el Diálogo, y explicada ampliamente en estos apuntes (fol. 232 v.) en todas sus acepciones y con estas coplas antiguas que Velasco dice se escribie- ron sobre un aderezo de guerra:

«El espada tengo en Pisa Las correas en Guinea, Vna espuela de la guisa, Y Otra de la gineta. Mas tengo unos borceguíes Entramos del pie derecho, El uno está allá en París, El otro está en Alanís; Vno ancho, el otro estrecho.»

Entre esos apuntes de filología comparada hay una carta del Bró- cense respondiendo a cierta consulta que se le había hecho, sin duda para la edición de las Etimologías de San Isidoro (fol. 244). Pero lo más interesante de todo el códice es quizá ese tratado que ya hemos dicho se intitula Etymologico Castellano (1). Todo él es autógrafo de López de Velasco, aunque no tiene firma. Son 586 palabras españolas procedentes del griego y latín, y además del italiano y francés, cuan- do tienen relación con estas dos últimas lenguas. No están por rigu- roso orden alfabético. Parecen meros apuntes de Velasco para ilustrar las Etimologías de San Isidoro. La erudición es inmensa. Merecen pu- blicarse. Y no se contenta el autor con indagar las raíces de tales pa- labras, sino que a veces las ameniza con algunas anécdotas curiosas

(l) Cf. Bib. Esc, L-I-13; fol. 270-285.

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 21

sobre el empleo que el vulgo las da, según la costumbre arraigada del mismo López de Velasco en el Diálogo de las lenguas. Como nota curiosa de tales apuntes filológicos, en la cubierta de ese cuaderno, añade de su puño y letra un pequeño catálogo de autores que habían escrito sobre la misma materia así en Italia como en Francia y en Es* paña. Entre los españoles menciona al «Doctor Pedro Enríquez médi- co en Valladolid | Fray Alonso Chacón, dominico en Roma, amigo de Ambrosio de Morales | el Docto Ortega, cura de Romaneos, amigo de Juan Díaz | , el Maestro Vanegas en el libro de las Differencías, véanse | , el maestro Francisco Sánchez (Brócense) en Salamanca ha tratado desto | , el fofiori, etymologico arábigo (que) está en el Es- corial I , véase también el de Monte Casino q se ha de traer | y las etymologias de Santo Isidoro | ...>

Todos los papeles de este Códice tan interesante tienen íntima relación, porque revelan la misma procedencia, con los del Códi- ce K-III 8 donde se halla el Diálogo, y donde López de Velasco puso notas marginales al cuaderno de Etimologías Españolas de Francis- co Sánchez de las Brozas, amigo suyo, y también de otros autores con los cuales se comunicaba, como Vázquez del Mármol, de cuya letra son las Advertencias de la Ortografía castellana (fol. 202) al libro de Velasco, impreso, como ya hemos visto, en Burgos el año 1582.

Si ambos códices se completan en varios puntos y en ellos se ad- vierten rastros evidentes y auténticos de López de Velasco sobre idénticas materias, es una razón más para atribuirle sin vacilaciones la paternidad indiscutible del Diálogo, con las notas marginales del mismo autor y las tachaduras y enmiendas que contiene dentro del texto. La circunstancia de hallarse, a continuación de él, varias Re- ^aciones de Indias y de España, confirma y ratifica la creencia de que el Códice le perteneció por completo, y que fué uno de los que, a la muerte de Velasco, se trajeron al Escorial para enriquecimiento de cuya Biblioteca tanto había trabajado por orden de Felipe II. Como que en lo sucesivo no podrá escribirse la historia de la Librería es- curialense sin acudir a los papeles de López de Velasco.

Y vamos a tratar ahora, aunque sea brevemente, del famoso cua- derno de refranes, de que tanto habla el Diálogo de las lenguas, y que tanto ha preocupado a los críticos creyendo que se había perdido,

22 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

sin duda porque nadie se había tomado la molestia de buscarlo. Esos refranes existen igualmente en el Escorial, en un cuadernito de trece hojas, ni más ni menos, y de letra auténtica del mismo López de Ve- lasco, y son iguales a muchos de los que se citan en el Diálogo de las lenguas, según se verá por el cotejo.

P. MlGUÉLEZ.

(Coníinuará,)

EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS

Y LA BIBLIA DE VALV AÑERA

(CONTINUACIÓN)

El texto bíblico contenido en el cod. Ov. era el de la Vulgata de San Jerónimo. Los fragmentos escurialenses podrían servirnos de base para reconstruirle en toda su integridad si supiéramos que el P. Castillo había colacionado todos los lugares en que el citado có- dice se apartaba de la edición de Venecia de 1478; pero como esto no consta con certeza, nos abstenemos de todo ensayo de recons- trucción.

Las variantes que nos ha conservado el P. Castillo represen- tan un texto bastante interpolado con lecciones de la Veiits latí- na, carácter que distingue los manuscritos de familia española, a la cual parece pertenecer el cod. Ov. Los críticos dividen las Biblias latinas españolas en tres grupos; es, a saber: el primitivo, que está representado por el cod. Toletanus, del cual se derivan los otros dos; el leonés, al cual pertenecen el cod. Goihicus Legionensis, el j^milia- nus, etc., y el castellano, que comprende la Biblia primera de Alcalá y la del mariscal de Noailles. Nuestro códice no puede, a nuestro juicio, ser clasificado, ni en el grupo leonés, ni en el castellano, por la sencilla razón de que antes que nacieran estas recensiones, existía ya el cod. Ov.; ni encontramos razones para admitir una mutua y direc- ta dependencia entre éste y el cod. ToL, pues son bastante numero- sas las variantes que hay entre ellos (1). Hemos colacionado también

(1) Las lecciones del cod. Ov., que nos ha conservado el P. Castillo, con- cuerdan con el cod. 7o/. solamente en 40 pasajes, con el j^m. en 38 y con el Compr. en 46.

24 EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS

nuestro códice con el antiquísimo Liber Cómicas sen Lectionarias Missae (1) de la Iglesia Toledana, y hemos advertido notables con- cordancias al lado de no leves discrepancias. Todo esto parece pro- bar que el cod. Ov. representa un texto español, pero de una recen- sión algo distinta de las conocidas; lo cual puede indirectamente verse confirmado por el prólogo al Evang. de San Mateo, de que hablamos en el artículo anterior, que es tan singular que no se en- cuentra parecido en ninguno de los numerosos manuscritos consul- tados por S. Berger (2).

En bastantes lugares (en 81, si no hemos contado mal), las lec- ciones del cod. Ov. están de acuerdo con el texto de la edición de Worsdworth-White, que está basado, como es sabido, principal- mente, sobre los manuscritos nortumbrianos AASY los más fieles representantes, según los autores citados, de la Vulgata de San Jerónimo. Cuando no concuerdan ni con los mss. españoles, ni con los nortumbrianos, convienen de ordinario con el Colbertino, el Corbeyense, el Sangermanense I y II y otros mss. de la Vetas latina, No faltan, finalmente, en el cod. Ov. algunas variantes, o nuevas, o por lo menos bastante raras. Tales son las siguientes: Mt. IV, 25 et curavií omnes; XIII, 40 colligant; XXI, 23 docentes; XXXIII, 18 de- bitorem; XXVÍI, 9 Zachariam; la omisión de parte de los versillos 55 y 56 del cap. IX de San Lucas (3), etc. Del valor crítico de cada una de estas lecciones no hay por qué hablar, pues algunas están ya definitivamente juzgadas por los críticos, y de otras, que son dudosas, sería temeridad emitir nuestro parecer, distando mucho de ser maes- tros en el difícil arte de la crítica textual.

Narrada pues la historia, y señalado ya el carácter e importancia del cod Ov., que es lo único que nos proponíamos, damos remate a Huestro breve estudio con la publicación de los pequeños fragmentos que de él se conservan en la Biblia Escurialense, omitiendo solamen- te, por considerarlas de poca o ninguna utilidad, las lecciones que

(1) Liber Cómicas seu Lectionarius Missae, quo Toletana Ecclesia ante an- nos miíle et ducentos utebatur. Edidit D. Germanus Morin. Maredsoli, 1893.

(2) Les Préfaces jointes aux livres de la Bible dans les manascrits de la Vál- gate. Mémoire posthume de M. Samuel Berger. París, 1902.

(3) Esta omisión se advierte también en el cod. Sargem. / y en bastan- tes mss. griegos.

KL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS

25

se apartan de la edición de Venecia de 1478 (que sirvió de base a la colación del P. Castillo), pero que concuerdan con la Vulgata Clementina.

Adveríencia: Indicamos las adiciones con el signo -f (= addit) y las omisiones con el signo (— omitíit). Las demás variantes no llevan signo ninguno especial; a veces, sin embargo, para mayor cla- ridad, citamos entre paréntesis la lección correspondiente de la Vul- gata Clementina, precedida de la sigla / (== loco).

ANNOTATIUNCÜLAE ET VARIANTES LECTIONES COD. OVETENSIS EVANOELIORUM

EVANQELIUM SEC. MATHAEUM

1.® Sicut Lucas euágelista per Nathan marie originé ducit: ita et Matheus euágelista per Salomoné Joseph originé demóstrauit idest, ex tribu Juda: vt appareat eos de vna tribu exire, et sic ad xpm secüdü carné peruenire, vt cópleatur quod scriptü est: vicit Leo de tribu Juda radix Dauid. Leo ex Salomone: radix ex Nathan.

2.® Sunt in hoc libro curati. 23. signa quinqué, exceptis his quae. 12. discipuli a dño missi in locis fecere diuersis.

3.° Nomina Magorum Bater, Tagarma et Melchi (1).

:ap. i.

3 ex Thamar

Cap.

V.

46 diiigatis

15 qui dicitur

VI.

11 quotidianum

17 omnes ergo

17 4- oleo {post cap.

22 per IsaYam prophetam

tuum)

ÍI.

6 nunquid min.

7 occulte... exquisiuit

22 timuit illuc

23 per prophetam

19 exterminat

20 exterminat

30 minime fídei?

31 quid operiemur

ÍII.

7 suum

33 quaerite autem

9 quoniam potest

VIL

6 suis

IV.

9 si procidens 25 H- et curauit omnes {post trans Jordanem)

10 datei

11 data

» pater vester coeles

V.

18 quippe

22 -f- sime causa {post irascitur fratri suo)

tis

13 est

14 est

(1) Cf. Dictionnaire de la Bible, publié par F. Vigouroux, tom. IV, pág. 547.

26

EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS

Cap. VIII.

20 4" ubi requiescant {post

Cap. XVIII.

23 cui asimilatum est

nidos)

regnum coelo-

25 ad eum discipuli

rum?

eius

24 ei (post debebat)

27 homines autem illi

25 eius (post domi-

28 4- homines {post dúo)

nus)

29 exclamauerunt

31 nunciauerunt (/. na-

IX,

15 + et ieiunare (post lu-

rraverunt)

gere)

XIX.

4 hominem

18 ~ tuam

6 iunxit (/. conjunxit)

23 -f cuiusdam(pos/prin-

7 librum repudii

cipis)

11 -iliis

» -j- ibi {post vidisset)

12 eunuchizauerunt (/.

X.

14 ~ receperit vos, ñeque

castraverunt)

29 sine volúntate patris

XIX.

27 dimisimus omnia

vestri

29 qui relinquit

30 vos autem et capilli ca-

XX.

1 -+- enim {post simile

pitis vestri

est)

XI.

25 et prudentibus

4 meam

XII.

10 interrogauerunt

27 erit omnium seruus

13 + et (pos^ sicut)

31 + magis {post ma-

25 desolatur

gis)

26 ergo

XXI.

3 dimittet vos

XIII.

14 ut impleatur

9 qui venturus est

17 quippe

23 ad eum docentes

26 giganiae

26 habent

33 in farinam

41 suam

35 eructabo absconsa

XXII.

4 - sunt

36 dissere nobis

5 vero

40 sicut ergo colligunt

18 cognouit autem Je-

42 mittens (/. et mittet)

sús nequitiam

44 vendet

eorum et ait

» emet

30 sed sunt

48 4- sua {post vasa)

36 mandatum primum

XIV.

3 Heredes autem

37 et in tota mente

6 + triclinio {post in me-

tua

dio)

XXIII.

13 vos autem

8 + dixit(pos/ matre sua)

14 totum Vírsum

12 eius {post Corpus)

18 debitorem (/. debet)

17 hic

XXIV

. 1 —Jesús

19 + suis {post discipulis)

13 qui autem perman-

22 iussit (/. compulit)

serit

28 venire ad te

36 + ñeque filius {post

XVI.

4 prophetae

coelorum)

18 iníerorum

XXV.

10 praeparatae (/. para-

27 sec. opus eius

tae)

XVII.

5 complacuit

14 peregre

XVIII.

13 quia gaudebit

22 superiucratus

EL CÓDICE OVETENSE DE L.OS EVANGEIJOS

27

Cap. XXVI. 32 + ibi me videbitis {post Galilaeam) 39 4- vis (post tu) 53 + mil lia (post duo-

decim) 58 -f- rei (post fínem) 67 caeciderunt XXVII. 6 corban.

9 per Zachariam (/. per Jeremiam)

Cap. XXVII. 9 quod appretiauerunt

filii Isr. 32 -}- venientemobuiam

sibi (post Simo-

nem) 40 Dei (post tem

plum)

45 uniuersam

46 lamasabatchani

47 et audientes.

EVANGELIUM SEC. MARCUM

In hoc libro sunt curati 18. Signa quinqué ex ea quae missi a dno discipuli in diuersis locis fecerunt.

Cap. I. 35 + est et (post egressus)

22 mittit vinum nouellum 4 an male.

12 -f viui (post Dei)

25 poterit

26 potest 29 habet 19 efficiuntur 35 transffretemus

7 Dei summi

23 manus 42 máximo

2 + ista (post quae est) 35 -h secreto (post discipu- li eius) VIII. 33 sunt (post sed quae) 34 post me

I.

II.

III.

IV.

V.

VI.

Cap. IX.

24 Domine

28 eum (post eiicere)

49 - sale

X.

6 +etdixit(po5/Deus] 9 iunxit

15 introibit

IX.

4 soluerunt

XIV.

2 fíeret populi 16 praeparauerunt 19 sigilatim 44 caute

XV.

35 ecce

XVI.

1 ungerent eum 4 vident

18 egrotos

19 —Jesús.

EVANGELIUM SEC. LUCAM

In hoc libro sunt curati. 23. signa tria ex ea quae a domino mis- si discipuli eius seu duodecim in locis fecere diuersis:

Cap. I.

II.

17 incredibiles

45 creditiit... ei (/. credidis-

ti... tibi) 66 quid putas 68 Dominus 7 eis

Cap. II. 14 in hominibus

21 dominus (/. puer) 46 eos IV. 6 voluero

18 sanare contritos corde

28

EL CÓDICE OVETENSE DE LOS EVANGELIOS

Cap. V. 7 pene

VI. 45 thesauro (post malo) 49 audiuit et non fecit... concidit (/. audit et non facit... cecidit Vil. 24 moueri (/. agitatam) 31 ait auteni Dominus 47 remittentur VIII. 18 quomodo audistis 23 navigantibus autem 52 puella IX. 55 dicens: nescitis cuius spiritus estis 56 Filius hominis non ye- nít animas perderé sed salvare X. 2 -- suam XI. 8 et si ille perseveraverit

pulsans] XII. 35 in manibusfvestris 38 et si venerit vespertina vigilia et ita eos inue-

nerit beati sunt, quoniam iubebit illos discumbere: et transiens ministra- bit eis. Cap. XIII. 4 syloan

35 deserta XV. 21 -f íac me sicut vnum de mercenariis tuis (post filius tuus) XVI. 21 et nemo illi dabat XVIII. 16 prohibere (/. vetare) XIX. 22 non quod seminavi 26 et abundavit 29 et venisset Belhaniam XXII. 20 quod pro vobis fundi- tur 26 iunior (/. minor) XXÍV. 11 credebant 18 Cleopas

24 non viderunt (/. non invenerunt)

EVANQELIUM SEC. JOANNEM

In hoc libro sunt virtutes quatuor signa quatuor.

Cap. i. 4 in ipso vita est

15 clamabat 26 stat

29 ecce (post Dei) II. 2 4- ibi (post autem) 10 autem 13 Hierosolyma Jesús) 20 in III. 5 sancto

33 accipit V. 2 bethzetha VIII. 10 qui te accusabant IX. 4 veniet XI. 4 pereum

16 + suos {post condiscípu-

los)

(Continuará.)

Cap. XI. 37 nati

XII. 47 non (ante custodie - rit) XVIII. 36 utique XIX. 3 palmas (/. alapas)

6 eum (post crucii-

ge) 15 + nos (ante non) 20 +Rex Judaeorum (post latine) XX. 19 congregati

29 Thoma XXI. 23 moreretur... mofle - tur (/. moritur... mori- tur)

P. Mariano Revilla.

MOVIMIENTOS DE LA TIERRA

(O

(CONFERENCIAS SOBRE ASTRONOMÍA VULGAR)

A menos de querer cerrar los ojos y negar el testimonio de los sentidos, no hay más remedio que admitir uno de estos dos extre- mos: o es la Tierra, y con ella nosotros, la que se mueve en el espa- cio o es el resto del mundo sensible el que gira realmente en torno nuestro. Las apariencias favorecen a la segunda hipótesis; pero los hechos reales demuestran la primera. En enumerarlos brevemente, para que no quede la menor duda acerca de esta verdad, vamos a pasar este rato.

El argumento fundado en un principio muy conocido, que dice: la parte mayor arrastra consigo a la menor, tiene aquí aplicación oportuna; porque, según os decía entonces, es imposible que un cuerpo tan pequeño, como relativamente lo es la Tierra, haga girar en torno suyo, no sólo al Sol, que es millares de veces más grande, sino a toda la esfera celeste con los millones de soles y demás astros que contiene. Y de no girar la Tierra, habrá que admitir esa imposi- bilidad físico mecánica.

También hice notar el hecho de la inmensa distancia de la ma- yor parte de las astros, respecto de nosotros; y que, de girar en torno nuestro, hasta completar una circunferencia en el corto espacio de veinticuatro horas, suponía una velocidad incomprensible. Añádase a esto la simplicidad que resplandece como nota común en todas las leyes naturales, y que la Naturaleza, mejor dicho, su autor, por medio de ella, no realiza sus obras por procedimientos complicados, cuando esas obras pueden ser realizadas por medios más sencillos.

(1) Véase la página 378 del vol. CXVII.

30 MOVIMIENTOS DE LA TIERRA

Y aquí, en este caso, la explicación científica de los fenómenos astro- nómicos, resulta incomparablemente más sencilla con el movim.en- to de la Tierra qne en cualquiera otra hipótesis que quieran expli- carse.

Dicho esto en general como pruebas o argumentos de congruen- cia, examinemos los hechos positivos que positivamente demues- tran el movimienta de nuestro globo: l.o, diurno , sobre mismo en torno al eje polar; 2.®, antiüo^ alrededor del sol; después otros mo- vimientos menos notables, pero no menos curiosos y dignos de estudio.

Si desde una altura considerable, suficientemente elevada para que el fenómeno aparezca sensible, se deja caer un cuerpo, una es- fera de plomo, por ejemplo, ésta, al dar en el suelo, no cae en el punto por donde pasa la vertical del punto superior, desde donde el cuerpo se ha desprendido, sino que cae siempre hacia el lado del Este. Se supone, claro es, que el ambiente está tranquilo, que no hay corrientes de aire, ni ninguna otra causa distinta de la gravedad que modifique la trayectoria que el cuerpo describe al caer. ¿Cómo se explica este hecho notable? Sencillísimamente, con la rotación terrestre. En todo movimiento circular o de rotación de cualquier cuerpo, el volante de una máquina, si os place, es evidente que las partes o moléculas de la periferia llevan mayor velocidad que las más próximas al eje de rotación. Apliquemos esto a los dos puntos; el superior, de donde cae el cuerpo, y el inferior, que es el pie de la plomada suspendida del primero. Claro es que el punto más alto correrá más que el que está en el suelo durante el mismo tiempo para ambos. Al soltar desde arriba la esferita supuesta y comen- zar el descenso, sigue animada de la fuerza tangencial con la que giraba; no puede, por tanto, seguir en la caída la línea vertical. Des- cribe más bien una rama de parábola. Necesariamente debe caer ha- cia el lado de cuya dirección se realizad movimiento rotatorio: aquí hacia el Este, porque tal es la marcha del movimiento de rotación del globo, contraria, como no puede menos de ser, al movimiento aparente diurno de la esfera celeste. La experiencia descrita se ha repetido muchas veces, siendo entre ellas célebre la realizada en 1833 por Reech en un pozo de minas que medía 158 metros de profun- didad. Las condiciones eran excelentes, porque la columna de aire

MOVIMIENTOS DE LA TIERRA 31

no podía ser agitada por corrientes inoportunas. Aquí (1) podíamos repetir ese experimento clásico, desde el centro de la cúpula al pavi- mento de la Basílica; y aún mejor otro, de que os hablaré luego con t\ nombre de experimento del péndulo de Foucault.

Hay multitud de hechos muy curiosos que cualquiera podrá ob- servar en la primera ocasión que se le presente. Si desde la ven- tanilla de un tren, puesto en marcha, desde la plataforma de un tranvía, desde la cubierta de un buque, que surca las aguas, se deja caer verticalmente un objeto cualquiera, éste no cae según la línea vertical del punto correspondiente al momento de soltarlo, sino más adelante, frente por frente del que haga la experiencia, habiendo re- corrido dicho objeto pesado una diagonal tanto más inclinada, cuan- to la velocidad del vehículo sea mayor. En cambio, si éste se parara en seco, en el momento de soltar el cuerpo pesado, éste continuaría corriendo diagonalmente unos cuantos metros más, hasta llegar al suelo. El hecho es tan sencillo, que una parada instantánea de un móvil cualquiera basta para lanzar fuera de él a los objetos y a las personas que no se agarren bien. Por esto es peligroso apearse de los tranvías cuando van en marcha, y más si se toma una dirección opuesta a la que aquéllos llevan, porque entonces los pies se escapan hacia adelante y la caída es casi inevitable. Se explica esto porque todos los objetos van animados de la velocidad misma del vehículo y marchan o tienden a marchar según el impulso comunicado por esa fuerza.

Suponed que un día cualquiera el aviador Martínez u otro tiene el capricho de lanzarse desde el alto de San Benito para pasar vo- lando a 300 metros sobre la aguja de la cúpula (2), y que al hallarse en la línea vertical de ésta deja caer un saco de lastre por la satisfac- ción de clavarlo en la punta del pararrayos. Pues sencillameute se ve- ría chasqueado, porque el saco iría a caer lo menos en los Terreros, según la velocidad con que marchara el aeroplano y a la altura que hiciese el vuelo. Es bien seguro que se han de tener en cuenta todas estas cosas para no errar en la puntería, antes de llegar a la vertical del blanco.

(1) En El Escorial.

(2) Se supone realizada esta experiencia en El Escorial.

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Todos los cuerpos en la superficie de la tierra y en la atmósfera que la rodea, menos en los puntos polares, en la hipótesis de la ro- tación terrestre, marchan animados de una velocidad angular, tanto mayor cuanto más lejos se hallen del eje de rotación. Sólo así puede explicarse de un modo análogo a cómo se explican los hechos que acabo de citar, el que los cuerpos dejados caer libremente desde mu- cha altura y sin velocidad inicial, se inclinen hacia el Este, tanta más cuanto mayor sea la altura de donde caen y menor sea la lati- tud geográfica. La desviación medida en el suelo es, teóricamente, la diferencia entre la velocidad rotatoria del punto más bajo y la que corresponde al punto más alto de donde se desprende el cuerpo.

Supongamos ahora que de abajo a arriba y según la vertical se l2inza un proyectil ¿en dónde volverá a caer? Teóricamente en ia misma boca del cañón; porque al subir con menor velocidad de ro- tación, se retrasa hacia Occidente el mismo espacio que al bajar se adelanta hacia Oriente. Lo difícil aquí seria que el primer impulso fuera exactamente según la vertical. A esto obedece el que cuando el P. Mersenne y Petit en el siglo XVII, trataron de hacer la experien- cia, no volvieran a ver ninguno de los proyectiles, que con tal obje- to, y mediante un cañón de plaza, lanzaron a las alturas, exponién- dose a ser aplastados por alguno de ellos, si la verticalidad hubiera sido más exacta.

No insistiré sobre la prueba del movimiento de rotación, dedu- cida de la pérdida del peso de los cuerpos y de las variaciones en la oscilación del péndulo, causadas, no sólo por lo dicho acerca de la gravedad relacionada con la forma del elipsoide terrestre, sino tam- bién por los efectos de la fuerza centrífuga; porque me parece que os sería difícil comprender con claridad las reflexiones y cálculos que habría que hacer para dilucidar este punto. Pero recordaré el experimento con el péndulo de Foucault, porque es clásico y no deja la menor duda acerca del movimiento de rotación terrestre. Supo- ned que aquí mismo, del techo de esta habitación, colgamos, con un alambre, una esfera pesada de metal, como si fuese una plomada. Es evidente que dejándola en quietud, señalará la dirección de la línea vertical; y también es claro que mientras alguna fuerza extraña no impulse a ese péndulo, quieto se estará, solicitado por una sola fuerza: la de su propio peso, que es la misma de la gravedad, con-

Movimientos db la tierra 33

trarrestada por la resistencia del punto de suspensión. Si ahora, fijan- do un hilo en la esfera, tiramos hacia un lado y atamos el hilo a un punto de la pared próxima, observaréis que la línea vertical, el alam- bre de suspensión y el hilo son tres líneas que están en un mismo plano que pasa por el centro de esa esfera y por el centro de atrac- ción terrestre. Ni por un lado ni por otro hay fuerza alguna que so- licite a ese cuerpo. Sólo la gravedad tira de él hacia abajo, y no se marcha porque el hilo y el alambre lo sostienen. Cortamos el hilo y la bola comienza a oscilar a un lado y al otro de la vertical, como si tuviera empeño en abrazarse con ella, y seguir el camino que la misma le señale. No olvidéis que no hay fuerza ninguna que obligue al centro de gravedad a salirse de ese plano de oscilación. He dicho mal, hay una fuerza cuyos efectos veréis cuando prácticamente ha- gamos el experimento, y es la resistencia del aire que a las pocas oscilaciones hace describir a ese centro una elipse alargada; pero cuyo eje mayor está en el plano dicho.

Sin embargo, antes de un cuarto de hora notaremos que la di- rección del plano de oscilación ya no es la misma que al principio; luego la posición relativa entre ese plano de oscilación y los objetos restantes, los ángulos de la sala, nosotros mismos, han cambiado ne- cesariamente. Y una de dos, o es el plano el que se mueve o se mue- ven las demás cosas; o el plano gira de izquierda a derecha o toda la estancia gira de derecha a izquierda. Y puesto que el plano con- serva su orientación en el espacio, según lo dicho, el edificio es el que se mueve; y conservando éste su puesto -sobre el suelo, necesa- riamente ha de ser la Tierra la que lo lleva. No hay que acudir a más pruebas para demostrar su movimiento.

La deducida de la forma elipsoidal, es también decisiva; pero de menos valor, porque se funda en la hipótesis del estado de fluidez primitiva de nuestro globo. Es cierto que, sólo admitiendo esa hipó- tesis y el movimiento de rotación, puede explicarse la forma terres- tre de un esferoide achatado por los polos y ensanchado por el ecua- dor. De otro modo, nuestro globo, sin movimiento, tendría necesa- riamente la forma esférica geométrica; porque en cualquier estado que se suponga, fluido o no, la fuerza atractiva central hubiera sido siempre la misma en la dirección de todos los radios. En la misma

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hipótesis, el experimento con el vaso de Plateau explica perfecta- mente cuanto en este punto pueda desearse.

La amplitud angular de la rotación, demostrada con el péndulo de Foucault, es proporcional al grado de latitud geográfica en que el experimento se realice. En el ecuador la desviación es nula, así como es máxima en los polos. En éstos la rotación aparente del pla- no de oscilación del péndulo es la circunferencia completa durante las veinticuatro horas; así como sólo una parte de la circunferencia en las latitudes intermedias, pudiendo calcularse para cada punto el ángulo correspondiente a una hora, un minuto, un segundo, etc.

Supongo que con lo dicho quedaréis convencidos de que el mo- vimiento de rotación terrestre es un hecho plena y científicamente demostrado; y que sabréis a qué ateneros cuando oigáis decir que El Escorial, por ejemplo, lleva aquí más de tres siglos, sin haberse movido de su puesto; o lo que decía allá el otro, según expresión del P. Rodríguez: que si la tierra girase, los pájaros, y sobre todo las tórtolas, no podrían abandonar sus nidos, porque se expondrían a no volver a encontrarlos.

Y recordando lo dicho acerca del movimiento diurno de la esfe- ra celeste, de los ortos y ocasos de los astros, de su amplitud ortiva y occidua, etc., os daréis cuenta exacta de tales fenómenos aparentes reconociendo la realidad de los mismos, su causa inmediata, en el movimiento real de nuestro globo alrededor del eje polar, que con relación a la esfera celeste y al movimiento en cuestión, hemos lla- mado también eje del mundo.

Estas mismas ideas se presentarán más y más claras cuando ha- yamos demostrado el otro de los dos principales movimientos de la Tierra: el de traslación de la misma durante el año en torno del Sol,

En volumen es" el astro del día 1.283.744 veces más grande que la Tierra y en masa equivale a 324.439 veces la masa terrestre, siendo este número último el que expresa la fuerza atractiva del Sol sobre nuestro globo; mientras que éste sólo ejerce sobre aquél una atrac- ción equivalente a la unidad que mide a ese número 324.439. La ley de la atracción mutua entre los cuerpos se traduce en un hecho cons- tante en todos los fenómenos naturales, existe entre los astros más lejanos, lo mismo que entre las moléculas más próximas. Desde el momento en que se suponga inmóvil uno cualquiera de los dos as-

koVlÜIENtOS DK LA TIIÍRKÁ 35

tros, la Tierra o el Sol, y sin una fuerza contraria a la fuerza de atrac- ción que los mantenga separados, necesariamente el uno se precipi- taría cayendo sobre el otro; con la diferencia, en este caso concreto, de que, mientras la Tierra salvara, dirigiéndose al Sol, la distancia de 324.439 kilómetros, por ejemplo, el Sol habríase corrido un solo kilómetro hacia la Tierra. ¿Por qué ésta no cae sobre aquél? Preci- samente por la fuerza centrífuga y tangencial, que determina y con- serva el movimiento de nuestro globo en torno al Sol. La hipótesis de que el Sol cayeses sobre la Tierra y que aquél girase en torno de ésta, es tan absurdo como el suponer que, en el mismo orden de energías, lo menos pueda con lo más, que lo más ligero arrastre con- sigo lo más pesado.

Las pruebas directas de este movimiento de traslación, sin ser por ello menos demostrativas que las aducidas en confirmación del movimiento diurno, se presentan, sin embargo, de comprensión más difícil para los pocos versados en estudios astronómicos. Lo cual no reza con vosotros tan empapados en ellos; así que los comprenderéis sin dificultad alguna.

Sea la primera de esas pruebas la que se funda en lo que se llama aberración de ¡a luz; fenómeno que consiste en ver las estrellas según una dirección distinta de la que realmente señala el lugar que ocu- pan en el espacio; desviación de los rayos luminosos causada por la combinación de dos velocidades; a saber la de la luz y la del obser- vador. Sucede aquí el mismo fenómeno que acaso habréis observado más de una vez. Os halláis en la lonja, con aire tranquilo; comienza a llover y las gotas de agua caen verticalmente. Para no mojaros echáis a correr, comenzando por inclinar la cabeza para que las go- tas de agua no os den en la cara, adonde vienen a parar no vertical, sino oblicuamente, según la diagonal del paralelogramo que podría construirse con la dirección y velocidad que traen las gotas de las nu- bes por un lado, y con la dirección y velocidad que lleva el que huye por el otro. Si tenéis paraguas en la mano no lo echáis hacia atrás, sino que lo inclináis hacia adelante para no mojaros; en un tren en marcha, en un coche, cuando llueve, se observa el mismo fenómeno. Un proyectil lanzado perpendicularmente a la dirección que lleva un tren, por ejemplo, y en el supuesto de que penetre y traspase de parte a parte a uno de los coches, no sigue en éste la dirección per-

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pendicular, sino una dirección oblicua, como resultante de las dos velocidades, la del proyectil y la del tren. La aberración de la luz es un fenómeno del mismo género. El proyectil aquí es cada una de las vibraciones etéreas que producen la luz, y hacen falta dos movi- mientos, dos velocidades, la de los rayos luminosos y la del obser- vador, que estando en reposo personal es llevado por la Tierra. Una, cualquiera de las dos condiciones que faltara, bastaría para que el fenómeno de la aberración no existiese. Si la Tierra no se moviera, desde ella se verían los astros en la dirección hacia donde se hallan (prescindimos aquí de otras causas, como la refracción atmosférica, que también desvía el camino de los rayos luminosos). Del mismo modo, si la velocidad de la luz fuese tanta que no necesitase tiempo para ir de una parte a otra, tampoco abría aberración lumínica. La Tierra corre por su órbita con la velocidad de 30 kilómetros por se- gundo, mientras que la luz marcha por el espacio con la velocidad de 300.000 kilómetros. De estos datos se deduce como valor cons- tante de la aberración para todas las estrellas 20",5 de arco. Sólo admitiendo el movimiento de traslación terrestre puede explicarse el fenómeno experimentalmente demostrado, de la aberración, des- cubierto por el astrónomo Bradley en 1848.

Otra prueba no menos convincente del movimiento de traslación, la suministran las llamadas paralajes de las estrellas. Cuando se mira un objeto fijo desde puntos diversos, la posición aparente y relativa de dicho objeto cambia con relación a los demás objetos que rodean el primero, no porque éste se haya movido, sino porque el observa- dor ocupa posiciones diversas. Las estrellas del firmamento en su ma- yor parte hállanse, respecto de la Tierra, a una distancia no infinita porque distancias infinitas no existen, pero a distancias inconmen- surables, en tanto grado que la posición de las unas con relación a las otras no se modificaría aun cuando un observador se trasladase des- de aquí al lado opuesto del Sol, duplicando la distancia. Pero tam- bién es un hecho que no todas las estrellas se encuentran a esas dis- tancias inconmensurables. Hay algunas que están mucho más cerca de nosotros; su distancia puede medirse, y puede medirse, precisa- mente, porque su posición relativa cambia al observarlas desde pun- tos diferentes del espacio. Puntos que tampoco podríamos elegir, ni

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realizar por lo mismo la observación, si la Tierra se estuviese quieta y no nos llevara de una parte a otra.

Observemos, pues, esta noche misma, hipotéticamente se entien- de, una de esas estrellas cuya distancia es medible; calculemos con la exactitud posible su verdadera posición en el firmamento aquila- tando y corrigiendo y eliminando todos los errores posibles. Des- pués de todo esto nos quedaremos, al fin, con el apunte exacto de la posición de la estrella en el cielo y la dirección de la visual desde el punto de observación hasta el astro observado. Seis meses después, repetiremos la misma observación de la misma estrella, con el mismo esmero y las mismas correcciones. La dirección de la nueva visual nos dirá si coincide o no con la dirección de la primera. Si no coinciden, como no deben coincidir, pues procedemos en el supuesto de que la distancia es considerable, las dos visuales formarán un ángulo cuyo vértice estará en la misma estrella, y cuyos lados, las mismas dos vi- suales, van a parar cada una al punto de observación correspondien- te. Y me parece que no hace falta más para demostrar que ese punto de observación, en una y en ctra época, ocupa distinto lugar en el espacio. Luego es evidente que la Tierra nos habrá trasladado del uno al otro. Ese ángulo es lo que se llama, ni más ni menos, la pa- ralaje déla estrella. Y basta conocerlo para poder determinar la dis- tancia que del astro nos separa, ya que con las dos visuales, el ángulo que forman y la distancia entre los dos observatorios, en cuyos ex- tremos hay otros dos ángulos que pueden medirse directamente, se forma un triángulo, con los elementos bastantes conocidos, para que su resolución se reduzca al caso más sencillo de la Trigonometría. En las observaciones y medidas y cálculos que imaginariamente aca- bamos de hacer, hay que tomar nota de un detalle importantísimo en esta cuestión; y es que la posición del Sol, con referencia a una estrella o constelación determinada, que podemos suponerla en al- guna de las regiones cruzadas por la eclíptica, aparece, después de los seis meses, en dirección opuesta a la que tenía al realizar la ob- servación primera. Es decir, que las dos visuales dirigidas al Sol en una y en otra época se confunden en una sola, pero en dirección contraria. Lo que quiere decir que la Tierra nos ha trasladado al lado opuesto del astro del día. Y como la experiencia puede repetir- se cuantas veces se quiera durante el año y en los puntos correspon-

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dientes de seis en seis meses, obteniendo siempre el mismo resulta- do, se demuestra, sin más, que la Tierra describe en torno al Sol una curva cerrada, que se llama, como sabéis, eclíptica, y que tiene la forma de una elipse, en uno de cuyos focos se encuentra el Sol. Ocasión tendremos de estudiar las propiedades de esa curva; el re- cordarlas ahora nos detendría demasiado, sin dejarnos tiempo para recordar otras pruebas del movimiento de traslación de nuestro glo- bo; asunto que al presente tenemos entre las manos.

Conocéis todos el metéoro luminoso que se llama de las estrellas cadentes, fugaces, fuegos y lágrimas de San Lorenzo, porque en la noche del 10 al 11 de Agosto se reproduce con más intensidad. Obe- dece este fenómeno a que dentro del sistema solar hay zonas o fajas o anillos en que flotan multitud de cuerpos pequeños, cuyo origen puede atribuirse a varias causas. Esas zonas, fajas o anillos, como quieran llamarse, giran, como los demás planetas, en torno del Sol. La órbita de la Tierra corta o se aproxima mucho, por lo menos, a la órbita de esos corpúsculos, de tal manera, que llegan a penetrar y se mezclan con nuestra atmósfera. Dotados ellos también de una velocidad notable, la resistencia y el roce que encuentran en el aire se transforma en calor, tan intenso, que los quema, volatiliza o los reduce a mil pedazos. Los núcleos, enjambres, puntos radiantes, que con todos estos nombres se conocen también, son muchos, y la Tie- rra llega o se aproxima a ellos, determinándose así las diversas llu- vias de estrellas que se han observado muchas veces, periódicas unas, esporádicas otras, según los casos. Lo que importa hacer notar aquí es que la velocidad de esos fugaces metéoros es muy diferente en unas y en otras ocasiones.

Para comprender mejor todo esto y la consecuencia que de ello hemos de deducir, en confirmación de la traslación de la Tierra, conviene tener en cuenta que el Sol con todos los planetas y demás cuerpos del sistema solar se dirige constantemente hacia un punto del cielo que se llama apex, y se aleja de otro punto opuesto que se denomina aniiapex. Los planetas, y entre ellos la Tierra, lo mismo que los enjambres dichos, sin dejar de participar de ese movimien- to general de todo el sistema, con el movimiento propio de trasla- ción en derredor del Sol, unas veces caminan hacia el apex, unién- dose las dos velocidades, y otras marchan en dirección contraria,

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restándose las mismas. Así resulta que cuando uno de esos enjam- bres o puntos radiantes tocando en la atmósfera, lleva la misma di- rección o dirección paralela a la ruta que sigue la Tierra con su at- mósfera, el roce de aquellos corpúscolos con el aire es menor, el brillo del metéoro menos intenso, la velocidad de la estrella fugaz disminuye aparentemente. En cambio, cuando las direcciones son más o menos opuestas, la velocidad, el brillo del metéoro son más grandes. En la hipótesis de la inmovilidad de la Tierra esos cam- bios de intensidad no tendrían explicación. He aquí la consecuen- cia: la Tierra corre por el espacio en torno al Sol y el fenómeno es análogo a lo que sigue. oqn '

Seguramente que no todos habéis visto el mar; pero eso no im- pide el que podáis formaros una idea aproximada de lo que son sus ondas Cuando una lancha, un bote, un buque surcan las aguas en la misma dirección de las olas, éstas van como siguiéndolo y lo al- canzan sucesivamente, unas después de otras; pero con velocidad menor que si el navio estuviese quieto. Mas si éste se mueve en dirección contraria a la de las olas, entonces éstas llegan más inten- sas y más de prisa y se rompen en la proa. No hay para qué más in- sistir en la explicación de este hecho, ni en el recuento de otros muchos parecidos. Figuraos los resultados tan diferentes que trae- rían consigo el choque de dos trenes que corren el uno a encontrar- se con el otro que se le echa encima, y el de otros dos cuando el que va delante escapa del que va detrás.

En Física y en Astronomía se estudia un fenómeno que corrobora lo mismo. Me refiero al hecho, tan curioso como importante, de- mostrado por la espectrografía y manifestado por las rayas del espec- tro de la luz. Sintetizándolo en pocas palabras, consiste en lo si- guiente: en que la longitud de las ondas luminosas reflejada en la mayor a menor desviación de las rayas espectrales, y por lo mismo, la rapidez con que se suceden dichas ondas,. Jes , ni uy distinta cuando el foco luminoso se acerca, de cuando se aleja de los prismas anali- zadores del aparato. Si éste y el foco se aproximan, la sucesión de las ondas es srápida; si se alejan, lo es menos. Luego al observar- se este fenómeno en la luz de las estrellas fijas o que por la inmensa distancia a que se hallan, como fijas pueden considerarse, se deduce

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lógicamente que la Tierra es ia. que se aproxima o se aleja de las estrellas. r?n 0( n .

Después de todo, nos hubiera bastado una sencilla reflexión so- bre los fenómenos astronómicos del resto del sistema solar, para sin más pruebas, admitir como hecho indiscutible la traslación de nues- tro globo en torno del Sol. En efecto: la observación constante de- muestra que todos los planetas desde Mercurio, el más próximo al centro, hasta Neptuno, el más lejano de los conocidos, giran y todos recorren su propia órbita en derredor del astro central. ¿Por qué la Tierra había de ser una excepción en una ley tan general y al mis- mo tiempo tan sencilla? Tanto más cuanto que sin esa excepción todo se explica facilísimamente: con ella todo resulta un laberinto indescifrable.

El trabajo resulta largo y es de necesidad prescindir, por ahora, de los demás movimientos con que la Tierra se balancea en el espa- cio. No haré más que citarlos. Suele decirse que el eje terrestre se conserva paralelo a mismo: esto no es cierto, sino cuando se con- sidera un corto intervalo de tiempo; pues, a la larga, cambia esta posición. Tan a la larga, que en unos veinticinco mil setecientos años dicho eje describe un cono en torno a los polos de la eclíptica, re- sultando un balanceo pausado y regular del esferoide terrestre y del plano ecuatorial. La precesión de los equinoccios es su consecuencia inmediata.

Otro movimiento es el que resulta del sistema doble que, con respecto al Sol, forman la Tierra y la Luna. El centro de gravedad del sistema no coincide con el centro de la Tierra. Aquél es variable según las posiciones del satélite y por esta razón el centro de la Tierra no puede seguir en su marcha annua la línea de la eclíptica con exactitud rigurosa.

La eclíptica misma, ya se ha dicho, no conserva siempre una in- clinación constante sobre el plano del ecuador; de lo cual resulta otra oscilación para la Tierra. Ya se ha indicado que todo el sistema solarse traslada en el espacio: la Tierra toma parte en este movi- miento: y otros hay menos regulares que se manifiestan por ciertas oscilaciones, cuyas causas no están bien estudiadas todavía, que pa- rece hacen cambiar accidentalmente la posición del polo del mundo y dan por resultado variaciones parecidas, aunque pequeñísimas, de

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las latitudes terrestres. Nada diré de las perturbaciones planetarias de cuya influencia participa también la Tierra; pues todos los astros están relacionados entre de tal manera, que las energías y movi- mientos de los unos se reflejan más o menos en los movimientos de los otros. La materia es abundante y el problema que aquí aparece es complicado. Razón de más para que aplacemos todo para mejor ocasión.

P. Ángel Rodríguez de Prada.

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LA LIBRERÍA DE FELIPE II

(DATOS PARA SU RECONSTITUCIÓN)

(continuación)

Libros que tenia Felipe II en su habitación del Escorial,

Historia de la Santa Casa de Loreto. 8.° Madrid, 1588, por D. Francis- co de Padilla.

Officium Beatae Mariae Virginis jussu Pii V. Antuerpiae, Plantinus, 1573.4.**

Vita Christi Ludolphi Sax. Carthusiani. Parisiis, 1580.

Breviarum Romanum Pii V. Antuerpiae, apud Plantinum, 1573. Dos ejemplares.

Acta ecclesiae Mediolanensis. Mediolani, apud Pontium, 1582. En fol.

Missale Romanum restitutum decreto Concilii Tridentini. Parisiis, apud Kerver, 1571. En fol.

Historia de Nuestra Señora de Guadalupe, por D. Fr. Gabriel de Tala- vera. Toledo, 1597.

Compendio breve de ejercicios espirituales, por el P. Fr. García de Cisneros, Abad de Monserrat. Barcelona, 1580. 8.**

Officium proprium SS. Ordinis S. Hieronymi. Salmanticae, 1590. Fol.

Pontificale. Lugduni, 1542. Fol. máx.

Missale Romanum. Antuerpiae, apud Plantinum, 1573. En 4.®

Kalendarium perpetuum, Petro Ruysio presbytero Toletano auctore. Toleti, 1577. En 4.°

Officium et caeremoniale ad dedicationem seu consecrationem eccle- siae et altarum hujus regalis Monasterii S. Laurentii. Matriti, 1595. Prado espiritual de Basilio de Sanctoio. Burgos 1588. Historia y milagros hechos a invocación de Nuestra Señora de Monse- rrat. Barcelona, 1594. 8.®

LA LIBRERÍA DE FELIPE H 43

Martirologio Romano, traducido por Vázquez. Valladolid, 1586. En 4.**

Arte de servir a Dios de Fr. Rodrigo de Solis. Alcalá, 1594.

Fr. Luis de Granada. Opera omnia. Antuerpiae, 1592. En 8.°

Devotionarium. Oficio de Nuestra Señora que fué de los Reyes de Por- tugal, pergamino, iluminado, tiene unas hojas escritas con los días del na- cimiento de personas reales.

O'fícium diurnum. Antuerpiae, 1570.

Obras de Santa Teresa de Jesús.

Sacrarum caeremoniarum seu rituum ecclesiasticorum S. R. E. libri tres. Venetiis, 1582.

Ordinarium Carthusiense in 8.**

Nova collectio statutorum Ordinis Carthusiensis. Parisiis, 1582. En 4.*

Agricultura de Herrera. Medina del Campo, 1584.

Descritione del Sacro Monte di Várale de Valdesissia in rima. Várale, 1595. En 8.°

Missale Romanum Pii V. Salmanticae, apud Foquel, 1586. En 4.°

Kalendarium perpetuum secundum institutum Fratrum Praedicatorum, per Fr. Didacum Giménez. Salmanticae, 1563. En 8.°

Officium majoris Hebdomadae. Compluti, 1573. En 8.**

OfficiumSti. Didaci Complutense. Compluti, 1549. En 8.°

Flos Sanctorum, traducido por Villegas. Madrid, 1589 y 1594.

Cartuxanoen romance. Sevilla, 1551; 4 tomos.

Árbol genealógico por Garibay.

Biblia Políglota.

Obras de Ludovico Blosio, traducidas del latín al español.

Cinco libros de pliego común, scriptos de mano, en pergamino ilumi- nado a partes, que contienen los oficios de todo el año...

La relación de los libros que siguen aunque está ya publicada en la Colección de documentos inéditos la reproduzco aquí para tener reunidos todos los materiales que se conocen y sirven para reconstituir la librería de Felipe II.

Libros de diversas facultades de la testamentaría de Felipe II.

En Madrid a 27 de Junio de 1600, tasados por P. de Bosque, librero de S. M.

Los libros de este género que dicen en la margen San Lorenzo, desde la primera partida hasta la última, que está a folio 29, consta haberse en- tregado en virtud de cédula Real al Monasterio, como consta del entrego fecho al Monasterio desde el folio 10 basta el folio 19 ante Juan Ruiz. Los

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entregados a Hernando de Espejo para la almoneda, se señalarán en el margen con una E.

Un cuaderno de ocho hojas, en pergamino, en folio mayor, en las cinco delias el árbol de la geneologia de los Reyes de España, los escudos ilu- minados y retocados de oro; encuadernado en becerro bayo. Núm. 1.— No se tasa. (S. L.)

Lo rescibió Hernando de Espejo en 29 de Junio de 1613, y lo tiene se- ñalado por rescibido en el libro de Antonio Voto. Aunque se sacó resulta contra el dicho Hernando de Espejo de la partida, después mostró una cé- dula de S. M., fecha en San Lorenzo a 20 de Agosto de 1600, en que parece que S. M., por cláusula, mandó al dicho Monasterio de San Lorenzo este libro, cuya copia de la cédula y entrego está en el libro de las dichas resultas.

Un volumen grande, escrito de mano, folio mayor, que trata del prin- cipio y subcesión de los reinos y Reyes y otros estados y señorios de la cristiandad, con las insignias de ellos, en lengua latina y tudesca; historia- do con figuras y escudos iluminados y retocados de oro; encuadernado en tablas, cubierto de terciopelo negro, con cantoneras y manos de latón do- rado. Núm. 2.— Tasado en 200 ducados. (4 Enero 1608. E.)

Otro volumen como el precedente, escrito de mano, en papel, folio mayor, en lengua latina y tudesca, del principio y origen de los Imperios que ha habido desde Adán, con los Emperadores del Romano hasta el Rey D. Fernando, con los oficiales del Imperio; es historiado con figuras iluminadas de oro, plata y colores; encuadernado en tablas cubiertas de terciopelo negro, con cantoneras de latón y una mano de latón dorada.— Tasado en 200 ducados. (E.)

Otro volumen en todo como los dos precedentes, en latin y tudesco, de la nobleza y origen de las insignias de armas, y de los torneos y escu- dos de armas de los Principes y señores de Allemana y de otras naciones, con una manezuela.— Tasado en 200 ducados. (S. L.)

La Historia de Froysart.— Choronica de Francia, Flandes e Inglaterra, en cuatro volúmenes grandes, escritos de mano, en pergamino, en len- guaje francés, folio mayor, con algunas márgenes retocadas de oro y las letras capitales; encuadernados en tablas cubiertas de terciopelo carmesí, con cantoneras y tachones de latón dorado. Tasados en 55 reales cada uno, que son 20 ducados. (E.)

La Choronica del Rey Perce-Forest, en francés, en seis volúmenes, es- crito de mano; historiado de iluminación, con las letras mayúsculas de oro, en pergamino, en folio; encuadernados cada uno en tablas cubiertas de ter- ciopelo carmesí, con cantoneras, tachones y correones de latón dorado.— Tasado en 4 ducados cada uno, que son 24 ducados. (E.)

LA LIBRERÍA DE FELIPE II 45

Un libro de figuras de aves, y algunos animales, y frutas, y yerbas, pin- tados de colores al natural, que tiene ciento y tres hojas de papel, folio mayor, sin escrito ninguno mas de los nombres de algunas figuras; encua- dernado en pergamino. Tasado en 20 ducados. (S. L.)

Boecio: De Consolation, escrito en francés, en folio, en pergamino; en- cuadernado en cartones y terciopelo carmesí.— En 20 reales. (E.)

Un libro de caza, escrito de mano, en lengua francesa, en pergamino, en folio; historiado de figuras iluminadas; encuadernado en tablas y cuero colorado dorado. En 50 reales. (E.)

Un libro de hechos de armas y de caballería, en lengua francesa; his- toriado de iluminaciones y letras mayúsculas doradas, escrito de mano, en pergamino en folio; encuadernado en tablas cubiertas de terciopelo negro, guarnecido con tachones y manos de latón. En 12 reales. (E.)

Las Coronicas de Olanda y Gelanda y Frissia, en lengua francesa, de mano, en papel, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro. No tiene valor.

Libro de la guerra y paz en tiempo del Duque Philipo, en lengua fran- cesa, de mano, en papel, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro.— No es de valor.

La Genealogía de los Condes de Aynnao; en lengua francesa, de mano, en papel, en folio; encuadernado en cartón y cuero blanco. No es de valor.

El Caballero Determinado, en francés, de mano; historiado de figuras iluminadas; encuadernado en cartón cubierto de terciopelo carmesí.— En 8 reales. (E.)

Un libro de instrumentos y machinas bélicas, en lengua latina, escrito en papel, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro.— En 8 rea- les. (S. L.)

Un cartapacio de tratados diferentes, en lengua francesa, de mano y uno de molde pegado a él; encuadernado en papelón cubierto de cuero negro. No es de valor. (E.)

El fallecimiento y obsequias de la madre del Rey Francisco de Francia, en francés, de mano; historiado de iluminaciones y las letras capitales do- radas, en pergamino; encuadernado en tablas y terciopelo verde. En 12 reales. (S. L.)

Receptas de cosas medicinales, en francés, de mano, en folio pequeño, encuadernadas en papelón y cuero negro. En 12 reales. (S. L.)

Libro de las scripturas de la vida y milagros del sancto fray Diego de Alcalá, en pergamino, de mano; encuadernado en tablas y cuero negro.— En 8 reales. (S. L.)

46 LA LIBRERÍA DE FELIPÉJ

Fuero de los hijos dalgo de Castilla, en pergamino, de mano, en folio, encuadernado en papelón y cuero negro. Es en papel. En 8 reales. (S. L.)

Processo entre la Reina Maria y el Emperador D. Fernando sobre cier- tos bienes doctales, de mano, en papel; encuadernado en papelón y cuero negro.— En 8 reales. (S. L.)

Hordenamiento y regimiento de los Oficiales de la casa Real de Aragón; en catalán, escrito en papel, de mano, en folio; encuadernado en papelón y cuero colorado, dorado.— En 8 reales. (S. L)

Otras hordenaciones de la misma casa Real de Aragón, en romance; encuadernado como el precedente.— En 8 reales. (S. L)

Comedia de Nicolao Seco, en italiano, de mano, en papel; encuaderna- do en pergamino. En 2 reales. (S. L.)

Capitulaciones de los matrimonios entre el Archiduque Phelipe y Reina Doña Juana, y Principe D. Juan y madama Margarita, de mano, en folio; encuadernado en pergamino.— En 8 reales. (E.)

Levantamiento de las entradas aduanas y gabellas del reino de Ñapó- les; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (S. L.)

Hordenanzas del Duque de Borgaña, en francés, de mano, las márge- nes iluminadas, en cuarto; encuadernadas en tablas y terciopelo azul.— En 6 reales. (E.)

El Caballero Determinado, de mano, escrito en pergamino, en cuarto; historiado de iluminación; encuadernado en papelón y cuero colorado, do- rado y labrado.— En 16 reales. (E.)

Dos oraciones de Hierónimo Olungano, una de la preheminencia de la Corona de Castilla respecto de la Corona de Francia, y otra de la victoria naval contra el turco, de mano, en pergamino, en cuarto; encuadernado en terciopelo carmesi.— En 4 reales. (3. L.)

Prognosticon del Rey D. Phelipe, nuestro señor, de su nascimiento, hecho por el doctor Mathiahaco, con cubiertas de terciopelo negro, en cuarto, escrito de mano en papel.— En 2 reales. (S. L.)

La vida y hechos del Emperador D. Carlos, en italiano, de mano, en papel, de a cuarto, con algunas iluminaciones; encuadernado en cartones y cuero dorado y colorado.— En 2 reales. (S. L.)

Tratado de Artillería, de Juan Bautista Antonelo, en italiano, de mano, en papel, de a cuarto; encuadernado en cuero azul dorado.— En 4 rea- les. (S. L.)

Versos de devoción de Jaques Boulchier, en francés, de mano, en pa- pel, de a cuarto, pequeño.— En 2 reales. (E.)

Comedia llamada Alexandra, en italiano, de mano, en papel, de a cuar- to; encuadernada en cartones y raso carmesi.— En 2 reales. (S. L.)

LA LIBUERÍA Í)ÉJ FBlLIPÍ; íl 47

Un tratadillo de cosas de Indias de la ciudad de México y la isla de Santo Domingo, en papel, de a cuarto, de mano; en papelón y cuero ne- gro.—En 2 reales. (S. L.)

Otro tratadillo de ardides de guerra, de siete hojas, escrito de mano, en papel, de a cuarto; encuadernado en cartones y raso blanco, labrado. En 2 reales. (S. L.)

Los establecimientos de la horden Tusson, en romance, de mano, en papel de a cuarto; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (S. L.)

Un cathalogo de libros para la Cámara de S. M. escrito de mano.— No es de valor.

Un cuaderno viejo, en francés, de la proposición que hicieron los Em- bajadores de Francia al Duque de Borgoña.— No es de valor.

Josepho: De Bello ludayco, impresso en francés, en folio mayor; encua- dernado en tablas y cuero bayo.— En 2 reales. (E.)

De la Religión de los antiguos romanos, de Guillermo Choul, impreso en León por Guillaume Roville, año de mil y quinientos y cincuenta y seis; encuadernado en pergamino, en folio.— En 2 reales. (E.)

Choronica del Rey D. Alonso el Honzeno, en romance, impresa en Valladolid, mil y quinientos y cincuenta y uno, encuadernado en papelón y cuero colorado, en folio.— En 12 reales. (S. L.)

Memorial de cosas notables, compuesto por D. Iñigo López, Duque quarto del Infantado, impreso en Quadalajara por Pedro de Robles y Fran- cisco de Cormellas, mil y quinientos y setenta y cuatro, en romance; en- cuadernado en papelón y cuero negro, en folio.— Tasado en 6 reales. (S. L.)

Poligraphia de Trictemio, impreso año de mil y quinientos y diez y ocho, en folio; encuadernado en tablas y cuero negro y manezuelas.- En 4 reales. (E.)

Discursos del asiento del exército, de la disciplina militar, impreso en francés, en León por Guillermo Rovillo, año de mil y quinientos y cin- cuenta y cinco, con estampas, de molde, en folio; encuadernado en perga- mino.—En 2 reales. (E.)

Aserción e información del derecho del Emperador nuestro señor, Carlos V, en el ducado de Xeldria y otros condados, año de mil y qui- nientos y treinta y nueve, impreso en Norin Vergue por Juan Petreyo, en latin, en folio; con cubierta de cuero negro.— En un real. (S. L.)

La conquista de México, de Gomara, impresa año de mil y quinientos y cincuenta y dos; en cuero negro.— En 2 reales. (E.)

Choronica del santo Rey D. Fernando que ganó a Sevilla, en folio pe- queño, impresa año de mil y quinientos y cuarenta; encuadernada en cuero negro.— En un real (E.)

48 LA LIBRERÍA DE FELIPE

Historia de Perce-Forest, impresa en Paris, año de mil y quinientos y treinta y uno, en cuatro cuerpos; encuadernados en cartones y cuero negro, en folio.— En 8 reales. (E.)

Vegecio de re militari, en francés, ano de mil y quinientos y treinta y seis; en folio; encuadernado en papelón y cuero negro.— En 2 reales. (E.)

Apiano Alexandrino, en francés, impreso año de mil y quinientos y cuarenta y cuatro, en León, encuadernado en cartones y cuero colorado.— En 4 reales. (E.)

El Consulado, en catalán, impreso año de mil y quinientos y diez y ocho, en folio; encuadernado en pergamino.— En 2 reales. (S. L.)

Las honras que se hicieron en Bruselas del Rey D. Fernando, impreso en pergamino con las primeras hojas iluminadas, en folio.— En 2 reales. (S. L.)

El viaje del Principe D. Felipe, recopilado por Estrella, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y dos; encuadernado en cartones dorados, en folio.— Tasado en 12 reales. (E.)

En cuarto.

Ovidio Metamorphossios, de Ludovico Dolce, en italiano, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y tres, en cuarto mayor; encuadernado en cartones dorados. En 12 reales. (E.)

Comentarios de Albar Nuñez Cabeza de Vaca; con cubierta carmesi, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y cinco.— En 2 reales. (E.)

Libro de los títulos y descendencia del Rey D. Phelipe, nuestro señor, hecho por Jacobo Maynoldo, impreso en pergamino año de mil y quinien- tos y setenta y tres; encuadernado en pergamino, iluminado.— En 4 rea- les. (S. L.)

Canciones en alabanza del Rey D. Felipe, nuestro señor, en francés; en- cuadernado en cartón y cuero colorado: autor Christobal Plantino, dupli- cado, el uno encuadernado en terciopelo carmesi labrado, y el otro en cuero colorado retocado. En 4 reales. (S. L.)

Tratado de la manera de fortificar las ciudades, de Juan Baptista de Zanchi, en italiano, impreso año de mil y quinientos y cincuenta y cuatro; encuadernado en pergamino.— En un real. (S. L.)

Un libro intitulado ínterin, en tudesco; encuadernado en cuero negro, en cuarto.— No es de valor. (S. L.)

Recopilación de cartas entre el Emperador Carlos V y Francisco, Rey de Francia, en francés; encuadernado en cartones y cuero negro. No es de valor.

LA LIBRERÍA DE FELIPE U 49

Historia de los corporales de Daroca, impresa año de mil y quinientos y cincuenta y tres; encuadernado en cartones, cubierta de cuero colorado. No es de valor.

Libro Dechado de labores, impreso año de mil y quinientos y cuarenta y tres; encuadernado en pergamino. No es de valor.

Libro de cifras en intaliano, de Pico Comino Fedili; encuadernado en cartones cubiertos de tafetán, en cuarto.— En un real.

Un libro de los breves y sentencia en favor de la Reina Dona Catalina de Inglaterra; encuadernado en pergamino.— No es de valor.

En ocho, impresos.

Primera, tercera, cuarta y quinta Décadas de Tito Livio, en latín, con las anotaciones de Enrico Qlareano, en cinco cuerpos, impresos año de cuarenta y dos, del Grifo; encuadernados en cartones cubiertos de cuero negro.— En 24 reales. (E.)

Polibio, historiador, del Grifo, impreso año del cuarenta y dos; encua- dernado en papelón y cuero negro. En 4 reales. (E.)

Historia romana de Utropio, en latín, impreso año de mil y quinientos y cuarenta tres, en cartones y cuero negro. En un real. (E.)

Historias de Paulo Emilio de los Reyes de Francia, en latín, impreso ano de mil y quinientos y cuarenta y ocho; encuadernado en papelón y cuero negro.- En 3 reales. (E.)

Comentarios de César, en latín, impreso año de cuarenta y tres; encua- dernado en papelón y cuero colorado, plateado. -En 2 reales. (E.)

Pomponio Mela, Julio Solino y el Itinerario de Antonino y Víctor, de Urbe romana, y Dionisio Afer, De situ orbis, en latín, impreso año de mil y quinientos y veinte y seis; encuadernados en cartones y cuero negro.— En un real. (E.)

Suetonio Tranquilo, en latín, del año de treinta y cuatro; encuaderna- do en papelón y cuero verde, dorado.— En 3 reales. (E.)

Los comentarios de la guerra de Allemaña, de D. Luis de Avila, en la- tín, Imperial, año de mil y quinientos y cincuenta; encuadernado en pape- lón y cuero colorado, dorado.— En 2 reales. (S. L.)

P. Guillermo Antolín. (Continuará.) o. s. a.

REVISTA CANÓNICA

Sagrada Congregación de Ritos.

I Urbis et Orbis.

DE MISSA VOTIVA SOLÉMNI SSMI. SACRAMENTI, VEL DE PACE, OMITTENDA IN ORATIONE XL HORARUM, DIE COMMEMORATIONIS OMNIUM FIDELIUM DEFUNC- TORUM

Ex Constitutione Apostólica Incraentam Altaris Sacriflciam Ssmi. Dni. nostri Benedicti Papae XV diei 10 augusti 1915 permittitur Expositio Ssmi. Sacramenti pro Oratione XL Horarum etiam die Commemorationis om- nium fideli um defunctorum. Attamen Misae de Requie cum vestibus sacer- dotalibus colorís violacei non sunt celebrandae ad Altare Expositionis.

Per eandem Constitutionem et subsequentem S. R. C. declarationem seu Decretum Urbis et Orbis, diei 28 februarii 1917, Commemoratio om- nium fidelium defunctorum Festis solemnioribus primaiiis ritus duplicis primae classis aequiparatur.

Hisce praemissis, quaeritur: Licebitne adhuc celebrare unicam Missam solemnem de Ssmo. Sacramento, vel de Pace, de qua sermo est in Instruc- tione Clementina et in Decreto geneali S. R. C, n. 3864, diei 9 iulii 1895, ad 4, pro Oratione XL Horarum, quando dies expositionis vel repositionis, aut medius, incidit in diem Commemorationis omnium fidelium defun- ctorum?

Sacra Rituum Congregatio, audito specialis Commissionis suffragio, praepositae questioni, ómnibus sedulo perpensis, respondendum censuit: Negative, et ad mentem.

Mens autem est: «In Ecclesiis ubi die Commemorationis omnium fide- »lium defunctorum fíat Oratio XL Horarum cum Ssmo. Sacramento solem-

REVISTA CANÓNICA 51

»niter expósito, huiusmodi expositio sequatur, repositio vero cum pro- >cessione praecedat Missam cantatam de die Commemorationis omnium »fídelium defunctorum.» Et Sacra eadem Congregatio, approbante Ssmo. Domino nostro Benedicto Papa XV, ita rescripsit, declaravit et servari mandavit. Die 26 februarii 1919. >í< A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Ru- finae, S. /?. C. Praefectas.

II

Dubiuin.

Rmus Ordinarius Albinganensis Dioecesis a Sacra Rituum Congrega- tione sequentis dubii solutionem bumiliter expostulavit, nimirum;

Utrum, attenta Constitutione Apostólica Incruentum Altaris sacrifi- ciam, diei 10 augusti 1915, in Commemoratione Omnium Fidelium defun- ctorum, liceat canere Missam pro defuncto, praesente cadavere?

Et Sacra Rituum Congregatio, audito specialis Commissionis voto, ómnibus sedulo perpensis, rescribendum censuit:

Affirmative, iuxta Rubricas et Decreta. Missa autem sit una ex tribus Missis quae dicuntur in Commemoratione Omnium Fidelium defuncto- rum: et Orationi Missae addatur Oratio pro defuncto, sub única conciu- sione.

Atque ita rescripsit et declaravit, die 10 ianuarii 1919. >í< A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufínae, S, R. C. Praef acias.

III

DE BENEDICTIONIBUS ET SACRAMENTALIBUS PRO CATECHUMENIS

Rmus Dñus Ludovicus Martrou, e Congregatione Spiritus Sancti, epi- scopus titu!. Corycen. et vicarius apostolicus Gabonen., a S. Rituum Con- gregatione reverenter expostulavit:

«An benedictiones imprimis impertiendae catholicis quae, iuxta can. > 1.149 Codicis luris Canonici, dari queque possunt catechumenis, intelli- »gi debeant etiam de sacramentalibus publicis ac proinde admitti possint »catechumeni ad impositionem cinerum, traditionem candelarum et pal- >marum?

Et Sacra eadem Congregatio, audito specialis Commissionis suffragio, ómnibus perpensis, respondemdum censuit: affirmative,

Atque ita rescripsit ac declaravit, die 8 martii 1919. >í< A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufínae, S. R. C. Praefecíus.

52 REVISTA CANÓNICA

IV

Dnbium.

DE NOMINE ANTISTITIS EXPRIMENDO IN CANONE MISSAE

Ex canone 294 Codicis luris Canonici, ubi legitur «Vicarii et Praefecti »Apostolici iisdem iuribus et facultatibus iti suo territorio gaudent, quae >in propriis dioeccsibus competunt Episcopis residentialibus, nisi quid » Apostólica Sedes reservaverit», exortum est et Sacrae Rituum Congrega- tioni propositum, pro opportuna declaratione, sequens dubium, nimirum:

«An Vicariis et Praefectis Apostolicis de novo iure competat, in proprio territorio, ut nominentur in Canone Missae?»

Et Sacra eadem Congregatio, audito specialis Commissionis voto, atten- to etiam can. 2et altero 308 Codicis luris Canonici omnibusque perpensis, respondendum censuit Negativa iuxta rubricas et decreta; quia de iure adhuc vigente, in Canone Missae, post verba Antisiiíe nostro exprimen- dum est tantum nomen Patriarchae, Archiepiscopi et Episcopi qui sint Or- dinarii loci, et in propria Dioecesi.

Atque ita rescripsit et declaravit, die 8 martii 1919. ^ A. Card. Vico, Ep. Portuen. et S. Rufinae. 5. R. C. Praefectus. L. >í< S. Alexandre Verde, Secretarias.

bibliografía

Les cathoUques franjáis et l'Aprés-Guerre, par l'Abbé Beaupain.— Un vol., de 157 págs., en 8.».— Bloud et Gay, éditeurs.— París-Barcelone, 1918.

Mucho se ha ilustrado en el vecino país el tema de las orientaciones que deben seguirse como fruto de las enseñanzas de la guerra. Unos estu- dios han versado sobre la dirección intelectual, tan descaminada en toda la edad moderna, y otros sobre el porvenir económico, que tantos proble- mas entraña. El libro que tenemos a la vista, no es nada de eso; se refiere, principalmente, pudiéramos decir exclusivamente, a los problemas de ac- ción religiosa y moral, en cuya solución deben emplear su actividad los católicos, para que el resurgimiento de la patria sea más eficaz y más com- pleto.

En cinco capítulos desarrolla su pensamiento el autor. Después de al- gunas reflexiones muy generales sobre el actual estado religioso de Fran- cia, en que tanto han influido las enseñanzas del conflicto mundial, habla el autor, con alto sentido patriótico, de la reforma y progreso de la vida cristiana en las diferentes clases sociales y expone la orientación de salud que debe darse al problema de la educación por parte de los católicos. En uno y otro punto señala el autor las deficiencias habidas, las faltas notadas que deben enmendarse para mejor prosperidad moral y religiosa del país. Dedica otro capítulo muy interesante a las relaciones mutuas entre los ca- tólicos franceses, indicando las condiciones de la unión que han de mos- trar en su conducta y en sus sentimientos, así como las condiciones en que deben desarrollar su acción social para mayor eficacia de su apostolado en el bien de la patria. La exposición de los deberes de los católicos con rela- ción a los que no comparten las mismas creencias llena el último de los capítulos y completa el tratado de una materia que encierra verdadero in- terés, y cuyo estudio se recomienda con su sola enunciación:

La importancia del libro no está solamente en los asuntos que se dilu- cidan en cada uno de sus capítulos, sino también, y muy especialmente, en la forma de exposición, animada toda ella por reflexiones del orden sobre-

54 BIBLIOGRAFÍA

natural que vienen a reforzar los argumentos de la ética natural dándole los atractivos de un divino apostolado.— -fí. R.

La emperatriz Isabel, por el limo. Sr. D. Javier Vales Failde, rector de la Universidad Católica. Correspondiente de la Real Academia de la Histo- ria.—Madrid.— Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Olóza- ga, 1.— 1917.

Ya nos cuenta en el prólogo el ilustrado Sr. Vales Failde el origen y las causas que motivaron la publicación de la presente obra: el origen es una serie de conferencias dadas a las señoras en la Universidad Católica a raíz del nombramiento del autor de este libro para rector de la misma y para desempeñar la cátedra de Estudios sociales femeninos, cargos que vino a ocupar al cesar en los mismos el que fué elevado a la Sede episcopal de Barcelona, Sr. Reig Casanova. Ante las lecciones del sabio autor, las se- ñoras asistentes a las conferencias se entusiasmaron con la excelsa figura de la emperatriz Isabel y rogaron al ilustre conferenciante que las publica- ra en forma de libro; así lo hizo, «cambiando únicamente la forma, que es la de un libro, para que haya más unidad».

El carácter, pues, de la obra no es (ya lo dice también el autor) un libro empedrado de citas, ni una novela histórica, sino una semblanza de la emperatriz y reina Isabel, una vulgarización de la vida de tan alta señora^ modelo de madres, de esposas, de hermanas y de reinas.

Para dibujar esta figura en toda la plenitud de su majestad y grandeza ha utilizado el sabio autor multitud de documentos con los que nos pre- senta a la Emperatriz en su verdadero retrato, descartando cuidadosamente todo aspecto legendario o novelesco, con lo cual consigue sembrar y di- fundir las virtudes cívicas de que tan necesitada se halla la sociedad con- temporánea, y de que tan alto ejemplo dio la amantísima esposa del invicto cesar español. P. Gutiérrez.

Cours de Psychologie et de Philosophie.— I. Psychologie, par T. Baudin, pro- íesseur au CoUége Stanislas. Paris, ancienne librairie Poussielgue. J. de Gigor, éditeur. 15, rué Cassette. 1917.— Un vol., en 4.^, de V-618 págs.

Forma el presente tomo el primer volumen del curso de Filosofía aco- modado a los programas por lo que está regulado su enseñanza en la veci- na República. Esta circunstancia nos explica la elección y distribución de material y el método seguido por el autor en la exposición de las mismas. No es un tratado de Psicología empírica, de esa Psicología meramente po-

BIBLIOGRAFÍA 55

sitiva, que estudia el conjunto de sentimientos, pasiones, inclinaciones y há- bitos, que constituye la fisonomía moral de un hombre, su carácter y su personalidad; no es tampoco una Psicología metafísica del principio subs- tancial e inmaterial, raíz y causa última de todos los estados de conciencia. Es una Psicología científica, como se complace en llamarla el autor, una investigación de los diferentes grupos de fenómenos psíquicos, análisis de los mismos y su explicación por medio de las leyes a que están sujetos.

Trazado el plan, el autor lo va desarrollando con maestría verdadera- mente singular, que delata al profesor, que durante muchos años ha procu- rado asimilarse bien la asignatura a fin de poderla comunicar con toda claridad y no falta de interés a sus discípulos. En veinte y siete capítulos está dividida toda la materia. Todas las cuestiones están admirablemente enfocadas y desarrolladas; y si acaso se echa de menos la erudición de que se suele alardear hoy en toda clase de textos, y en especial en los de Filo- sofía, esta misma supresión, intencionada por otra parte, de las innumera- bles opiniones y teorías en alguna cuestión determinada, resulta una ven- taja indiscutible para aquellos a quienes va dedicada la obra.

La claridad en la exposición y el complacerse el autor en multiplicar los símiles y las comparaciones con el fin de llamar más eficazmente la atención de los lectores sobre alguna doctrina importante o consecuencia práctica, son adornos que hacen muy agradable la lectura de las doctrinas algunas veces un tanto abstrusas por la misma índole del asunto. Nos atre- veríamos a augurar a este primer volumen de M. Baudin una gran difusión entre nuestros jóvenes estudiosos, si hubiera alguno que lo vertiese a nuestro idioma en lenguaje claro y elegante, como lo es, sin duda alguna, el del original. P. V. Burgos.

Episodios de la Guerra Europea.— Casa editorial de Alberto Martín.— Conse- jo de Ciento, 140.— Barcelona.

Hemos recibido los cuadernos Q7, 98, 99 y 100 de la notabilísima obra que viene publicando la Casa editorial arriba citada y que está escrita por el reputado periodista Sr. Pérez Carrasco con información muy documen- tada sobre la historia de la conflagración europea.

Los cuadernos que tenemos a la vista, de 20 a 30 páginas cada uno, se refieren a los episodios que tuvieron lugar en Gallípoli y a las circunstan- cias de la entrada de Italia en la Guerra. Varias ilustraciones companan al texto y algunas láminas realzan el valor de la empresa, contribuyendo todo ello al acrecentamiento del interés que inspira su lectura.— P. B.

56 BIBLIOGRAFÍA

EsUmpas serie «Alfa». —Librería Católica Internacional.— Claris, 82. -Bar- celona.

De muy buen gusto es la colección de estampas de la serie «Alfa» con que la Casa editorial de Luis Gili, de Barcelona, inaugura las series que tiene en proyecto y en vías de ejecución. Son notables, no sólo por la no- vedad de su presentación material, sino, lo que las hace aún más recomen- dables, por su valor piadoso y artístico.

Consta actualmente la serie «Alfa» de 44 modelos (tamaño, 55 X 105 milímetros).

También ha publicado un bello recordatorio de Primera Comunión, que representa a Jesús Eucarístico, y está impreso en papel couchéf con artística orla dorada que acrecienta la riqueza del conjunto.

Este recordatorio se ha impreso con texto castellano, catalán y portu- gués.

Derecho Sacramental y Penal especial. Con arreglo al novísimo Código de Pío X promulgado por Benedicto XV, a las declaraciones subsiguientes de la Santa Sede y a las prescripciones de la disciplina española y de la América Latina, por el P. Juan B. Ferreres, S. J. Un vol., de 550 páginas, en 4.*— E. Subirana, editor, Puertaferrisa, 14, Barcelona.

Cuantos conocen las Instituciones Canónicas^ del P. Ferreres, editadas ya por segunda vez desde la promulgación del nuevo Código de Derecho canónico, se felicitarán con seguridad al tener en sus manos esta obra im- portantísima, que es una adición feliz y muy necesaria para que resulte completo el comentario de la nueva legislación canónica.

Son dos los tratados que encierra: el Derecho Sacramental^ con aten- ción preferente a los Sacramentos del Orden y del Matrimonio, y el Dere- cho Penal especial, en que se expone todo lo legislado acerca de la mate- ria hasta los momentos actuales. Añádese un tercer tratado a manera de complemento con la exposición de los títulos XVIIl y XXX-XXXII de libro IV, por su conexión con el Derecho Penal especial.

Como destinada la obra para profesores de Derecho canónico y alum- nos en Seminarios y Universidades, abogados y sacerdotes con cura de almas, los tratados ofrecen la conveniente extensión, particularmente el del Sacramento del Matrimonio, que abarca más de doscientas páginas, con una exposición muy completa de cuantas cuestiones, así canónicas como morales, a esa materia se refieren, incluyendo, además, para mayor ilustración de los estudiosos, gran parte de la disciplina ya fenecida, cuyo conocimiento tanto contribuye, aunque por modo indirecto, a esclarecer

BIBLIOGRAFÍA 57

la legislación en vigor. Citar algunos de los puntos que se dilucidan en la obra sería empequeñecerla, a menos de dedicarle varias páginas, de que nos dispensa el nombre del autor, tan acreditado entre los doctos por su mucha competencia en estas materias y por las condiciones didácticas in- superables de que sabe revestir todas sus sobras.

Muy sinceramente le felicitamos por este su nuevo acierto de tratadista meritísimo de la ciencia moral y canónica, como felicitamos también al ilustre editor Sr. Subirana, digno de todos los encomios por su coopera- ción en una obra que tan felizmente responde a las necesidades de la cien- cia eclesiástica.— fí. R. G,

Anuario Eclesiástico 1919. (Edición española.)— Año V.— Un vol., de 974 pági- nas, en 4.o~Subirana, editor y librero pontifício.-Puertaferrisa, 14. -Bar- celona.

Es el presente Anuario de los pocos libros que dan a conocer una parte del movimiento intelectual en nuestra nación y reflejan el cuadro eclesiás- tico con detalles de información sumamente útil para el conocimiento de un país. Trabajos de esta índole son comunes en otras naciones, y por lo mismo no hay palabras para alabar bastante la nobilísima empresa de la Casa editora.

Contiene este volumen, entre otras materias de carácter doctrinal e in- formativo:

Resena arqueológica, histórica y artística de las basílicas romanas se- gún el orden del ano litúrgico, a la que acompaña una espléndida infor- mación gráfica de los grandes templos.

Relación de los 22.000 parroquias y tenencias de toda España, dividi- das en obispados, con datos estadísticos de cada población y 58 mapas sin relación ninguna con los publicados en años anteriores.

Homilías sobre las epístolas del año con notas exegéticas y reflexiones morales, a las que sigue un resumen de las disposiciones canónicas ema- nadas de las Sagradas Congregaciones en ese lapso de tiempo; las efeméri- des del año eclesiástico y civil y un repertorio ideológico de lo publicado en periódicos y revistas católicas de España desde Octubre del año 1917 al de 1918.

Ya hemos dicho la utilidad de esta publicación que desde hace cinco años viene dando a la luz el Sr. Subirana, cada vez con datos nuevos muy interesantes y de cuya bondad es garantía la aceptación que han obtenido las ediciones anteriores entre el clero secular y regular en España y en América.~P. B.

58 BIBLIOGRAFÍA

LIBROS RECIBIDOS

Instituciones del Derecho Eclesiástico con arreglo al novísimo Código de Derecho Canónico y según la Teología, la Apologética y la Filosofía e Historia del Derecho eclesiástico, con inclusión de la Disciplina Eclesiás- tica Española. Obra redactada para el uso de las cátedras y curias y de conformidad con el decreto de la Sagrada Congregación de Estudios del 7 de Agosto de 1917, por D. Dalmacio Iglesias.— Fascículo 2.°— Un volumen, de 730 págs., en 4.°— Hijos de J. Espasa, editores.—Cortes, 579. Barcelona.

Ricardo del Arco, cronista de Huesca y su provincia.- Dos ^ra/zc/es coleccionistas aragoneses de antaño (Lastanosa y Carderera).— Folleto, de 11 págs., en 4.° mayor. Madrid.— Imprenta Moderna.— 1919.

—Los amigos de Lastanosa. -Cartas interesantes de varios eruditos del siglo XVII.— Folleto, de 55 págs., en 4.^— «Revista Histórica*.— Valla- dolid.-19I8.

—La inédita Iglesia de Santiago en Agüero.— FoW tío, de 28 páginas, en 4.°— Madrid.— Establecimiento Tipográfico Fortanet.— 1919.

—Discursos leídos ante la Real Academia Hispano- Americana de Ciencias y Artes en la recepción pública del R. P. Tomás Lahorra, O. S. A. —Folleto, de 58 págs., en 8.<*— Cádiz.- Tipografía Comercial.— 1919.

—J. V. Bainvel: La Divozione al S. Cuor^.— Storia e Dottrina.— Un volumen, de 500 págs., en 4.°— Milano.— Societá editrice «Vita e Pensie- ro».— 1919.

Cuestionario Teológico. Tomo W.—De Gracia y Virtudes, por el M. I. Sr. D. Francisco Salvador Ramón, Canónigo de la S. I. C. de Qua- dix.— Un vol., de 294 págs., en 8.°— Guadix.— Imprenta de la «Divina In- fantita».— 1919.

Dott. N. Casacca.— // Papa e L'Italia.-Vn vol., en 4.°, de 59 pági- nas.-Boiogna.—MCMXIX.

CRÓNICA GENERAL

Madrid-Escorial, 30 de Junio de 1919.

ROMA

Muchos periódicos han reproducido en compendio la carta encíclica que Su Santidad Benedicto XV ha dirigido al Episcopado alemán con mo- tivó de celebrarse este año el centenario duodécimo de la fecha en que San Bonifacio, mártir, comenzó su obra de la evangelización de los países ger- mánicos, prolongada durante cuarenta años de incesantes fatigas, y por último sellada con la sangre del martirio. El documento de nuestro Santí- simo Padre, que lleva la fecha de 14 de Mayo, al enaltecer la grandiosa ^g\x- xdi áú Apóstol de las tierras germánicas, constituye una lamentación de las calamidades que se agravan sobre el mundo, y en especial sobre los pueblos que San Bonifacio conquistó para la fe, y es un llamamiento deli- cado y paternal a las naciones para que abran paso a la benevolencia mu- tua y al afianzamiento de la unidad religiosa por los vínculos de la caridad. Aquel sentimiento de pacificación que inspiró todos los actos del Padre Santo durante la guerra, brilla con nuevos resplandores en este documen- to, donde se ve al Padre común de la cristiandad, elevado por cima de to- dos los odios, rivalidades y pasiones, compadeciendo a sus hijos que su- fren y suspirando por su bien.

Es ya oficial la erección de la Nunciatura Apostólica en la República de Polonia, y que Su Santidad ha nombrado para el cargo de Nuncio a monseñor Aquiles Ratti, Prefecto de la Biblioteca Vaticana, asignándole el título de Arzobispo de Lepanto. Antes, el Gobierno polaco había designa- do representante suyo cerca de la Santa Sede al profesor Kovalski.

Desde Mayo de 1918 se hallaba en Polonia Mons. Ratti, a quien Su San- tidad envió como Visitador apostólico, y que encontró grata acogida entre los polacos. El Papa, que en su nota de paz a los jefes de los pueblos beli- gerantes hizo alusión al antiguo reino de Polonia, quiso manifestar su gozo por la independencia de aquel país y lo demostró en carta al Arzobispo de

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Varsovia elevándole a la dignidad cardenalicia, como signo de sus predi- lecciones hacia la nación católica que de nuevo resurgía a la vida indepen- diente. Todo ello ha constituido el antecedente de este fausto suceso, que ha tenido por fin el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Polonia y el Vaticano.

—En los días 2 al 5 de Junio se celebró en Roma el primer Congreso eucarístico diocesano, verificándose las sesiones en la iglesia de San Apo- linar, bajo la presidencia de Mons. Palica, y asistiendo en sitios de prefe- rencia el Cardenal Pompili, Vicario de Su Santidad, con otros Emmos. Car- denales y prelados de la Iglesia romana. En una de las sesiones intervinie- ron solamente los eclesiásticos, que discutieron los temas «Vida eucarística sacerdotal» y «El Apostolado del sacerdocio en las obras eucarísticas». En las otras sesiones intervinieron seglares también, discutiéndose temas muy interesantes. Se cerró el Congreso con una Vigilia de la Adoración Noc- turna en la iglesia de los Capuchinos, y al homenaje de los miembros del Congreso al Sacramento siguió el dedicado al Vicario de Cristo en el Vati- cano, pues todos fueron recibidos en audiencia por Su Santidad, que en la sala del Consistorio les dirigió un discurso de alientos para el Apostolado eucarístico.

—UOsservatore Romano ha publicado el texto de la respuesta de Su Santidad al mensaje de los sacerdotes de la diócesis de Budweis (Bo- hemia) y de los miembros de la Congregación Marial, fundada por los re- dentoristas, haciendo un acto de adhesión a la Santa Sede y desautorizan- do y deplorando la aberración de los eclesiásticos si bien en número muy reducido— que han intentado hacerse los promotores de inadmisibles reformas.

El Papa expresa en dicha respuesta el consuelo que le ha proporcio- nado el mensaje, cuyos signatarios se declaran prestos, más que a mante- ner, a sacrificarse por la santidad de los deberes sacerdotales.

Alaba asimismo los generosos sentimientos que demuestran, y que se- guramente serán ios de todo el clero de Bohemia:

«Nos estamos seguros de la fe y de la devoción que ha brillado siem- pre en dicho clero, y Nos esperamos en que bajo el patronato de San Juan Nepomuceno, mártir incomparable de las virtudes, el clero de Bohemia, despreciando la temeridad de un pequeño número, permanecerá en sus deberes.»

—Todos los prelados belgas han dirigido a Su Santidad un mensaje de adhesión, al cual ha contestado el Padre Santo en los siguientes tér- minos:

«Con la más viva complacencia Nos hemos leído el mensaje que nos

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habéis enviado el mismo día en que por vez primera habéis podido re- uniros, después de cuatro años de dolorosa separación.

Vuestra carta recuerda la larga serie de calamidades que cayeron sobre vuestro país, cuyas consecuencias aun sufrís.

Con gran delicadeza de corazón nos recordáis también nuestras so- lemnes protestas contra las injusticias y violaciones del Derecho cometi- das con Bélgica, así como nuestros esfuerzos por dulcificar tantos sufri- mientos, poniendo particularmente de manifiesto vuestra confianza inde- fectible en nuestra acción.

Y en verdad que esta confianza no está desprovista de fundamento. De hecho, el estar animado de esta caridad universal que nos liga a

todos nuestros hijos abrumados por el dolor y por la aflicción— caridad que tiene su origen en el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo— , Nos no tenemos más remedio que mirar a vuestro pueblo con especial simpatía y sentir por él una particular conmiseración.

Mientras que nos ocupamos con todo nuestro poder en llevar algún alivio a los sufrimientos de tantos hijos infortunados, no hemos cesado de trabajar jamás para restituir a vuestro querido país su plena independen- cia política, militar, económica, y para que sean reparados los daños que ha sufrido, Nos tenemos la plena conciencia de haber hecho por Bélgica y por su pueblo todo lo que nos era posible, todo lo que podía sugerirnos la radiante caridad de Cristo y la afección paternal más tierna.

Por eso, venerables hermanos, nos es consolador oiros repetir que jamás habéis dudado de vuestro Padre, ni aun en los momentos más críti- cos; como también nos es muy dulce pensar que toméis parte hoy en una alegría que es la Nuestra, brindándonos la ocasión de ofrendar al Dios de las Misericordias un himno de acción de gracias.

Y habéis querido igualmente recordarnos la invocación: «Que el Sa- grado Corazón de Jesús salve a Bélgica, que Él la eleve, que la vuelva des- pués de sus terribles pruebas más fuerte y más bella que antes.>

Seguramente el Sagrado Corazón de Jesús lo mismo que la ha salvado, la ensalzará, y bajo el cetro de su valeroso Soberano, la volverá más bella y más fuerte, porque el pueblo belga, de ello estamos seguros, no dejará de cooperar a esta grandiosa obra, poniendo su confianza en este adora- ble Corazón, para merecer así su especial confianza.

En prenda de esta resurrección, os concedemos con todo el alma la apostólica bendición a vos, a vuestros venerables hermanos, como también a vuestro clero y a todos los fieles confiados a vuestra solicitud,— Bene- dicto Papa XV.»

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EXTRANJERO

El día 28 de Junio se firmó la paz entre Alemania y sus adversarios, en la célebre Galería de los Espejos, del Trianón, de Versalles, produciendo el hecho gran alegría en pueblos y naciones sometidos durante cinco años a la presión más terrible que se conoció en la Historia. Por toda la Prensa se ha derramado, con profusión, el sentimiento admirativo y piadoso ha- cia las víctimas que cayeron en el horrendo choque.

Con la firma del Tratado de Versalles, ha dado por terminada su la- bor el Consejo de los Cuatro. Wilson, embarcó al día siguiente, en Brest, con dirección a su país, y Lloyd George, deja, a lord Balfour, la represen- tación del Gobierno inglés en el Consejo interaliado, que habrá de seguir la obra de imposición a austríacos, turcos y búlgaros.

Desgraciadamente, el vino de la paz tiene mucha agua. La Delegación china no ha querido firmar el tratado, como protesta contra las solucio- nes sobre sus territorios de Kiao-Tcheo y Chan-Tung; el Ministerio italia- no, presidido por Orlando, sucumbió sin arreglar la cuestión del Adriáti- co; en el Este de Europa sigue la amenaza bolcheviquista, y por todas par- tes el socialismo se desata en invectivas contra el tratado impuesto en Versalles. Continuará, durante anos, la ocupación de los territorios del Rhin, por los ejércitos anglofrancoamericanos, y esto demuestra hasta qué punto puede confiarse en la paz elaborada en París. Digamos los princi- pales acontecimientos de la quincena.

Las modificaciones del tratado de paz,— k las contraproposiciones alemanas entregadas al Consejo de los Cuatro por Brockdorff Rantzau, el día 29 de Mayo, dieron aquéllos respuesta el 16 de Junio, que consignare- mos, cotejándola con el primer proyecto aliado y con el contraproyecto alemán, según estudio que de unos y otros documentos hace La Época:

Cuestiones de principio.— En el documento alemán se establece que el tratado está en oposición con los catorce puntos de Wilson y con las de- claraciones de los estadistas aliados acerca del derecho de los pueblos y de la paz del derecho, citándose a tal efecto muchos textos.

La respuesta de los aliados dice que no admite otra interpretación de la doctrina wíisoníana que la hecha por el propio Wilson, y recuerda a

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Alemania su situación de país que ha fracasado en una formidable tenta- tiva de agresión amenazadora contra el mundo entero.

Liga de Naciones: Proyecto aliado.— Cons'xáersi la Sociedad de Nacio- nes como la prolongación universal de una coalición victoriosa, mantenida para garantir la ejecución del tratado de paz e impedir toda tentativa de desquite de los vencidos.

Contraproyecto alemán. Considera la Sociedad de Naciones como el órgano de una reconciliación inmediata de los antiguos enemigos, que se aproximarían trabajando en común para la reparación de las ruinas. En estas condiciones, Alemania aceptaría reducir su ejército a 100.000 hom- bres y suprimir su flota de guerra, bien entendido que todas las potencias seguirían el ejemplo del desarme.

Proyecto definitivo.— Ldi concepción inicial de la Sociedad de Nacio- nes es mantenida, pero se deja entrever la admisión de Alemania en un próximo porvenir t si se conforma a las obligaciones internacionales. La reducción del ejército alemán a 100.000 hombres se aplaza hasta el 31 de Marzo de 1920, fecha de la expiración del último septenado militar de 1913.

La disminución se hará progresivamente partiendo tres meses después de la firma de la paz de un efectivo de 200.000 hombres.

Cuestiones territoriales: Proyecto aliado. —Los aliados reclamaban el abandono puro y simple de la Alsacia-Lorena de 1870, de Posnania, de Alta Silesia y una parte de Prusia occidental, con una faja conducente al Dantzig. Este gran puerto del Vístula, y el puerto secundario de Memel eran internacionalizados. Se preveían, además, plebiscitos en la regencia de Allenstein (Prusia oriental), en tres zonas del Slesvig, en los distritos de Eupen y de Malmedy, cedidos a Bélgica; y en la cuenca del Sarre, in- ternacionalizada en un período de quince años, y cuyas minas de carbón pasan inmediatamente a ser propiedad de Francia.

Contraproyecto a/ema/z.— Alemania consiente en abandonar, bajo re- serva de la garantía de derecho, a las minoridades alemanas, los territorios indiscutiblemente extranjeros (Posnania). Recíprocamente, se niega a toda discusión sobre los territorios que considera precisamente alemanes (Alta Silesia, Prusia occidental, Slesvig meridional, Eupen y Malmedy). Las sali- das marítimas de Polonia sólo se asegurarían por zonas francas.

Para casos dudosos, Alemania reclama un plebiscito, insertando entre ellos la Alsacia-Lorena.

Proyecto definitivo.— Lb. respuesta de los aliados admite la demanda alemana en lo que concierne a la garantía de las minorías. Se verificará un plebiscito en la Alta Silesia, en un plazo de seis a diez y ocho meses.

El plebiscito es abandonado en el Slesvig meridional. Por el contrarío,

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se mantienen íntegramente las decisiones adoptadas para la Prusia orien- tal (regencia de Allenstein), para Prusia occidental, Dantzig y Memel. Tam- bién se rechazan de plano las proposiciones alemanas sobre Alsacia-Lore- na y los distritos belgas.

Colonias: Proyecto fl//aí/í).— Abandono puro y simple de las colonias alemanas y de Kiao-Tcheo.

Contraproyecto alemán.— Las colonias alemanas se colocarán bajo la intervención de la Sociedad de Naciones, con mandato de administración reservado a Alemania. Indemnización por las pérdidas que supone el aban- dono de Kiao-Tcheo.

Proyecto definitivo. Se mantienen las decisiones primitivas.

Política mundial: Proyecto de los aliados.— Ktnuncia. pura y simple de Alemania a todos sus derechos e intereses en el exterior. Liquidación total de todos los bienes públicos y privados. Aceptación de antemano de todos los reglamentos ulteriores de la cuestión internacional. Entrega de toda la Marina mercante y de una parte de la flotilla fluvial y de pesca. In- ternacionalización del Oder y del Elba. Confiscación de cables telegráficos.

Contraproyecto fl/emárz.— Alemania reclama el reslablecimiento de los derechos privados tan pronto como cesen las hostilidades. Rechaza toda traba comercial, colocándose en el terreno de la libertad económica. Re- clama sus cables y sus buques. Todo lo que acepta es gravar sus barcos en una combinación internacional reguladora del flete.

Proyecto definitivo.— E\ proyecto inicial se mantiene bajo reserva de que la admisión de Alemania en la Sociedad de Naciones provoque una revisión.

Reparaciones: Proyecto aliado.— -Alemanm debe comprometerse a re- parar todos los daños causados por la guerra a todos los aliados.

Los barcos destruidos serán reemplazados, tonelada por tonelada, cons- truyendo los astilleros alemanes 500.000 toneladas por cuenta de los ven- cedores. Las pensiones de las víctimas de la guerra y los gastos de ocupa- ción militar durante quince años serán de cuenta de Alemania. El total de indemnización se fijará antes del 31 de Mayo de 1921. Alemania pagará 100.000 millones de marcos mientras el total se fija, y de ellos 20.000 an- tes de fin de 1920.

Una Comisión de reparaciones compuesta exclusivamente de aliados, fijará las contribuciones anuales, e intervendrá los recursos de los alemanes.

Contraproyecto alemán.— A\tman\a no se estima obligada a reparar más que las pérdidas sufridas por los particulares en Bélgica y en el nor- te de Francia, y por los marinos aliados en actos de violación del Derecho de gentes.

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Pide que se fije inmediatamente la indemnización, sin que pueda exce- der de 100.000 millones de los cuales pagará 20.000 millones antes de fin de 1926. Se rechaza la Comisión de reparaciones como atentatoria a la so- beranía alemana. No se admite el pago de los gastos de ocupación militar. Sólo se quiere entregar el 10 por 100 del tonelaje fluvial.

Proyecto definitivo.— A\tman\si dispondrá de un plazo de cuatro meses para hacer proposiciones financieras firmes, y los aliados las discutirán.

Mientras se mantiene el proyecto inicial.

Responsabilidades: Proyecto de los aliados.— Gu'iWermo II será juz- gado por un Tribunal internacional, y los alemanes culpables de violacio- nes de las leyes de la guerra serán conducidos ante Tribunales milita- res aliados.

Contraproyecto alemán. Ningún alemán puede ser entregado a ex- tranjeros.—Investigación internacional sobre los orígenes de la guerra.

Proyecto definitivo. Se mantienen las conclusiones primitivas.

Crisis alemana. La respuesta definitiva aliada llevada en persona por Brockdorff Rantzau a Berlín, más la carta de M. Clemenceau, verdadero amasijo de todas las recriminaciones odiosas, produjeron en Alemania terrible impresión.

El Vorwaerts, órgano del socialismo mayoritario, decía en uno de sus artículos de fondo que «la respuesta de los aliados parece más a una nue- va declaración de guerra que a la paz. El sentido común no participó en la redacción de este tratado, que respira odio irreconciliable. Continúa siendo la paz de violencia. Es la primera vez que en la Historia se insulta de tal modo a un pueblo que quiere hacer la paz. Si la Entente llama a la guerra el crimen más gran Je de la Humanidad, no otra cosa es esta paz. Dentro de los cuatro próximos días si va a tomar la más grande decisión de la Historia. Sin embargo, no sería una decisión definitiva, porque el pueblo alemán no abandonará la lucha por la justicia y la existencia. ¡Ojalá pueda ahora tener la fuerza de continuar la lucha, declarando: no!»

Otros periódicos hablaron de las consecuencias que se seguirían de no firmar las condiciones de paz. «El bloqueo decía la Gaceta de Voss— no excluye los movimientos de tropa*?. Todos los puertos del Rhin, Essen y las minas de carbón de la cuenca del Rhur serían requisados. No se pue- de oponer ninguna resistencia. También es seguro que los polacos ataca- rían en el fíente Este.

El Gobierno de Scheidemann y de Noske podría provisionalmente mantenerse contra la agitación espartaquista; pero ¿qué será del pueblo alemán, falto de carbón? Los ferrocarriles tendrían que paralizarse; no po-

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drían hacerse las cosechas; las ciudades estarían sin víveres, sin gas, sin electricidad; las industrias sin primeras materias. La imaginación no puede concebir lo que pasaría ni el dolor y la vergüenza que provocarían nuevas condiciones.

El enemigo ocupará, sobre todo, los territorios que creyera poder se- parar del resto del Imperio. Se tenderá un cordón entre el Norte y e! Sur; y el Sur, privado de todo, deberá entregarse al vencedor. Hannover será ocupado, y la misma suerte correrán las provincias marítimas. Por todas partes se proclamará la República, y los aliados considerarán con tranqui- lidad el avance hacia una República sovietistaen Berlín, República que no les molestará más que la República sovietista de Budapest. Alemania que- daría hecha astillas como antes de Bismarck y de Federico.

La gravedad del momento determinó inmediatamente discrepancias en el seno del Gobierno alemán presidido por Scheidemann, mostrándose partidarios de la firma los ministros Erzberger, Bell, Wissel y Schmidt, con- tra el parecer de otros que, con Brockdoff-Rantzau, opinaban que no debía firmarse. La cuestión se llevó a la asamblea de Weimar, donde los partidos nacionales, demócrata y popular alemán se manifestaron contrarios a la firma, siendo de opinión favorable los socialistas mayoritarios. A éstos se unían los socialistas minoritarios independientes, que optaban por firmar para luego no cumplir, y además la mayoría del partido católico del centro, que se inclinaba por la firma del tratado, pero con la salvedad de las cláu- sulas referentes a la responsabilidad única de Alemania en la guerra y a la entrega de los jefes militares. En conjunto, de 421 miembros de la Asam- blea de Weimar, eran 275 los partidarios de la firma.

En consecuencia de la división de opiniones entre los miembros del Gabinete y de que la mayoría de la Asamblea Nacional era contraria a la opinión del jefe del Gobierno, Scheidemann, se vio éste en la precisión de dimitir, y entonces se formó el Ministerio siguiente:

Presidencia, Bauer; Negocios Extranjeros, Wermann Mueller; Interior, David; Hacienda y suplente de la Presidencia, Erzberger; Obras Públicas, Scklicke; Comunicaciones, Giesberts; Economía pública, Wilssel; Tesoro, Ayer Kaufbeuren; Transportes y ministro encargado de las colonias, Bell; Defensa nacional, Noske; Abastecimientos, Schinidt.

Al presentarse en la Asamblea de Weimar el nuevo Gobierno, su pre- sidente, Bauer, hizo la siguiente declaración:

«Reconozco que es infinitamente penoso para entrar en este nuevo Gobierno, cuyo primero y postrero deber ha de'ser el de concertar una paz injusta.

La maldita obligación que pesa sobre nosotros hoy es salvar aquello

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que aun podemos salvar. Lamento que los demócratas no formen parte del nuevo Gobierno, cuyo programa no es otro que el del Gabinete an- terior.

En nombre del nuevo Gobierno me asocio a la indignación que en todos los países alemanes han producido las condiciones de paz que se nos imponen; pero he de suplicar a los señores diputados, en nombre de los intereses del pueblo alemán, no hagan cuestión de partido la acepta- ción o negativa de la firma.

No creáis que aquellos que os inducen a no firmar son verdaderos amigos del pueblo; no creáis tampoco que aquellos que, obligados por la necesidad, se han decidido por la aceptación del tratado, sean gentes que no poseen ningún sentimiento de derecho nacional.»

Hace la condenación severa de un tratado al que debe dar asentimien- to bajo una imposición inaudita. «El Gobierno debe tener en cuenta que no puede poner al pueblo frente a una crisis al cabo de cuarenta y ocho horas, porque la negativa a firmar no significaría ninguna modificación del tratado. Sólo sería un corto aplazamiento. Estando rota nuestra fuer- za de resistencia, no nos queda otra solución.»

Se dio por mayoría un voto de confianza al Gobierno, y entonces el presidente, Bauer, hizo entregar en nombre del Gobierno nacional, por me- diación del embajador von Haniel, en Versalles, la siguiente nota, acom- pañada del resultado del voto de confiauza por la Asamblea nacional al Gobierno:

«Desde el momento que supo las condiciones de paz de los Gobiernos aliados y asociados, el Gobierno de la República alemana no dejó duda al- guna de que tenía que considerarlas como contrarias a las bases que antes del concierto del armisticio habían sido aceptadas por los aliados y asocia- dos por una parte y Alemania por la otra, como condiciones para una paz. El pueblo alemán entero comparte este criterio.

Fundándose en esta base jurídica y exponiendo claramente la situación de Alemania, al Gobierno alemán no ha dejado nada sin probar, a fin de llegara deliberaciones verbales para mitigar las condiciones insoportable- mente duras hasta el grado que permitiese a Alemania firmar sin reparos ^ei Convenio de Paz y garantizar su cumplimiento.

Estos esfuerzos realizados en interés de! mundo entero por el Gobier- no de la República alemana, resultaron estériles ante la intransigencia ad- versaria.

Las muy amplias proposiciones de la Delegación alemana sólo encon- traron buena disposición en muy pocos puntos; las concesiones hechas aminoran en medida muy reducida la gravedad de las condiciones.

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En un ultimátum que caduca el 23 del actual, los Gobiernos aliados y asociados han colocado a la República alemana entre el dilema de firmar el proyecto de paz entregado o denegar la firma. En este último caso, un pueblo indefenso por completo tendría que soportar cargas aumentadas y obligado, además, a cumplir por la fuerza, y perdiendo, al mismo tiempo, el derecho a la vida que tienen todos los pueblos.

Dada la aplicación de la violencia por parte de los Gobiernos aliados y asociados, el de la República alemana no puede defender ahora este sa- grado derecho de su pueblo; pero las potencias enemigas no pueden es- perar que un pueblo firme por convicción un instrumento de paz que arrebata miembros vitales de la nación alemana e impone cargas financie- ras y económicas insoportables al pueblo germano.

El Gobierno alemán ha recibido desde los territorios que tiene que ceder en Oriente manifestaciones apasionadas del vecindario, diciendo que se opondrá por todos los medios a la separación de estos territorios, alemanes desde hace muchos siglos en su mayor parte. El Gobierno ale- mán se ve, pues, obligado a rechazar toda responsabilidad respecto a difi- cultades que pudieran surgir de una resistencia por parte de la población ante su separación de Alemania.

De esto resulta desde luego que Alemania tiene que rechazar todas las cargas que resulten de esta insinuación hecha injustamente. Tampoco puede aceptar, por herir su decoro y honor, los artículos 227 al 230, que exigen la entrega de personas culpadas por los Gobiernos aliados y aso- ciados de haber faltado a las leyes internacionales y realizado actos con- trarios a las costumbres de la guerra, para ser juzgadas.

Por lo demás, protesta el Gobierno de la República alemana enérgica- mente contra el despojo de todas sus colonias y de su justificación, que niega a Alemania la capacidad de colonizar para siempre, no obstante ocurrir en realidad lo contrario,como está comprobado irrefutablemente en las observaciones hechas por la Delegación sobre las condiciones de paz.

El Gobierno de la República alemana supone que los Gobiernos alia- dos y asociados desean que Alemania hable claramente, tanto respecto a su buena voluntad como referente a sus reparos. Cree, pues, tener dere- cho a dirigir la siguiente justa pelición a los aliados y asociados, en vista de la siuiación violenta en que el pueblo alemán está a causa de las exi- gencias enemigas, situación que en grado tan transcendental y abruma- dor jamás fué impuesta a un pueblo, y apelando a las promesas hechas por los Gobiernos aliados y asociados en su memorándum de 16 de Junio de 1919, espera que considerarán la petición como parte esencial del con- venio.

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Dentro de un plazo de dos años desde el día de la firma del convenio, los Gobiernos aliados y asociados entregarán el tratado actual para su examen al Consejo Supremo de las potencias, tal come sea creado por la Liga de los Pueblos, según el artículo 4.° Ante este Consejo Supremo, los plenipotenciarios alemanes gozarán de ios mismos derechos y privilegios que los representantes de las demás potencias contratantes del actual tratado.

Al desear el Gobierno alemán firmar las exigencias de los aliados con la reserva citada, no lo hace voluntariamente. Declara solemnemente que su actitud debiera interpretarse en el sentido de que cede ante la violencia, decidido a evitar al pueblo alemán, que sufre inauditamente, una nueva guerra, la destrucción de su unidad nacional a causa de la ocupación de más territorio alemán, el hambre espantosa que mata a mujeres y niños, y la prolongación de la retención inhumana de los prisioneros de guerra. En vista de las formidables cargas que pesan sobre el pueblo alemán, éste espera que todos los prisioneros de guerra y civiles sean repatriados desde el 1.® de Julio en el plazo más breve. Alemania devolvió los prisioneros de guerra enemigos en dos meses.

El Gobierno de la República alemana se compromete a cumplir las condiciones de paz que le fueron impuestas. Quiere, sin embargo, expre- sarse en este solemne momento con toda claridad, para rechazar desde un principio todo reproche de insinceridad que pudiera hacerse a Alemania ahora o más adelante. Las condiciones impuestos rebasan todo lo que Alemania es realmente capaz de cumplir, por lo cual el Gobierno de la República germana se cree obligado a manifestar que formula toda clase- de reservas y rechaza toda responsabilidad frente a las consecuencias que pudiesen recaer sobre Alemania, caso de que salga a la evidencia la impo- sibilidad de cumplir las condiciones, aunque la capacidad del pueblo fuera aprovechada hasta el último límite. Alemania concede, además, la mayor importancia a declarar que no puede aceptar ni cubrir por su firma el ar- tículo 231 del convenio de paz, que exige el que Alemania reconozca ser la única causante de la guerra.

El mencionado Consejo pronunciará su fallo sobre todas las condicio- nes que mermen el derecho del pueblo alemán a regir sus destinos o que dificulten un desarrollo económico libre de Alemania, con igualdad de derechos. El Gobierno de la República alemana hace, pues, la manifesta- ción de su aprobación del tratado, exigida en la carta del 16 de Junio de 191Q, en la siguiente forma: El Gobierno alemán está dispuesto a fír-' mar el convenio de paz, sin reconocer, no obstante, que el pueblo alemán

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sea el causante de la guerra, y sin el compromiso de entregar personas^ según los artículos 227 y 230 de! tratado. >

A esta nota del Gobierno alemán contestó M.Clemenceau con la siguien- te carta al presidente de la Delegación alemana en Versalles:

«Señor presidente: Las potencias aliadas y asociadas han examinado la nota de la Delegación alemana con fecha de hoy, y, debido al escaso tiem- po que queda, estiman su deber dar cuenta inmediatamente a aquélla.

En efecto, el plazo de tiempo dentro del cual el Gobierno alemán ha de tomar la decisión definitiva sobre la firma del tratado no excede de veinti- cuatro horas.

Los Gobiernos aliados y asociados han examinado con detenidísima atención cuantas observaciones fueron presentadas por el Gobierno ale- mán respecto al tratado de paz. Han contestado a ellas con entera franque- za y han hecho cuantas concesiones parecióles justo hacer.

La última nota de la Delegación alemana no contiene ningún docu- mento ni ninguna observación que no haya sido ya sujeto a examen.

Las potencias aliadas y asociadas se consideran, pues, obligadas a decla- rar que el momento de la discusión ha pasado y que no pueden avenirse a reconocer ninguna modificación o reserva, y se ven en la imprescindible obligación de exigir de los representantes alemanes una declaración inequí- voca de su voluntad de firmar y aceptar íntegramente o de negarse a ello en forma definitiva.

Una vez haya sido firmado el tratado, las potencias aliadas y asociadas considerarán a Alemania responsable de la ejecución del mismo en todas cuantas estipulaciones le integran.

Sírvase recibir, señor presidente, el testimonio de mi mayor considera- ción.—Firmado, Clemenceau.*

La protesta alemana, Ha sido el acontecimiento más ruidoso la des- trucción de la escuadra alemana por sus propias tripulaciones en el puerto inglés de Scapa Flow, donde había sido internada en los primeros días del armisticio. Las tripulaciones alemanas seguían en los buques bajo la vigi- lancia inglesa.

Se recordarán las discusiones que hubo entre los aliados respecto de la suerte de la hermosa escuadra, la siguiente en poder a la inglesa, entre todas las del mundo. Franceses y norteamericanos eran partidarios de la repartición, pero los ingleses defendieron que no convenían a Francia ta- les buques y que procedía hundirlos. Así se hallaba la cuestión, cuando el día 21 de Junio apareció la noticia del hundimiento por los mismos ale- manes.

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Entre los principales navios destruidos, se citan los siguientes: dread- noughís, Friedrich der Grosse, Koenig Alberi, Kaiser, Kronprinz Wilhem, Kaiserin, Bayern, Morghgraff, Prinz Regent Luitpold y Grosser Kur- fursi; cruceros de batalla Seydlifs, Derflinger, Yon der Tann, Hindenburg y Moltke; con otros muchos cruceros ligeros, sumando en total 400.000 toneladas con 100 cañones gruesos y 200 cañones de mediano calibre.

Las tripulaciones quedaron prisioneras en los navios ingleses, habién- dose ahogado un número considerable de marinos.

El hecho hizo estallar a los aliados en recriminaciones terribles, y mon- sieur Clemenceau lo apuntó como otra falta de honor de los alemanes.

Dentro de Alemania también se ha manifestado la protesta con ca- racteres violentos. Un telegrama de Berlín decía que cierto número de sol- dados pertenecientes a la llamada Guardia negra entró en el Arsenal de Berlín y se apoderó de las banderas capturadas a los franceses en 1870, y que según las condiciones de paz debían ser devueltas a Francia. Desfila- ron por la Unter der Linden y quemaron las banderas ante el monumento de Federico el Grande, en presencia de millares de personas.

Por su parte la Prensa se hace eco de la indignación general. El perió- dico Breazzeitung úixildi su artículo «Finis Germaniae», y dice: «La revo- lución, que debía proporcionar la libertad del pueblo, le ha conducido a la esclavitud.»

El Vorwaerts declara que la coacción ejercida por los enemigos para hacer firmar a Alemania desvaloriza a la firma alemana. La paz de Versa- lles— agrega— descansa sobre la violencia, y sólo tiene validez mientras dure la violencia.

La firma misma es un acto de pura forma y sin valor, y al realizarlo, Alemania debiera dar expresión al desprecio que siente por esta paz ver- gonzosa para los adversarios. Seguramente vendrá para Alemania el día del renacimiento.

Los acuerdos tomados en Weimar no representan la última página en la historia del pueblo germano.»

En cuanto a la protesta por el desacato al ex emperador alemán, la Liga de Oficiales Alemanes publicó un manifiesto lamentando no poder de- fender a su antiguo «Señor de guerra», y declarando que el Gobierno ale* man no debe consentir la extradición del Kaiser.

La nota comenta las noticias procedentes de la Entente, según las cua- les los aliados siguen en su empeño de juzgar al K<iiáer y a ciertas perso- nalidades, y termina diciendo: «No debemos inclinarnos ante tal preten- sión. Esto sería una traición vergonzosa hacia nuestro Kaiser y una des- honrosa infidelidad hacia nuestros jefes. Por consiguiente, la Liga de Oñ-

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dales Alemanes rechaza por unanimidad, y con profunda indignación, la injusta petición. Sabe perfectamente que todo alemán que conserve aún los sentimientos de honor de la patria, rechazará dicha proposición.»

En defensa del Emperador, el ex canciller alemán Bethmann Hollweg dirigió el 25 de Junio una carta al presidente del Consejo francés, Clemen- ceau, rogándole diera a conocer lo siguiente a las potencias aliadas y aso- ciadas:

«En el artículo 227 del tratado de paz formularon las potencias aliadas y asociadas una acusación contra S. M. Guillermo II de Hohenzollern, Emperador alemán, tildándole de haber faltado a las leyes morales inter- nacionales y al poder sagrado de los Convenios.

Anunciaron al mismo tiempo que estaban decididos a rogar al Gobier- no de Holanda entregara al Emperador para que fuera juzgado.

En relación con esto, me permito proponer a las potencias aliadas y asociadas que abran el proceso contra mi persona en lugar del Empera- dor, poniéndome yo a su disposición. Como ex canciller del Imperio ale- mán, tengo la única responsabilidad respecto a los actos políticos del Em- perador durante mi gobierno, según los derechos alemanes.

Creo, pues, poder solicitar de las potencias aliadas y asociadas me ha- gan responsable de estos actos. Convencido estoy de que las potencias aliadas y asociadas no querrán negarme esta petición que se basa en las leyes nacionales.»

Ante la efervescencia suscitada por las humillaciones, y para evitar mayores males, el presidente de la República, Ebert, y el Gobierno nacio- nal publicaron el siguiente llamamiento al pueblo alemán:

«El Gobierno hizo la manifestación de querer firmar la paz con la apro- bación de la Asamblea nacional, con el corazón oprimido y bajo la pre- sión de la violencia más desconsiderada, pero pensando siempre en evitar que nuestro pueblo indefenso tenga que hacer nuevos sacrificios y sopor- tar más hambre. La paz ha sido concertada. Ahora se trata de cumplirla y asegurarla.

Todos nuestros esfuerzos deben ir dirigidos hacia esta obligación. La paz debe ser cumplida mientras sea posible. Jamás nos olvidaremos los que quedarán bajo el dominio extranjero. Ellos son sangre de nuestra sangre, y defenderemos sus intereses en lo posible. Ellos podrán ser sepa- rados de la patria, pero no de nuestros corazones.

Tenemos el deber de trabajar. Lis cargas de la paz pueden ser sopor- tadas sólo mediante la mayor actividad. no cumplir la cláusula más mí- nima del convenio, nuestros adversarios po Irán contestar con la invasión, la ocupación y el bloqueo. El que trabaja defiende el suelo patrio.

CRÓNICA GENERAL 73

Tenemos también el deber de seguir en nuestros puestos, a pesar de todas las dificultades. El soldado, los suboficiales y la oficialidad, los em- pleados del Estado, cada uno de ellos debe seguir cumpliendo su misión en bien de todos en estos días peores entre los peores.

Se nos obliga que entreguemos compatriotas nuestros a los Tribunales enemigos.

Nos opusimos a esto hasta el límite, y comprendemos la indignación de nuestras valientes tropas, pero si los oficiales y toda la tropa no defien- de con firmeza el orden interior, millones de compatriotas serán víctimas de la ocupación, de la anexión y del terror.

Alemania debe conservar su vida. No hay trabajo sin el orden interior, y sin trabajo no pueden cumplirse las condiciones, y no habrá paz mien- tras no se cumplan. No habrá concesiones, ni revisiones, ni posibilidad de pagar todas las cargas formidables si no colaboramos todos por cumplir lo firmado. Lo que hoy se deje de hacer en un día, costará años enteros de esclavitud a nuestros hijos. Hay una sola salvación: conservar la nación y el pueblo, siguiendo unidos y trabajando. Ayudadnos en esta misión.»

cTambién el ministro de la Defensa nacional, Noske, quien a petición del presidente alemán decidió retirar su dimisión, acaba de dirigir el si- guiente llamamiento a las tropas de la Defensa nacional:

«La Asamblea Nacional acordó que el convenio de paz fuera firmado por el Gobierno, en vista de que estamos indefensos frente a la violencia adversaria. Ante el Gabinete me he pronunciado, lo mismo que los minis- tros de Guerra de Alemania y Prusia, contrario a la firma de esta paz de violencia. Pero en vano. Mi dimisión fué rechazada por el presidente déla nación y por el jefe del Gobierno, de acuerdo con los partidos mayorita- ríos de la Asamblea Nacional. Tanto el Gobierno como la mayoría del Parlamento han obrado bajo el peso de las circunstancias. Nuestro país se desangra de miles de heridas. Las masa? populares han quedado desmo roñadas e incapaces de resistir, a causa de años de sufrimientos y priva- ciones y a causa del hambre. Millones de alemanes sienten el único deseo de verse librados de la incertidumbre y de llegar a la paz. Toda la comar- ca occidental de nuestra patria teme la invasión del enemigo, lleno de odio, cuya inhumanidad y desconsideración hemos tenido que sufrir aún recien- temente, y el cual no vacilará en llevar la guerra y las devastaciones al suelo germano. La miseria y la situación angustiosa de nuestro pueblo me prohibe desertar de mi puesto, en el que soy capaz de servir a la patria, si me ayudan, como lo han hecho hasta ahora, hombres abnegados. Cámara - das: Alemania y su pueblo no pueden prescindir de vosotros. Ayudadnos

74 CRÓNICA GENERAL

a sacar la patria de la vergüenza y de la miseria para conducirla a un por- venir más benigno.»

Dimisión del mariscal Hindenburg.—ConiñsisLdo ante tantas desdichas como han sobrevenido a su patria, el ilustre caudillo alemán, tan cargado de años como de prestigio, se ha retirado a la vida privada. Recientemente manifestó sus deseos al presidente de la República en los siguientes tér- minos:

«El comienzo de las negociaciones de paz me induce a comunicar al Gobierno nacional lo que sigue:

He permanecido a la cabeza del alto mando militar porque creía mi deber seguir prestando servicios a la patria en tiempos del mayor peligro, y tan pronto como quede concertada la paz preliminar, considero cumpli- da mi misión.

Dada mi edad avanzada, será comprensible a todos mi deseo de reti- rarme a una vida privada, tanto más cuanto se sabe lo duro que fué para seguir en mi puesto en los tiempos actuales, teniendo en cuenta mis opiniones, mi personalidad y todo mi pasado.»

El presidente nacional contestó lo sigutente:

«He tomado nota de su decisión de renunciar al puesto de generalísi- mo una vez firmada la paz preliminar, para retirarse a la vida particular.

Estando conforme con ello, aprovecho la ocasión para expresarle la más alta gratitud del pueblo alemán por los servicios prestados a la patria du- rante la guerra y en los tiempos actuales.

El país no olvidará nunca que usted se pusiera a disposición de la pa- tria en los tiempos más difíciles, cumpliendo su misión con gran fidelidad y abnegación.»

En estos últimos días, al hacer efectiva su dimisión de generalísimo, dirigió el siguiente manifiesto de despedida a sus tropas:

«¡Soldados! Hace algún tiempo que manifesté al Gobierno que, como soldado, tenía que preferir una caída honrosa a una paz de vergüenza. La misma declaración la debo a vosotros. Habiendo en una ocasión anterior expresado ya mi intento de retirarme de nuevo a la vida privada al llegar la paz, renuncio ahora al mando supremo.

Al despedirme, pienso, ante todo, lleno de emoción, en los largos años que tuve el honor de servir bajo el reinado de tres soberanos. Aparecen entonces ante mi mente los tiempos de una labor pacífica incansable, del espléndido desarrollo, de las grandes victorias y de la tenaz resistencia. Pero también pienso, con profunda tristeza, en los tristes días del desastre que cayó sobre nuestra patria. En estos tiempos de incalculable gravedad

CRÓNICA GENERAL 75

era cual luz de estrella la fidelidad y confianza con que me apoyaban los oficiales, suboficiales e individuos de tropa. Por ello os debo a todos gra- titud eterna, y no menos a las unidades voluntarias, defensoras infatigables del frente oriental.

Ligo, sin embargo, a esta gratitud una petición para el porvenir. Sea cual fuere el criterio que cada uno de vosotros tiene sobre los aconteci- mientos de los últimos días, para todos debe existir un solo objetivo: el bienestar de la patria. Nuestro pueblo sigue amenazado. La posibilidad de mantener el orden interior y de realizar una labor beneficiosa depende esencialmente de la firmeza de nuestra fuerza armada. Es, pues, nuestro deber primordial garantizar esta firmeza. El criterio individual debe pasar a segundo lugar, por muy difícil que esto sea. Gracias a una labor común, solo, y con la ayuda de Dios, lograremos conducir a nuestra pobre patria alemana, de nuevo, hacia mejores tiempos, librándola de la más profunda humillación. ¡Adiós! No os olvidaré ]amás.>

La Deutsche Allgemeine Zeitung escribe: «La retirada definitiva del mariscal del servicio militar pone un sello personal al término de la gran época militar de Alemania, tan estrechamente ligada con el nombre del caudillo.

Con una energía inquebrantable, y cumpliendo su deber sin descanso, el generalísimo ha sido siempre fiel a la patria, siendo para todos un ejem- plo de heroísmo recto y sencillo, que será imperecedero.

La firma de la paz es un hecho, y con ello desaparece para el generalí- simo de nuestro ejército gigantesco, desmovilizado tiempo ha y convertido entretanto en instrumento de la defensa nacional, todo motivo para seguir en su puesto, al que fué llamado hace casi cinco años, cuando estaba ya retirado del servicio.

En el momento de su dimisión, Hindenburg da todavía un ejemplo de nobleza, pues aconseja encarecidamente al ejército que olvide en estos tiem- pos tan graves para la historia alemana las opiniones individuales, diri- giendo todos sus esfuerzos hacia el mantenimiento de la firmeza de nues- tra fuerza armada.

Grande en las victorias, grande a la hora de la despedida; así quedará la figura de nuestro mariscal von Hindenburg grabada en los corazones del pueblo alemán.»

La firma del tratado de Versalles. Muy laboriosa resultó en Berlín la designación de los delegados que habían de trasladarse a Versalles, por negarse todos los candidatos a figurar en un momento de tan grave trans- cendencia para su patria. Hubo una conminación de los aliados al Go-

76 CRÓNICA GENERAL.

bierno de Berlín, y entonces fueron designados los ministros Hermana Muller, de Asuntos Extranjeros, y Bell, de Vías y Comunicaciones, los cuales llegfaron a Versalles el mismo día 28 de Junio a las tres de la ma- drugada.

La ceremonia, que estaba señalada para las tres de la tarde, revistió gran solemnidad. Desde la mañana salieron los trenes de París repletos de público para Versalles, donde muchos regimientos de infantería y caballería formaron inmediatamente la carrera que habían de recorrer los automóviles de los plenipotenciarios. El servicio en el interior del Pa- lacio de Trianón lo prestaban dragones armados con lanzas.

Ha llegado la hora, y los plenipotenciarios toman asiento. «El espec- táculo— dice un corresponsal— es imponente. En el techo de la galería que representa la historia alegórica de Luis XIV, se ven escudos y pasajes, donde están escritas sentencias que en su mayoría tienen un sentido que conservan hoy. Se ven varias escenas en las que Francia, victoriosa, dicta la paz a sus enemigos vencidos. Encima del lugar donde se sienta Clemen- ceau, letras de oro sobre fondo blanco proclaman: «El Rey gobierna por solo.»

Se invierten los ratos de espera en cambiar impresiones. Wilson, como muchos delegados, lleva un álbum de autógrafos. El presidente se muestra muy atento, y nadie deja de firmar en su álbum.

Williams Mardn, director del Protocolo, acompañado de M. Fouquié- res Arnabon, advierte a M. Clemenceau que los delegados alemanes han llegado. En la sala se hace un silencio profundo. No se oye más que el vibrar de las armas y el lejano murmullo de la multitud. En el umbral de la galería de las Batallas aparecen, al fin, dos maceros del Ministerio de Negocios Extranjeros. Los delegados alemanes no son anunciados; entran en fila uno detrás de otro, discretamente, calladamente, en medio de un silencio glacial... Nadie se levanta de su asiento. Los plenipotenciarios alemanes se dirigen inmediatamente a las butacas de la izquierda del pre- sidente de la Conferencia; en el momento de tomar asiento se inclinaH ligeramente.

Muller y Bell parece que no dejan de estar emocionados. Lanzan una rápida ojeada circular sobre la concurrencia, y después parecen sumirse en el estudio absorto de los programas de la sesión, que tienen colocados sobre los pupitres. Antes de la entrada de los plenipotenciarios alemanes, la Guardia republicana había envainado los sables,

Monsieur Clemenceau, que presidía, teniendo a Wilson a su derecha y a Lloyd Qeorge a su izquierda, declaró abierta la sesión y pronunció h siguiente alocución:

CRÓNICA GENERAL 77

«Señores: Se abre la sesión para firmar las condiciones del tratado de paz entre las potencias aliadas y asociadas y el Imperio alemán. El acuerdo está hecho y el texto redactado.

El presidente de la Conferencia certifica por escrito que el texto que iba a ser firmado estaba conforme con el texto de los ejemplares entrega- dos a los delegados alemanes.

Las firmas se van a poner en el texto original. Esas firmas valdrán como un compromiso irrevocable, que será cumplido y ejecutado en su integridad en todas las condiciones fijadas. En esas condiciones, tengo el honor de invitar a los plenipotenciarios alemanes a que se sirvan poner sus firmas.»

Los plenipotenciarios de Alemania se levantan y, automáticamente, como entraron, se dirigen a la mesita Luis XV. Muller es el primero que coge la pluma, e inclinándose ligeramente sobre el pergamino, con mano nerviosa, que agita ligero temblor, pone su firma. Al levantar la cabeza, una lívida palidez cubre su rostro. Sin hablar una palabra, pasa la pluma a Bell. Este lo hace, después de firmar, a los restantes delegados. Cuando esta formalidad está terminada, los plenipotenciarios vuelven a sus puestos y la ceremonia de la firma continúa por la Delegación americana. Wilson se dirige rápidamente a la mesa, firma sonriente, limpiando previamente su anteojo, y vuelve a su sitio. Clemenceau lo hace con más calma: firma lentamente, con mano segura, y después que lo ha hecho dirige a los pe- ludos una mirada, donde brilla un relámpago de orgullo y de alegría, les dedica una sonrisa y vuelve a su sillón.

Lloyd Qeorge y la Delegación británica firman; les sigue la Delegación italiana, formada por los señores Sonnino, Imperiali y Crespi.

La Delegación japonesa cierra la firma de las grandes potencias, y co- mienzan a firmar las potencias de intereses limitados.

Comienza la Delegación de Bélgica, y detrás de ella, Bolivia, Brasil, Grecia, etc. La última firma es la de los representantes del Uruguay, a las tres y cuarenta minutos de la tarde.

Monsieur Clemenceau se levanta y dice: «Las condiciones de paz entre los aliados y asociados y Alemania están firmadas. Se levanta la sesión.»

—A la firma del tratado ha seguido gran explosión de entusiasmo, sobre todo en Inglaterra y Francia. El presidente de la República francesa dio un banquete de gala en el Elíseo en honor de Mr. Wilson, que iba a salir para su país, y en ese banquete, al que asistieron individuos de todas las naciones representadas en la Conferencia, y de las neutrales, sólo Es- paña, por excepción, el presidente norteamericano hizo en un bi indis en- tre otras declaraciones:

78 CRÓNICA GENERAL

«Al separarnos, dejamos terminado parte del trabajo; fijada dejamos la fórmula de la paz; pero queda apenas esbozado el plan de cooperación; éste se irá ensanchando y afianzando en los años venideros.

Quedaremos siendo amigos, cooperaremos en labores que despertarán en nosotros comunes ideas sobre los deberes y derechos de los hombres en cada raza y en cada pueblo; logrado esto, habremos alcanzado impor- tantísimo resultado. Antaño firmaban las naciones contratos y pactos por tiempos definidos; pero jamás tuvieron esos pactos ni contratos la forma y concepto de asociación permanente como el tratado que acabamos de dejar redactado.

La guerra actual ha sido declarada con evidente injusticia; deben, pues, las naciones coligarse para que en lo sucesivo resulte imposible a ninguna de ellas desencadenar tanta calamidad como la que hemos estado presen- ciando y padeciendo durante estos cinco años.»

Terminó diciendo Mr. Wilson que ai dar el adiós a Francia lo hace tan sólo con los labios, por cuanto permanece de corazón en este noble y hos- pitalario país. «Levanto mi copa— dijo al final en honor de la amistad francoamericana, por la prosperidad de Francia y por la comunión de los pueblos libres, en bien de la Humanidad.»

Desconfianzas e impugnaciones del tratado.— E\ Journal dice que en cuanto terminó la ceremonia oficial de la firma del tratado de paz, los se- ñores Ciemenceau, Lloyd George y Wilson se encerraron en una sala del palacio con objeto de deliberar.

Ciemenceau expresó primeramente que se trataba de determinar las medidas relativas a la ratificación del tratado; pero que Inglaterra y los Estados Unidos tenían que garantizar su ayuda a Francia en el caso de que se produjera un ataque no provocado.

El texto de este documento no ha sido aun hecho público; pero es de desear que las potencias contratantes lo hagan cuanto antes. Este convenio no tiene menos importancia que el mismo tratado de Versalles.

El 6 de Mayo, víspera del día en que las condiciones de los aliados de- bían ser sometidas a los alemanes, se anunció en una nota que Inglaterra y los Estados Unidos habían decidido garantizar a Francia contra toda agresión por parte de Alemania.

Tanto al Parlamento británico como al Congreso americano deben ser sometidos los respectivos proyectos de ley autorizando a los Gobiernos de Londres y Washington para intervenir automáticamente a fin de defender a Francia contra todo ataque injustificado de sus adversarios de ayer.

De este modo se salvarán de antemano los artículos constitucionales

CRÓNICA GENKRAI. 7Q

que subordinan en América lo mismo que en Inglaterra todo acto de gue- rra a una previa decisión del Parlamento.

El sábado, poco antes de las doce, el presidente Wilson, Lloyd George y Clemenceau se han reunido en el Elíseo, en el gabinete de Poincaré para firmar el protocolo del compromiso de garantía.

Se ha querido de propósito que coincida la firma de este documento con la del tratado de Versalles, que constituye, hasta que la Sociedad de las Naciones haya demostrado su eficacia, la garantía más fuerte de ejecu- ción del tratado.

La coincidencia, pues, quiere claramente subrayar el espíritu de unión y la firme resolución de los Estados asociados en la discusión, así como en las decisiones.

—Respecto de las impugnaciones del tratado para el socialismo, se ha hecho pública la determinación del Consejo federal socialista del Sena de impugnarlo en el Parlamento francés.

Según Le Matin, después de varios discursos de tonos levantados, acordóse, por 6.800 votos y 10 abstenciones, hacer pública la siguiente mo- ción, que expresa el sentido del Consejo:

«Los diputados socialistas deberán votar en contra del tratado de paz.»

Después fué presentada otra proposición, por la cual se pide a los so- cialistas que se abstengan de tomar parte en las fiestas de la Victoria, que se han de celebrar el próximo día 14, por entender— dice la moción— que ese día es un día de luto para el proletariado.

Uno de los delegados pronunció un discurso en apoyo de la anterior moción, diciendo que no sólo debe limitarse a tal acuerdo la actitud de los socialistas, sino que, además, todos ellos deben rechazar cuantas tarje- tas se les entreguen para distribuirlas entre el público.

Otro diputado pidió la expulsión inmediata del partido de 20 diputados socialistas que votaron a favor de créditos militares en la Cámara.

Comentando los resultados de esta votación, Le Matin pone de mani- fiesto cómo las teorías extremistas parecen haber ganado terreno.

El diputado Longuet exhortó después a los delegados socialistas a dar muestras de sangre fría, para afrontar la situación, recordando que el par- lido socialista se había pronunciado ya categóricamente contra toda adhe- sión a la tercera Internacional, y que elía significaba que en sus decisiones no debe mostrar arrebato el elemento obrero.

80 CRÓNICA GENERAL

Cambio de Gobierno en Italia,— E\ disgusto producido en Italia por las gestiones del jefe del Gobierno, Sr. Orlando, en la Conferencia de Pa- rís, se exteriorizó en el Parlamento, dando origen a la dimisión del Gabi- nete, que fué substituido por otro compuesto en la siguiente forma:

Presidencia del Consejo e Interior, Nitti; Negocios Extranjeros, Titto- ni; Colonias, Luigi Possi; Gracia y Justicia, Mortara; Hacienda, Tedesco; Tesoro, Schanze; Marina e interinamente Guerra, contraalmirante Sachi; Instrucción pública, Baccelli; Obras públicas, Pantano; Transportes, De- vito; Agricultura, Visocchi; Industria, Comercio, Trabajo, Aprovisiona- miento y consumo de materias alimenticias, ingeniero Danti Ferrari; Co- rreos, Chimienti; Asistencia militar y prisiones, Dacomo; Territorios libe- rados, Cesare Navar.

El ministro de Negocios Extranjeros, Sr. Tittoni, ha pronunciado un discurso en el Senado, en el que ha dicho, entre otras cosas, que el formar parte de la Delegación de la paz le obligaba a salir precipitadamente para París.

Mientras todas las potencias han asegurado el reconocimiento de sus aspiraciones, para Italia queda en pie una dolorosa incertidumbre; pero nosotros defenderemos enérgicamente los intereses nacionales.

Yo creo— dice— poder resumir brevemente la situación en los términos siguientes: los qonfines con la República austríaca y el Estado definido, como nosotros lo queríamos, en lo que toca al Adriático, después de la si- tuación creada por el mensaje del presidente Wilson y la tentativa de la transación del Sr. Tardieu, quedaron en pie nuestra petición del pacto de Londres, que Wilson nos reconocía y que los aliados admitían en su inte- gridad; esto es, con la cláusula que asigna Fiume a la Croacia.

Enumera las decisiones adoptadas respecto a los diversos países y en cuanto se refiere a las colonias alemanas de África.

Italia ha dado ya su adhesión a cuanto pedían Inglaterra y Francia; pero estas potencias no han correspondido con nosotros. Por lo tanto, ellos po- drán encauzar su vida en la paz, mientras que nosotros ninguna ventaja obtendremos si no se nos conceden nuestras reivindicaciones.

Nosotros expondremos nuestros derechos como los de los demás paí- ses aliados, ya que nuestros sacrificios han sido los mismos.

Al regresar diremos al país toda la verdad. No puede retrasarse por más tiempo que el pueblo italiano conozca el pacto de Londres.»

Aludiendo a un discurso que pronunció en Niza en 1916, dice que en- tonces afirmó enérgicamente que las aspiraciones de Italia debían ser rá- pidamente aseguradas antes del término de la guerra.

Recuerda el párrafo de otro discurso, en el que dice:

CRÓNICA GENERAL 81

«Nosotros no podremos considerar una paz satisfactoria a aquella en la que no se la posibilidad de tratados de comercio equitativos, que no asegure el refuerzo y condiciones de materias primas; en la que no se tu- telen nuestras emigraciones, que no asegure nuestras posiciones en el Adriático y en el Mediterráneo, y en el que no se den elementos para hacer vivir nuestras colonias y se permita su desarrollo.»

«La Delegación y yo terminó el Sr. Tittoni declaramos que nuestro programa se reduce a estas palabras: ¡Italianos, siempre! ¡Italianos, sobre todo!»

ESPAÑA

Del júbilo nacional por el advenimiento de la paz se ha hecho intér- prete en primer lugar S. M. el Rey D. Alfonso XIII y el Gobierno, que en calurosos telegramas han felicitado a todos los Gobiernos interesados principalmente en ella, concediendo al mismo tiempo en España un in- dulto general. Tampoco han faltado las felicitaciones del Parlamento, así como en toda la Prensa se han dado notas del regocijo por el éxito de nuestra neutralidad que de tantos males nos ha preservado y que con tanto tesón defendieron especialmente las clases conservadoras.

Con gran solemnidad se verificó el día 24 la apertura de las Cortes, produciendo gran interés la lectura del Mensaje por Su Majestad el Rey. En las sesiones que hasta la fecha se han celebrado, se ha visto el propó- sito de las izquierdas de dificultar la constitución del Congreso, siguiendo el acuerdo tomado en reuniones anteriores. Es el mal crónico en la políti- ca española y por cuya extirpación suspiran todas las gentes de orden. Mientras tanto el Gobierno ha suprimido la censura y prorrogado por de- creto los presupuestos para un mes.

—De verdadera transcendencia fué la manifestación hecha el día 21 por los ingenieros civiles españoles ante S. M. el Rey. Desprovistos de toda mira política y atentos sólo al bien y al progreso de España, le en- tregaron un mensaje, por mediación del ministro de Fomento, en el que declaraban la necesidad de emprender una obra grande de reconstitución nacional.

Dos motivos principales tenía la fiesta celebrada en la Escuela de Ca- minos: el homenaje que había de rendirse al ilustre ingeniero D. Juan Ma- nuel de Zafra, profesor de puertos y señales marítimas de la Escuela de Caminos, con ocasión de la entrega e imposición de las insignias de la gran cruz de Alfonso XII, otorgada por sus relevantes méritos, y el descu- brimiento de la lápida dedicada en la misma Escuela a la memoria del in- geniero D. Eduardo Escalona, como prueba de gratitud hacia el varón in-

82 CRÓNICA GENERAL

signe que legó parte de su patrimonio al Cuerpo de Caminos, para que, convertida su renta en premio anual a los alumnos, sirviera a éstos de es- tímulo en el estudio de su carrera.

A ambos actos quiso asistir el Monarca, dando soberano realce a la pa- triótica y nobilísima aspiración de la ingeniería española. «Los ingenieros españoles decía el mensaje—quisiéramos que nuestra Patria realizara en plazo breve una completa transformación de la economía nacional, que, al propio tiempo que la engrandeciera, enalteciese los prestigios de su histo- ria; y como nuestra misión es aplicar la ciencia al desenvolvimiento de la riqueza, recabamos el puesto de honor que en esta empresa nos corres- ponde, sin más finalidad que la de aportar a ella un trabajo abnegado en beneficio de la prosperidad general. No desconocemos, señor, que la evo- lución de los tiempos va cambiando los timbres de grandeza de las nacio- nes, y nos consideramos obligados a proclamar que creemos que la hege- monía moderna está reservada a los pueblos que más produzcan y que mejor desarrollen sus industrias y su comercio exterior.»

Hemos de hacer mención también del homenaje rendido por la So- ciedad Española de Excursiones a la memoria del insigne escritor mallor- quín D. José María Cuadrado, con motivo del centenario de su naci- miento.

En la sesión presidida por el Rey, en la Real Academia Española, se leyeron trabajos de gran gusto literario, enalteciendo los méritos del ilus- tre publicista en los diversos aspectos de su eminente personalidad. Con- tribuyeron con sus trabajos las figuras más salientes de la Academia y otros legítimos representantes de las letras españolas, poniendo digno remate a la corona de alabanzas el presidente de la Real Academia Española, señor Maura, que recabó para el honor de asociarse al homenaje, no sólo como admirador, sino como paisano. «Fué Cuadrado terminó diciendo un escritor de pensamiento profundo y original y un patriota ardoroso, cuya memoria será siempre una honra para Mallorca y para España.»

—En todas las diócesis de la nación se ha celebrado con gran entu- siasmo la Fiesta de la Buena Prensa, no cediendo en nada a la manifesta- ción religiosa de años anteriores, ni en el número de comuniones ni en la recaudación. Muchos Prelados y Juntas diocesanas habían publicado cir- culares llenas de estímulos, y el éxito ha coronado sus esfuerzos.

B. R.

MISCELÁNEA

Alocución pastoral del Eminentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Toledo a las mujeres cristianas.

«La delicadeza del asunto que motiva este escrito lo ha retrasado con exceso: nos referimos a la moda del vestido en la mujer. Hemos hablado de esto diferentes veces; pero jamás creímos vernos obligados a reprobar el daño que se está produciendo en esta forma más autorizada y solemne. Al escribir, la amargura inunda nuestro corazón como ante una desgracia irreparable e inmensa; porque de nuestras meditaciones sobre la materia hemos sacado la conclusión de que en el fondo hay una inconsciencia aterradora por parte de la mujer de los males que está causando. ¿Y cómo se remediará un daño que no se siente, un mal que no se conoce, un vicio que a sus atractivos une las apariencias de lo lícito y lo honesto? Única- mente así podremos explicarnos que la mujer española, a quien es con- natural la piedad cristiana, para quien ha sido siempre santa y amable la moral del Cristianismo, se vea expuesta a perder en pocos días el rico te- soro de pudor, de modestia y de recato que constituye desde largos siglos el principal ornamento de su excelsa dignidad dentro de nuestra santa Religión.

La mujer, fuente perenne de vida humana, es manantial purísimo e inextinguible de vida sobrenatural por obra de María nuestra Madre In- maculada, en la Redención de Cristo. Desde que en los días de su niñez se consagra a la Santísima Virgen como hija suya, hasta los días postreros en que las nuevas generaciones oyen de sus labios trémulos las leyendas de nuestros Santos, hemos visto siempre a la mujer católica dedicada a la misión sublime de edificar a Cristo en las almas, en todas las obras de celo, en el hogar, en la enseñanza, en la Prensa, en las asociaciones de caridad, en el culto esplendoroso, mediante sus ejemplos de virtud, de ab-

84 MISCELÁNEA

negación y sacrificio. Ellas son el consuelo de los que trabajan por la salud de las almas; de ellas hemos recibido todos, en momentos difíciles, ejem- plos de fortaleza y alientos; y siendo toda esta nobleza espiritual de la mu- jer en medio del mundo pálido reflejo de una realidad cien veces más gloriosa, de suerte que con razón podemos decir que está asociada a la obra redentora de Cristo y de su Iglesia, ¿cómo pensar, ni por un mo- mento, que ella quisiera convertirse por una servidumbre degradante a la moda en embajadora y emisaria de Satanás?

Por eso llamamos la atención de nuestras amadas hijas, las que por na- tural instinto comprenden lo que manda en cada caso la austera moral que profesan, para que ellas sean heraldos de nuestra voz paternal y dolorida cerca de las que se muestran más o menos indulgentes con la ola de sen- sualismos y provocaciones indecorosas que amenaza invadirlo todo, sin respetar la misma santidad del templo. Las que por finura de tempera- mento o de educación conocen los peligros del mal deben formar una cruzada, como un bloque, diríamos, de la modestia cristiana, y tomar oca- sión de este mal que combatimos para purificar el ambiente de tantas pro- cacidades e inmundicias que le corrompen en el teatro, en la novela, en el cine, en el trato social, de donde se las quiere trasladar a la calle, y a la plaza pública, y a la vida corriente mediante vestidos exóticos, por lo ex- travagantes e impúdicos, que son la apoteosis de la carne y el renacimien- to de un paganismo mayor y más execrable que el primero en pueblos cristianos.

A la mujer católica Nos entregamos la predicación de la moral cristia- na en este punto tan delicado, que sólo sus manos pueden tocar, pues el natural respeto que nos merece la mujer obliga muchas veces al silencio. Considerada la inmodestia en el vestir como un hecho social, es altamente reprobable con independencia de la intención y el propósito de la persona que así se conduce, salvo aquellos excesos que la natural honestidad pro- hibe ya ios que, por desgracia, hemos llegado por tolerancias culpables, porque en este caso tal conducta es totalmente condenable y no puede ale- garse en su favor rectitud de intención, ignorancia o sencillez incompren- sibles.

Con este proceder la dignidad de la mujer, preciosa conquista del Cristianismo, viene por los suelos; porque, ¿cómo mantener la propia dig- nidad sin el respeto de misma, fundamento del que deben guardarle los demás? En su lugar reciben un homenaje que mancha, el de las miradas

MISCELÁNEA 85

lascivas y los sentimientos inconfesables, frutos del culto de la carne, que rebajan por igual al ídolo y a sus idólatras. ¡Si al menos quedara aquí circunscrito el mal!... Pero, ¿quién tendrá palabras de dolor y energía bas- tantes para condenar la rapidez con que la relajación se dilata a todas las clases sociales, a la juventud de uno y otro sexo, arrancando, al brotar, en las niñas las flores del pudor y la modestia, despertando en los adolescen- tes prematuras pasiones, excitando en las muchedumbres ignaras emula- ciones torpes, instintos que se manifiestan sin disfraz y a gritos como au- llidos de fieras salvajes?... Así, por estos pasos, va descendiendo cada día más el nivel moral de las costumbres públicas; se ahogan en olas de cieno los nobles ideales; se apaga el espíritu en la sociedad; se enervan y disipan las energías de la raza y se prepara la sociedad del porvenir, corrompida y decadente, incapaz de mantener y propulsar los bienes que recibimos de generaciones austeras, virtuosas, castas.

Es necesario que la mujer advierta la transcendencia decisiva de sus actos en la batalla que se está librando entre el bien y el mal. Hay una gran multitud que cifra todas sus aspiraciones en los goces sensibles, en los bienes materiales: salud, placer y riquezas; son la concepción material de la vida de los que no creen en Dios ni esperan una vida de ultratumba. Si la mujer inclina del lado de estas bajas aspiraciones, si no las corrige, si de ellas reciben estímulo, el orden moral, superior a la materia, la vida espi- ritual se extinguirá, y asistiremos a la formación de una civilización muer- ta al nacer, porque le faltarán nobleza y dignidad, los principios de vida en las obras humanas, que no se derivan de la carne, sino del espíritu, hasta que sucumba rápidamente, víctima de la ceguera de la carne, y envuelta en la ira de Dios, que abrasó y consumió a los pueblos que caminaron en pos de semejantes abominaciones. ^

Eso no puede ser, amadas hijas nuestras: a eso ni debierais ni que- rríais prestaros jamás, pues sería aceptar el desgraciado papel de instru- mentos ciegos de destrucción y de piedra de escándalo para el prójimo; antes, oponiéndoos resuelta y denodadamente a esa invasión de la ola ce- nagosa de deshonestidad que intenta arrollar y envilecer vuestro honor y decoro, absteneos, pero con empeño firme e incontrastable, de condescen- der con las corrientes de esas extrañas y deshonribles novedades, tan con- trarias a la gentileza y dignidad proverbiales de la cristiana mujer espa- ñola, como ofensivas de la decencia propia y necesaria para el convivir social. Pero, sobre todo, sería merecedor de la execración más terminante

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y absoluta el que la impudicia descocada o encubierta os acompañara a la casa de Dios y a los actos más excelsos y augustos de nuestra santa Reli- gión...

Vigilad, pues, vosotras mismas para que así no sea, porque Dios tam- bién nos ha de pedir a todos estrecha cuenta de los pecados ajenos a los que dimos ocasión o que no evitamos pudiendo. Abatid con vuestro ejem- plo y vuestras exhortaciones esa muralla de inconsciencia o de vituperable tolerancia tras la que se escudan muchas personas buenas y hasta piado- sas, que justamente se creerían ofendidas si se dudaba de su honestidad; y, sobre todo, mírense en el clarísimo y divino espejo de modestia y pure- za, en el que el mismo Dios se miró complacido, la Santísima Virgen Ma- ría, fuente de santidad. Ella es la Mujer de quien se deriva a todas las mu- jeres la gracia, la belleza moral y el honor que las constituye reinas dentro de la universal familia cristiana. Miradla como vuestro modelo, y Ella os enseñará y hablará a vuestro corazón.

Nos ponemos en sus manos purísimas todos nuestros cuidados, que hondamente amargan nuestra alma, y por Ella esperamos que la sociedad sanará pronto de esa llaga, que amenaza gangrenar sus mismas entrañas. Merézcanlo de su corazón maternal las oraciones de todas sus hijas, a quienes bendecimos afectuosamente en el nombre del Padre f y del Hijo t y del Espíritu Santo f Amén.

En Toledo, a 15 de Junio, fiesta de la Santísima Trinidad, de 1919. t Victoriano, Card. Gaisasola, Arzobispo de Toledo. >

A los católicos.— Una súplica.

El Instituto Geográfico y Estadístico, benemérita oficina, viene desde hace cuatro años sacando a la luz, con toda regularidad, un voluminoso y magnífico libro, profusamente ilustrado, con el título de Anuario Estadis- tico de España. En esta obra magistral sintetiza todas las informaciones, desde las elecciones políticas hasta la economía social, y desde el territorio, la población y la cultura hasta la producción, el consumo, el cambio, la vida tnunicipal y administrativa, la beneficencia, la higiene y la sanidad, no sólo de nuestra nación, sino, en cuanto es posible, del mundo entero. Es, por lo tanto, una verdadera enciclopedia estadística, y ha conseguido el Instituto ir igualando a las más famosas y similares del Extranjero.

El Negociado encargado del servicio del Anuario y la Dirección del

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Instituto, interpretando los deseos de todo el personal del ramo, tiene vivas ansias de llegar al ináximo de perfeccionamientos. A este fin, no cesan de demandar informaciones, en forma de cuadros estadísticos, a todos los cen- tros y oficinas de orden oficial y a las demás entidades y personas que creen pueden y deben coadyuvar a la obra nacional. Por regla general, las súpli- cas son escuchadas, aunque no por todos.

Este año, una vez más, la Dirección del Instituto ha solicitado diversos cuadros, respectivamente, de entidades católicas, rogando a todas ellas los envíen a su domicilio social, situado en el paseo de Atocha, núm. 1, Madrid.

Tal petición especial está justificada en extremo, porque mientras en la edición del Anuario de 1917 pudo dedicar el Instituto seis grandes páginas a las instituciones sociales creadas por el partido socialista, respecto a las católicas alcanzó tan escaso material que, con dificultad, pudo llenar una página, y ésta, por cierto, muy endeble, en el orden técnico.

Quiso también el Instituto Geográfico y Estadístico conceder el mere- cido espacio a las Bolsas del Trabajo. De todas las católicas de la nación únicamente respondieron cinco de ellas, y con brevísimas cifras. Las^ insti- tuciones en favor de las mujeres católicas apenas se conocen.

El Instituto no sabe a qué recurso apelar ni a quién dirigirse, después de haber circulado centenares de cartas, oficios y súplicas, incluso ver- bales.

Ha utilizado todas las formas de cortesía al dirigirse a numerosas per- sonalidades católicas de relieve y cuantos organismos conoce.

El firmante de estas líneas, con su habitual desinterés, pero con su en- tusiasmo de siempre por la estadística, ha procurado y procura ayudar al jefe del Negociado del Anuario, el ingeniero D. José de Mera, indicándole los nombres de las entidades de las cuales tiene noticia y recomendando a sus amigos presten el auxilio solicitado, dado el noble y patriótico fin que guía al Instituto.

Esta modesta labor, que yo he realizado y realizo, ha dado frutos; pero como la Dirección no alcanza con la rapidez que necesita las informacio- nes de los católicos, y deseamos evitar que este año vuelva a ser escasa en cantidad y pobre en datos, me ha parecido ser conveniente exponer la si- tuación públicamente en esta revista católica y en los demás compañeros de toda España que quieran hacerse eco de ella.

Si en el año pasado se circularon millares de ejemplares del Anuario a

88 MISCELÁNEA

todas las oficinas y centros nacionales, así como del Extranjero, la próxima edición será más amplia y tendrá aún mayor difusión, dentro y fuera de nuestro hogar patrio.

Si se perpetuasen las lamentables ausencias de los católicos, creerán muchos, aunque sea erróneo, que los creyentes de nuestro país no aman el progreso ni la cultura y que no les importa testimoniar sus triunfos.

Todos tienen ahora ocasión de evitar un sonrojo a los que tenemos fe en el patriotismo, laboriosidad y celo de nuestros hermanos españoles; pero que, con su pasividad y abandono, hasta el momento presente aparen- tan demostrar lo contrario que sienten.

Experimentaremos verdadera satisfacción en hacer público, en breve fecha, que los católicos españoles, todos sin excepción, han rivalizado en remitir a la Dirección general del Instituto Geográfico y Estadístico am- plias e inmejorables informaciones estadísticas, en todos los aspectos co- nocidos.

La Dirección hará que queden realzados como merecerán, sin duda, tan importantes y útilísimos ir aA)a]os.— Eduardo Navarro Salvador.

H EL VERDflDEBO MiR DEL "DttO DE LIIS LEIfliOr ">

(CONTESTACIÓN AL ACADÉMICO SR. COTARELO)

SEGUNDA PARTE Semblanza de López de Velasco.

(CONTINUACIÓN)

Los refranes.— Uno de los interlocutores del Diálogo de las len- guas, para persuadir a su autor a que escribiese sobre la lengua caste- llana, le dice que si bien no tiene a mano libros en romance con cuya autoridad y razones satisficiese a las preguntas que le harían, se po- dría servir para muchas cosas <del cuaderno de refranes castellanos, que me decís cogistes entre amigos estando en Roma, por ruego de ciertos gentiles hombres romanos.» Torres añade: «Muy bien habéis dicho, porque en aquellos refranes se ve muy bien la purídad de la lengua castellana. —Coriolano: Antes que paséis adelante, es me- nester que sepa yo qué cosa son refranes. Valdés: Son proberbíos o adagios, —Coriolano: ¿Y tenéis libro impreso de ellos? —Valdés: No de todos; pero siendo muchacho, me acuerdo haber visto uno de algunos mal glosados. —Coriolano: ¿Son como los latinos y griegos? —Valdés: No tienen mucha conformidad con ellos, porque los castellanos son tomados de dichos vulgares, los más de ellos na- cidos y criados entre viejas tras del fuego, hilando sus ruecas; y los griegos y latinos, como sabéis, son nacidos entre personas doctas, y están celebrados en libros de mucha doctrina; pero para considerar la propiedad de la lengua castellana, lo mejor que los refranes tie- nen es ser nacidos del vulgo.» (2).

(1) Véase la pág. 5 de este volutnen.

(2) Cf. Diálogo,., págs. 12 y 13; fol. 8 v. del Ms. Esc.

La Ciudad de Dios.-Año XXXIX.— Núm. 1.108.

QO SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

En varios pasajes del mismo Diálogo vuelve a mencionar el tal cuaderno de refranes; y conformando la práctica con la teoría, en casi todo el libro empalma los refranes para confirmar sus razona- mientos lingüísticos. Apenas entrado en materia, no pudiendo resis- tir a lo que sus amigos le pedían, empieza con este refrán: «Como dicen en mi tierra, donde fuerza viene, detecho se pierde.* (1). Se acu- de al cuaderno, y allí se halla el mismo refrán: «do fuerza viene, de- recho se pierde. > (2).

A continuación, y hallándose ya solos tres de los interlocutores, dice Torres: «Pues habemos cogido y prendado a Valdés, no lo de- jemos en ninguna manera, sin que primero lo examinemos hast^ el postrer pelo; porque yo le tengo por tal, que ninguna cosa escribe sin fundamento; y apostaría que tiene en sus papeles notadas algunas co- sillas sobre esta materia de que le queremos hablar.*

Ya hemos visto que esos papeles sobre la misma materia, existen y se conforman con las materias literarias del Diálogo. Veamos si se acomodan también los Refranes. Y lo mejor será poner frente a frente, y a dos columnas, algunos tomados de los impresos en el Diálogo, y compararlos con los del cuaderno manuscrito:

Refranes del Diálogo.

Pág. 15: «Donde fuerza viene, derecho se pierde.»

ídem 31: «Dijo la sartén a la caldera, tira allá cul negra.»

ídem 31: «Dijo el asno al burro, arre allá orejudo.»

Refranes del cuaderno.

Fol. 168: «Do fuerza viene derecho se pier- de.»

ídem 167: «Dixo la sartén a la caldera, tira allá cul negra.»

ídem 167 ^r «Dice el asno al mulo, quita allá orejudo.»

(1) Cf. Diálogo... pág. 15.

(2) Cf. B. Esc. úf-IV-S. Códice en 8.°, de 160 x 210 mm. Cant. dor. 245 ho- jas, num. antig., let. ult. s. XVI. Desde el folio 161 al 173 v: Refranes casteUa- nos.—VoX. 175 al 222: Catálogos de varias librerías de Flandes y Alemania, con los precios de cada libro al margen. Parecen listas de los libros que se iban comprando para El Escorial. Entre ellos figuran muchos libros españoles, como las Obras de Boscan, el Amadis de Gaula, la Celestina, el Cancionero General, el Cortesano, las obras del Duque de Gandia, varias historias de las indias, como las del Perú, de Cieza, gramáticas griegas y hebreas, etc., etc.

-SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIALOGO DE LAS LENGUAS»

91

Refranes del Diálogo,

?ig. 31: «De lo contado come el lobo.»

Ídem 33: «Al ruin, dadle un palmo, y to- marse ha cua- tro.»

ídem 36: «La mujer y la gallina, por an- dar se pierden ayna.»

ídem 84: «A río vuelto, ga- nancia de pes- cadores.»

Ídem 89: «Cierra tu puerta, y loa tu veci- no.»

ídem 142: «Malo verná que a mi bueno me hará.»

ídem 93: «Quien bien quie- re a Beltran, bien quiere a su can»

Ídem 101: «Malo es Pascual, mas nunca le falta mal.»

ídem 95: «En cas del mez- quino, más manda la mu- jer que el ma- rido.»

ídem 95: «Alia van leyes do quieren re- yes.»

ídem 93: Agua vertida, no toda cogida.»

ídem 92: «Huésped que se convida, rece es de hartar.»

ídem 142: «Mudar costum- bre, es a par de muerte.»

Refranes del cuaderno.

Pág. 166 V: «De lo contado come el lobo.»

Ídem 162: «Al ruin, dadle y un palmo y to- mará cuatro.»

ídem 169: «La mujer y la gallina, por an- dar se pierden ayna.»

ídem 163: «A río vuelto, ga- nancia de pesca- dores.»

ídem 165 ^: «Cierra tu puerta, y alaba tu vezi- no.»

ídem 170 "': «Malo verná, que bueno te hará.»

ídem 172 v; «Quien bien quie- re a Beltran, quiere a su can.»

ídem 170 v; «Malo es Pascual, y nunca le falta quien le haga mal.»

ídem 168: «En casa del mez- quino, más man- da la mujer que el marido.»

ídem 163: «Allá van leyes, do quieren reyes.»

ídem 163 "'-. «Agua vertida, no toda cogida.»

ídem 169: «Huésped que se convida, ligero es de hartar.»

ídem 170 V: «Mudar costum- bre, es a par de muerte.»

92 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

La lista podía prolongarse, aunque lo creemos innecesario. Es de suponer que el ilustre 5r. Cotarelo no caerá en la tentación de atri- buir también este Cuaderno de refranes al heresiarca Juan de Valdés^ porque eso ya sería el colmo de la pseudocrítica. El haber examina- do y compulsado más de veinte autógrafos de Juan López de Velas- co me da alguna autoridad para decir que la letra del cuaderno es de él. Pero si tal conocimiento y autoridad me negase el docto aca- démico, a lo menos tendría que concederme que la letra de los Re- franes es del último tercio del siglo XVI, lo mismo exactamente que el carácter de letras de los tres códices del Diálogo de las lenguas, de que luego hablaremos.

Y esto ya constituye un doble argumento: negativo y positivo. Negativo contra el protestante Juan de Valdés, que jamás escribió de refranes ni de esas materias literarias análogas. Positivo a favor de dos cosas: que el Diálogo y los Refranes fueron escritos en pleno reinado de Felipe II, y que durante ese período, por las razones ex- puestas, López de Velasco fué hombre muy preparado y documen- tado para escribir ese famoso libro y otros de mayor importancia, como ya se ha visto.

Complemento' de esos Refranes, hay en otro códice que también perteneció a Velasco, un cuaderno en folio mayor conteniendo unos Proverbios o adagios que llenan 27 capítulos a dos columnas por or- den de materias. La letra no es suya, sino de alguno de sus amanuen- ses, que los puso en limpio como si estuvieran destinados para la imprenta. Antes de esos Proverbios, y a continuación de ellos, exis- ten varios papeles auténticos, ya del mismo Velasco, ya de amigos suyos, como el cosmógrafo Juan Bautista Jesio, dándole noticia de algunas Relaciones de Indias, enviadas del Perú, de un mapa ilumi- nado por Sebastián Gabotto, que se había encontrado entre los libros del difunto Juan de Ovando, Presidente del Consejo de Indias, etc.

Tales Proverbios van mezclados con muchos refranes, apoyándo- se mutuamente, de manera que a veces no se acierta a distinguir cuál es el refrán nacido de la entraña del lenguaje vulgar, y cuál la sentencia o proverbio que ha brotado de la mente del sabio, aunque para el autor del Diálogo, refranes y proverbios venían a ser casi una misma cosa (1).

(1) Cf. «Prouerbios o sentencias breues spirituales y morales». Códc. info-

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 93

Véase una pequeña muestra:

«Con el mando se suelen empeorar las personas.»

-Cuando tomes el mando, olvida las injurias; porque no te dieron el poder para que te vengues.»

«El reino sin justicia pronto se asuela.t

«jAy del Reino donde destierran a los pacíficos y amparan a los revoltosos!...»

«Jamás hubo Príncipe bueno teniendo consejero malo, ni Príncipe malo teniendo consejero bueno.»

«El demonio, a quien le sirve, da jarrete por pulpa, con- trapeso por peso, y burlas por veras.»

«Dios quiere que hagamos lo que debemos, y el demonio todo lo que queremos...»

Cómo fué formando Velasco esos Proverbios se colige de varios de sus apuntes sobre lecturas que iba haciendo del Eclesiastés, de San Agustín, San Bernardo, Kempis y otros sabios. Juntamente con los Refranes deberían publicarse los Proverbios en la primera edi- ción crítica que se hiciera del Diálogo de las lenguas, por la íntima relación que tienen.

López de Velasco parecía abrigar también el propósito de hacer una edición corregida y aumentada del Cancionero General. Sabido es que en el Diálogo cita con frecuencia el Cancionero; pues entre los papeles que le pertenecieron existe un cuaderno titulado «Varias lecciones del Cancionero general impresso en An veres por Martín Nució año de 1557, en 8.°, cotejado con la impresión de Cromberger en Sevilla año de 1540 en folio» (1). Es un análisis minucioso en que se notan las variantes de ambas ediciones y las poesías que deberían añadirse, entre éstas algunas de D. Antonio de Velasco, tan citado en el Diálogo. Hacia el final del cuaderno se reseña undi Justa literaria habida en Sevilla, en la que tomaron parte Polo de Grimaldo, Juan de Silva de Guzmán, Bartolomé de Torres Naharro, etc., etc. Y a la vuelta otras Varias Lecciones sobre Jorge Manrique en su célebre canción: Recuerde el alma dormida.

lio, L-M2, fol. 208-218. Se halla entre los papeles que López de Velasco titu- ló de curiosidad.

(1) Cf. Bib. Esc. L-I-15; fol. 204-218. La letra es de Vázquez del Mármol, enviado tai vez a Velasco, entre cuyos papeles se halla.

94 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

Si cada una de estas circunstancias da a entender el verdadero origen y paternidad del Diálogo, todas juntas muestran a las claras que el autor no pudo ser otro que Juan López de Velasen, varón eminentísimo por cualquier aspecto que se le considere.

Expongamos otras pruebas para terminar esta cuestión.

Etimologías arábigas.— E\ Diálogo (pág. 35) pone muchas pala- bras que según él tienen sus raíces en el árabe. «Sabed— dice— que cuasi siempre son arábigos los vocablos que empiezan en al, .'como almohada, alhambra, almohaza, alhareme; y las que comienzan en az, como azagüán, azahar, azagaya; y las que comienzan en co, como colcha, colgajo, cohecho; y las que comienzan en za, como zaherir, zaquizamí, zafio; y las que comienzan en ha, como haja, haragán^ harón; y las que comienzan en cha, chi, chj, cha, como chapín, chi- nela, choza, chueca, etc., etc.

Va el curioso lector a consultar algunos códices donde se con- tienen apuntes de López de Velasco, y se encuentra con que esos mismos vocablos y muchos otros están explicados en el códi- ce K-III-8, a continuación del Diálogo de las lenguas, y en el códi- ce L-I-13, donde ya se ha visto que se hallan también papeles de López de Velasco con explicaciones etimológicas suyas, del Brócen- se y Mármol, a quienes parece que consultaba sus dudas, y de cu- yas observaciones y advertencias a menudo Velasco se sirvió, como el Brócense había igualmente utilizado las etimologías de Ve- negas, ampliándolas. Aquellos filólogos y humanistas solían prestar- se mutuos auxilios con desprendimiento y generosidad, y para ellos el plagio literario carecía de culpa. Existía un comunismo delicioso.

Los códices del Diálogo. Son tres realmente, y no dos como se había creído^antes. En ese punto, tiene razón el Sr. Cotarelo. Porque a los dos conocidos de la Nacional y El Escorial, hay que añadir el de Londres, que no es la copia de Mayáns, sino un códice también del último tercio del siglo XVI, con el mismo aire de familia de los dos anteriormente mencionados. Para afirmarlo así, además del tes- timonio de Gayangos, tengo a la vista algunas fotocopias que lo evidencian. La letra de ese manuscrito de Londres, en algunos plie- gos, es hermana gemela de la de otros pliegos del Códice escuria-

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 95

lense. Y ambas parecea de Vázquez del Mármol, gran pendolista y amigo de Velasco. El de Londres es mayor de caja que el de El Es- corial, más esmerado y perfecto en cuanto a caligrafía. Empieza.con la cruz característica de todos los papeles de Velasco, y luego este título en plural: Diálogo de las lenguas (1).

Afirmé en mi primer estudio sobre este asunto que el manus- crito de la Biblioteca Nacional era como el borrador autógrafo de López de Velasco. Hoy puedo asegurarlo con mayor certeza. Basta confrontarlo con el manuscrito antes inscrito del Archivo Históri- co (2), en que Velasco se dirige al Rey pidiéndole permiso para re- tener algunos libros que había comprado para El Escorial. El carác- ter de esa letra coincide exactamente con los varios manuscritos de Velasco, que también existen en esta Biblioteca, principalmente con los del códice L-I-12. Y es curioso observar que la marca de papel de tales manuscritos coincide con la marca del papel del códice del Museo Británico, y la letra de éste con la clase de letra que tanto abunda entre los papeles que a Velasco pertenecieron. Por lo cual puede repetirse aquí la sentencia escolástica: <quae suni eadem uní tertio, sunt eadem ínter se. >

Téngase también en cuenta que el carácter de letra de López de Velasco varía no poco, según se ve por sus numerosas firmas autó- grafas existentes en El Escorial, Simancas, Biblioteca Nacional, Ar- chivo Histórico, Archivo de Indias, de Protocolos, etc., etc. Unas veces hacía la letra redondilla, otras algo ligada. Era un gran pen- dolista, y solía poner en práctica lo que decía en su Ortografía y pronunciación castellana, de que debe acomodarse la letra al tamaño

(1) Cf., Mus. Brit. Add. ms. 9.939, fol. 40. Cod. en 4-^ m. de 210 -f 145 mm. y 30 líneas de caja.— Según referencias de Mr. Gilson, jefe de la sección de Ms., la marca del papel es un corazón, dentro del cual hay una cruz y abajo estas dos letras: B. F. Pero no en todos los pliegos existe la misma marca. Lo propio exactamente acontece con la marca del papel en que se halla escrito el manuscrito escurialense, donde se ve también la cruz dentro de un corazón, y abajo las iniciales B-F. Es marca legítima española. Cf . Briquet. Les Filigra- /2¿5, n.»» 5.682. -Las mismas marcas aparecen en otros códices ya señalados como de López de Velasco, especialmente en el cuaderno de Proverbios, y en casi todo el códice L-I-12, donde se tratan las cuestiones de la Hacienda espa- ñola y el valor de las monedas de Ñapóles, relacionadas con las de España.

(2) Cf. Arch. Hist. Núm. 4.426 (int. 51).

% SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁX.OGO DE LAS LENGUAS»

de! papel. Así se nota que escribiendo en folio hacía la letra grande; mediana, en cuarto, y pequeña en octavo. Sus firmas y rúbricas va- rían igualmente. En algunas se ven el nombre y ambos apellidos, en otras el anagrama del nombre y primer apellido con la continuación del Velasco, y en pocas, las iniciales /. L. V.

Lo mismo hacía con las reglas de ortografía que había dado para los demás, y que él no siempre tenía en cuenta al escribir; pues en algunos de sus muchos autógrafos que llevan su firma, y hasta en una misma plana, escribe agora^ ahora y haora. Estos defectos y otros ya se los reprobó uno de sus amigables censores, a quien Ve- lasco parece que había enviado manuscrito el libro de Ortografía y pronunciación castellana (1). Pero, en medio de esa disconformidad, cualquier perito calígrafo hallará un fondo común inconfundible si examina los rasgos característicos de muchas letras mayúsculas, como las AA, las DD, las PP, las TT, etc., y las minúsculas^, /, r, /, z, y, etc., etc.

Juzgarle, pues, por un solo autógrafo, o por una sola fotocopia, como ha hecho el Sr. Cotarelo, es exponerse a manifiesto error. Si el docto académico desea noblemente persuadirse de la tesis que sustento, tómese el trabajo de examinar las fuentes indicadas. Si no quiere tener esa molestia, dígnese hacer un viajecito por El Escorial, donde con gusto le exhibiré todos los elementos de información apetecibles y satisfactorios para cualquier investigador y crítico des- apasionado. Pero si sus ocupaciones académicas tampoco le permi- ten tal esparcimiento erudito, yo no tengo inconveniente en enviarle algunas de las fotocopias sacadas de los Archivos para confrontación de los originales escurialenses, ya que publicarlas ahora no cabe en los actuales presupuestos económicos.

Y pasemos a examinar brevemente la famosa edición de Mayáns, punto de partida de todos los errores.

Mayáns y su edición del Diálogo,— Todos los críticos, sin excep- ción, habían creído hasta el presente que D. Gregorio Mayáns, para imprimir el Diálogo, se había servido del códice que hoy existe en la Biblioteca Nacional, sacando de él la copia mendosa que fué a

(l) Cf. Bib. Esc, L-I-IS; fol. 247.

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» Q7

parar a Londres con otros manuscritos suyos; y que, cotejada esa copia con el manuscrito de la Nacional y aun con el escurialense, pasaban de mil las variantes, resultando una edición poco digna de crédito. Con lo cual la fama de Mayáns había quedado mal parada.

El Sr. Cotarelo, queriendo volver por la honra del eximio eru- dito valenciano, asegura que éste «ni publicó ni conoció siquiera el texto de la Nacional», sino «el antiguo manuscrito de letra del siglo XVI >, existente en Londres». Y para probarlo, repite el testi- monio tan conocido de Gayangos en su Catálogo de manuscritos españoles del Museo Británico, donde dice que, habiéndolo cotejado, lo halló <en todo conforme con el impreso, con la misma falta de hoja u hojas, y sin más diferencia que la de haberse suprimido, en alguno que otro lugar, una o más palabras, siempre que se trataba del Papa o de sus Cardenales» (1).

Es lástima que el Sr. Cotarelo haya sido tan crédulo en este punto, repitiendo las palabras harto conocidas de Gayangos, sin aportar nada nuevo a la cuestión. Siempre es plausible y digno de alabanza el celo por la honra ajena, y más tratándose de un escritor como Mayáns, tan eximio y benemérito de las letras patrias. Pero, en verdad, hay celos indiscretos, cariños que matan y abrazos que ahogan.

Ya que el Sr. Cotarelo tomó tan a pechos la defensa de Mayáns, ¿por qué no lo hizo con las únicas armas que podía hacerlo, cote- jando esa primera impresión con el manuscrito de Londres? ¡Ahí Eso cuesta no pocos dispendios y trabajos, incompatibles con cierta clase de crítica fácilmente contentadiza y bonachona.

Todos sabíamos que la edición de Mayáns, cotejada con los dos códices de la Nacional y escurialense, estaba plagada de variantes en número de más de mil. Ahora el Sr. Cotarelo, por seguir a ciegas a Gayangos, ha empeorado la cuestión en contra de Mayáns, di- ciendo que éste se sirvió del manuscrito «que se halla hoy día en la Biblioteca del Museo Británico de Londres». La frase de hoy día la subraya también el Sr. Cotarelo. jY tanto que se halla! Tengo a la

(1) Cf. Cotarelo. Ob. cit., págs. 16 y Í9.— ídem Gayangos: Notas a la His- toria de la Literatura de Tiknor, t. I, pág. 333, y t. H, pág. 512.— ídem Catálo- go,., t I, pág. 101.

Q8 SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS»

vista algunas fotocopias esmeradamente hechas. Es letra, sin disputa alguna, del último tercio del siglo XVI, lo mismo que el Códice de la Nacional y el escurialense. Gayango.s, al calificar la letra defines del siglo XVI, tuvo razón, como la tiene también el Sr. Cotarelo al repetir lo mismo, sin examinarlo. Pero en lo que no tienen razón, ni Gayangos ni el Sr. Cotarelo, es en afirmar tan rotundamente que el manuscrito está en todo conforme con el impreso.

Aun prescindiendo de la ortografía, que Mayáns no respetó y que es en muchas ocasiones mejor en el manuscrito, sólo en la pri- mera hoja hay once variantes, y algunas cambian algo el sentido, y cortan o debilitan el primor de la frase. Véase la prueba:

Edic. de Mayáns.

Ms. de Londres.

Pág. 1."

«Marcio. Pues los

Fol. 1.'

(Suprime el Marcio.)

moQos...»

«pues los mogos...

ídem

«¿Cómo? No os

ídem

«M. ¿Cómo no? No os

acordáis...»

acordáis...

ídem 2."

«que os proporne- mos...

ídem

«q os proponemos...

ídem

«Confiando en vuestra discre- ción

ídem

«Confiado en...

ídem 3."

«hora sus...

ídem 1

." «haora sus...

ídem

«que la primera

ídem

«de la vprimera pro-

promesa...

mesa...

ídem

«que qualquier...»

ídem

«que qualquiera...

ídem

<y esto avemos he-

ídem

y esto hauemos hecho

chosiempreassi.

siempre, assi con

Con ello...

ello...

ídem

«la afición de nues-

ídem

«la lición de nuestro

tro amigo...

amigo... [El Códice escurialense dice «la memoria del amigo.]

ídem

«deseándola sa- ber...

ídem

«deseando saberla...

ídem

«y el Señor Co-

ídem

«y el Sr. Coriolano,

riolano, buen

como buen corte-

cortesano.

sano...

Si en una sola hoja hay tales descuidos, calcule el ilustre acadé- mico los gazapos que saltarían si nos internásemos por este bosque,

SOBRE EL VERDADERO AUTOR DEL «DIÁLOGO DE LAS LENGUAS» 99

arma al brazo. No es del caso analizar aquí si las variantes son de mayor o menor importancia, sino consignar el hecho evidente de que cotejada con cualquiera de los tres códices, la edición de Ma- yáns resulta mendosa e inadmisible a la luz de la crítica.

El manuscrito de Londres, por la limpieza que demuestra, tam- poco parece haber andado en manos de cajistas, como supone el Sr. Cotarelo (1). Luego es necesario admitir que Mayáns hizo, o mandó hacer, una copia de ese códice para su impresión. ¿Dónde se halla esa copia del siglo XVIII que se ha confundido generalmen- te con el códice del siglo XVI? Lo ignoramos. Ni ello afecta a la cuestión.

Debe advertirse que el manuscrito londinense es contemporá- neo del de la Biblioteca Nacional y de la Escurialense, como se echa de ver ante un simple cotejo caligráfico. Además, la letra de los primeros folios del códice de Londres coincide exactamente con la de El Escorial desde el folio 99 al 104. Y si el Sr. Cotarelo duda de esto, venga y véalo; advirtiendo de antemano: que el de Londres tie- ne de caja 30 líneas, y el del Escorial 25, con márgenes y caja más reducidas (2); que la ortografía del primero es más primorosa, pues tiene paréntesis, interrogantes, puntos y comas de que suele carecer el segundo. Pero éste lleva la ventaja de tener algunas correcciones y notas marginales de López de Velasco; por lo cual bien puede lla- marse autógrafo también, ya que para calificar de autógrafo un ma-

(1) Cf. Cotarelo: